Tan desafortunada es la propuesta de monumento de Pedro Reyes, Tlali, la caricaturesca mujer Olmeca que substituirá a Colón en su puesto del Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, que su gobernante y principal promotora del adefesio, Claudia Sheimbaum, ha tenido que salir a calmar las aguas y aclarar que la presentada no es el trabajo final sino un simple bosquejo, una probadita de la capacidad de Reyes como escultor. Agreguemos, por otra parte, que el grupo oficial de feministas ha cuestionado la designación de Pedro Reyes, por ser hombre, blanco y mestizo y proponen que en su lugar la autora del monumento sea una mujer y, mucho mejor, si es indígena. Podríamos seguir sumando a favor y en contra argumentos, opiniones y disparates sobre este caso el cual se ha convertido en un agujero negro que devora todo lo que se le acerque, esta y no otra es su principal función, un distractor más que impida la percepción y debate de los asuntos realmente importantes para el país.

El tema tiene varios niveles de lectura, sin embargo, no debe perderse de vista que el más importante de todos es el ideológico o, más bien, el del enfrentamiento entre una concepción maniquea de la historia y otra versión, que sin ser mejor o la única verdadera, si es más objetiva y fundada en la investigación no de ahora sino de hace décadas. Cualquier de estas lecturas conduce al mismo resultado, la confrontación, el enfrentamiento entre posturas que parecen no aceptar la gama de grises.

No es esta, es verdad, la primera vez en que un gobierno decide convertirse en adalid estético y recetar monumentos sin ton ni son. Hace años (en 1989 salió la edición en inglés) Helen Escobedo presentó un extraordinario libro Monumentos mexicanos: Extraños encuentros. Un catalogo de las piezas escultóricas más absurdas, extravagantes, onerosas, y francamente feas que uno se encuentra en cualquier plaza pública del país, desde las cabezas de Juárez, hasta el monumento al camarón, de los arcos triunfales, a los obeliscos y columnas de todo tipo y tamaño. El libro lleva un texto de Néstor García Canclini, en donde habla de cómo nacionalismos y gustos estéticos, además de no llevarse son casi siempre producto del autoritarismo del tlatoani en turno.

Más recientemente, recordemos como Sebastián llenó varias capitales del país con horribles y monstruosos encargos incluido un Matzinger-Z (Guerrero Chimalli, 2014). Si bien esta es una tendencia de todos los gobiernos, de todas las épocas y de cualquier punto de nuestra geografía, lo cierto es, también, que, en ningún caso, se había visto una intención tan burda de rehacer, al gusto del cliente, la historia. 

La substitución del centenario monumento de Colón por la cabeza gigantesca de una extraterrestre, forma parte, no del reconocimiento que, sin duda, merecen los grupos indígenas lo mismo del presente que del pasado, sino de querer forzar la historia a fin de que se vea, se crea, se acepte que este gobierno de la 4T es el siguiente eslabón en esa grandiosas sucesión histórica que arranca con una fantasiosas fundación lunar de Tenochtitlán; para lograrlo hay que acabar con cualquier símbolo que no vaya de acuerdo con su versión (recordar el cambio de nombre al Árbol de la Noche Triste, la calle Puente de Alvarado, o la terca insistencia en que fueron los españoles quienes derrotaron a los mexicas cuando bien se sabe de las múltiples alianzas indígenas en contra de quienes los tenía avasallados, etc.)

Otra lectura es la presencia misma de Pedro Reyes como escultor figurativo cuando su trayectoria ha sido más bien apegado a lo contemporáneo por no decir a lo conceptual. No puedo dejar de ver en él un rapaz oportunismo, sea esta o no su propuesta. Para nosotros, para la ciudad, es de triste memoria. Durante el Fórum Universal de las Culturas (2007) ganó un certamen para la realización de una escultura pública que conmemorara el evento. Por las razones que hayan sido nunca se llevó a cabo el proyecto. Años después, durante la realización la X Bienal Femsa (2012) en el MARCO, se le invitó a participar y él decidió volver a presentar su fallido proyecto, queriendo aprovechar el foro que le brindaba la bienal para elevar de nuevo sus protestas por la cancelación de su obra, confundiendo dos eventos que en realidad nada tenían ver y que sólo a un oportunista se le hubiera ocurrido aprovechar.

Finalmente está la mentira como explicación o justificación de los actos públicos que lleva a cabo el gobierno, en este caso el de la Ciudad de México. ¿No se dijo que el retirar el conjunto escultórico de Colón de Paseo de la Reforma, era para restaurarlo?

Publicado por Milenio Diario

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Imagen: redil.com