Hace poco dije en público que tengo la impresión de que día a día estamos más lejos del concepto del fotógrafo tradicional y por ende de la supuesta esencia de la fotografía, de su concepción original. He dicho, por otra parte, que la fotografía no es más que el eslabón que la Modernidad agregó a las tareas de representación, como lo fue en su momento la pintura, y hoy lo son las imágenes digitales. Creo que si queremos saber por qué y cómo se está gestando este cambio entre la fotografía que duró más de 180 años y lo que hoy se produce debemos fijarnos más bien en qué es lo que representan unas y otras, o, más específicamente, en las diferencias que existen entre lo que hoy día representamos a través de imágenes (sin importar la técnica que empleemos), y lo que se producía hace, digamos, medio siglo.

            Desde hace mucho el ICP (International Center of Photography) ha sido para mí, por muchas razones que no vienen al caso, algo así como la Meca de la fotografía, motivo que me lleva a ver sus exhibiciones casi como si fueran el paradigma de la fotografía lo mismo la actual que la del pasado. Pues bien, ahora presenta una gran muestra denominada But Still Turns, que podríamos traducir como Pero aun así regresa (o Sin embargo vuelve), curada por el fotógrafo Paul Graham con la participación de 8 productores contemporáneos (Gregory Halpern; Carran Hatleberg; Vanessa Winship; Richard Choy; RaMell Ross; Stanley Wolukau-Wanambwa; Giogrio Casotti y Emanuele Brutti; y Kristine Potter). 

            Como se puede sospechar el título está tomado de la famosa frase de Galileo Galilei cuando fue forzado a abjurar de la circunvalación de la tierra en torno al sol; y es que para Graham los trabajos que reúne en esta exhibición, que son postdocumentales, representan esa visión nueva del artista en donde todo importa, todo entra en juego, está en constante movimiento, y aunque a veces sea confusa, siempre es genuina en su manera de ver el mundo; a través de estas fotografías, –siguiendo el discurso del curador– es posible apreciar como la concepción del tiempo desaparece y en su lugar tenemos una nueva visión acerca de cómo encajan unas cosas –temas—con otras formando patrones inesperados que nos llevan a considerar que la vida no es una historia que simplemente flota hacia su final, sino que puede volverse una espiral, torcerse, brincar, aparecer y desaparecer de nuestra consciencia.

            Son estas ideas y lo que de ellas se materializa en estas imágenes, lo que me lleva a pensar que son los cambios en los contenidos, en lo que cada imagen representa, lo que hace que vayan evolucionando las ideas tradicionales que tenemos no solo sobre la fotografía y los fotógrafos sino del arte mismo. De manera muy sintética y provisional podría decir que mientras la fotografía moderna, y una parte de la contemporánea, trató –trata—de representar una imagen homogénea –aunque poliédrica– del mundo, tal y como se aparecía –aparece–a los sentidos y a la conciencia, siguiendo un canon predeterminado (que las convertía –convierte– en imágenes fotográficas) –así fuera para negarlo criticarlo o desecharlo—estas nuevas imágenes, que de la fotografía solo toman la técnica (resultado de años de criticar y vapulear al canon) se lanzan a presentar no una visión, sino una plétora de imágenes que se empeñan en demostrar la inexistencia de un mundo homogéneo, lineal, predecible. Y aunque hay clara diferencias entre unas y otras, en ningún momento se plantea una ruptura total y definitiva con el pasado, sino que se mantienen en un mismo plano, respetando espacios.

Giorgio Cssotti y Emanuele Brutti

            Agrego a lo anterior, que, si las imágenes representaban los grandes temas, las historias que nos hacía concebir un mundo homogéneo, lo era porque tenían un autor y este autor se esforzaba (consciente o inconscientemente) por tener un lenguaje que lo identificara (de hecho ¿nos las llamábamos “fotografías de autor” para separarlas del resto de imágenes fotográficas?), las nuevas imágenes no lo tienen, se esfuerzan, igualmente, en carecer de él y dejar que sea el espectador el que concluya la obra al darle su propio significado. Este pase de la responsabilidad última sobre el contenido de las imágenes, de un autor reconocido que tiene algo qué decir sobre esto o aquello, a la multiplicación de voces sobre qué es lo que veo, marca un importante cambio sobre qué es lo que esperamos o podemos esperar de las nuevas imágenes que a pesar de todo se mueven y siguen siendo arte.

            Desgraciadamente no se pueden presentar aquí imágenes que ejemplifiquen lo que se ha dicho, pero como apunté al principio, cada día nos será más evidente que ya todo ha cambiado.

Publicado por Mileio Diario

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