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Quisiera que estas líneas sirvieran para propiciar un diálogo en torno a las llamadas actividades artísticas y culturales que se dan y generan en la ciudad. Su ausencia –la del diálogo—es la causante, por lo general, de que muchas de estas actividades se vean lamentablemente estancadas o sospechosamente complacientes.

Allá por los años 80 del siglo pasado circulaba lo que con el tiempo acabo llamándose el “fantasma de van Gogh”, el mito de que quién jamás había sido reconocido en vida, ahora ascendía a las alturas como Rock-Star de culto. La idea cobró forma y fuerza, cuando, en 1987, el empresario japonés, Yasuo Goto, adquiriera en Christie’s una tela de van Gogh pintada aproximadamente 100 años antes, los hoy famosos Girasoles (1888) (en realidad este acto tuvo muchas más consecuencias para el arte contemporáneo que las que aquí señalo). El fantasma del pintor que hoy vendía a altos precios llevó a muchos a buscar casos similares a fin de hacer fortunas. Y ¿cuál sería el mejor momento para detectar estas joyas productoras de arte? Qué mejor que cuándo están empezando, cuándo aun nadie los conoce, cuándo nadie les compra y si venden es a precios de risa. Irrumpe así, entre otras motivaciones, el llamado arte joven en la escena internacional del arte. De entonces a la fecha, descubrir, promover y apoyar a los jóvenes artistas, ha sido una de las obsesiones del arte contemporáneo.

En nuestro país a mediados de los años 60 del siglo XX, existía, como parte de la feria de Aguascalientes, el Encuentro Nacional de Estudiantes de Artes Plásticas. Coincidentemente con lo que venimos hablando, a partir de 1980 cambió a Encuentro Nacional de Arte joven, y durante una década o tal vez más, fue el concurso de mayor importancia en el país, el que dictaba las directrices que habría de seguir la producción plástica, y en el que todos querían participar; ser seleccionado, pero sobretodo, premiado ahí, era asegurarse la fama futura.

FotoPaula

Pula Cortázar Serna. Cañón de la Huasteca. 219

Como sabemos, la siguiente década, las de los 90, trajo consigo cambios significativos en todos los órdenes, el de la promoción y apoyo a las artes no fue la excepción y así tenemos al mercado como relevo de las actividades que antes eran desempeñadas por el estado. El arte joven pasó de ser síntoma, apuesta segura, inversión a futuro, a mercancía altamente valorada pero igualmente prescindible después de un tiempo.

Obviamente nuestros días son resultado de estos, y muchos otros, antecedentes, visitar el desalentador salón Artemergente de este año (Centro de las Artes, Nave 2), me lleva a pensar que ya es momento de abandonar estos adjetivos y buscar otras maneras de promover y difundir lo que se está produciendo en este momento en cuanto a artes visuales se refiere.

CarolinaVillanueva

Carolina Villanueva Lucero. Lugares habituales. 2019

Me parece que lo primero que habría que hacer es quitarnos la manía de etiquetar la producción simbólica (joven, de mujeres, de niños, de paisanos, de ancianos, de dementes, de cholos, etc.), no sólo por lo restrictivo, segregacionista y paternalista que resulta, sino porque cada día es más complicado encontrar a quién pertenecen o a quién se pueden aplicar esos adjetivos. Si no fuera por el condicionamiento al que hemos sido sometidos, el que expongo al inicio de estas líneas, ¿a quién le interesaría –más allá de los especialistas y auténticos buscadores de talento—ver lo que están produciendo los jóvenes o no tan jóvenes aprendices, los que apenas están asimilando los rudimentos de uno o varios lenguajes que después manejarán con soltura? En este afán por encontrar nuevos talentos, descubrir genios, ¿no los estaremos marcando de por vida al ser dados a conocer como artistas jóvenes? (lo de emergentes es un eufemismo).

Salvo una fotografía de Paula Cortázar, las pinturas de Itzamna Hugo Reyes Suárez y Samara Colina Borja, y uno de los videos de Carolina Villanueva Lucero (Lugares habituales, 2019), lo demás está en la línea original del concurso para estudiantes de artes plásticas, no de productores que inician una larga y empinada carrera.

Publicado por Milenio Diario
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