Fuera de las exposiciones en la Fototeca de Nuevo León –que son su obligación- cualquier otra en galería oficial o privada, centro cultural, alternativo o emergente, en casas de la cultura municipales o estatales, me mueve a esperar, o mejor aún, a desear, contemos, por fin, con un espacio dedicado exclusivamente a la fotografía. 

¿Por qué insisto en esto?

Por que creo que al tener más o además de una referencia constante, la Fototeca, el público se iría acostumbrado a ver este tipo de exposiciones, fomentándose la creación de un público especializado y eventualmente, un mercado y coleccionismo, a la par de una cultura fotográfica que vitalizaría todo el proceso, asegurándole a la fotografía una vida más o menos permanente como la tiene la pintura o las artes gráficas, por ejemplo.

            El pasado 11 de este mes, se inauguró la exposición Transeúnte, impresiones de la calle, en la Galería Regia, dependiente del Municipio de Monterrey. Participan en ella 10 fotógrafos con tres obras cada uno con idéntico formato (veintitantos por treinta tantos cms.), lo mismo en blanco y negro que en color (si no me equivoco sólo hay tres fotógrafos que participan con trabajos a color; igual si no me equivoco esta es la segunda o tercera ocasión en que se presenta una exposición de fotografía bajo el mismo concepto e incluso título.)

            Probablemente la llamada fotografía callejera o de calle, sea el género más practicado en la actualidad. Todos, merced los teléfonos inteligentes, hemos tirado una o varias fotografías en la calle. La fotografía de calle nos ofrece un escenario interminable de motivos, personajes y circunstancias, de luces, movimientos, tragedias, injusticias, juegos y esperanzas, es la plataforma política por excelencia, y por las noches parece transformarse en otra muy distinta lo mismo que quienes la habitan al ponerse el sol y encenderse el alumbrado público.

            Todos los grandes fotógrafos han hecho este tipo de fotografía, de Cartier-Bresson a Martin Parr, de Elliot Erwitt a Joel Meyerowits, o de Stephen Shore a Daido Moriyama, de Rodrigo Moya a Aristeo Jiménez, y sin embargo si nos acercamos con más cuidado a sus trabajos, nos toparemos con grandes diferencias entre ellos y es que este tipo de fotografía deriva rápida y fácilmente en otros géneros, igualmente importantes y valiosos, pero que dejan de formar parte de este otro. La fotografía de prensa, la documental, el foto-reportaje e incluso la fotografía de turismo, la cándida, la accidental y hasta la experimental son parte de ese otro contingente de géneros que conviven muy de cerca con la fotografía de calle. 

            Lo anterior, lejos de restarle valor a este tipo de fotografía, convierte al género en algo más rico pero que debe ser razonado, estudiado, planeado, de forma que no se confunda con ningún otro o sean producto más de la casualidad y la dinámica misma de la ciudad que de una intencionalidad o búsqueda del fotógrafo.

            La Galería Regia, con sus espacios individuales que permiten tener tres o cuatro exposiciones individuales simultáneamente, una sola que ocupe todas sus salas, o cualquier combinación entre ellas, me parece ha sido habilitada dignamente, además de ser un espacio privilegiado en el centro mismo de la ciudad, en su Barrio Antiguo. Quizás para la exposición que motiva estas líneas yo hubiera preferido otro tipo de museografía o mejor dicho de guion museográfico, pero ese es otro tema.

            De los expositores es poco lo que se puede decir, con sólo tres trabajos es complicado saber, leer, exactamente qué es lo que buscan con sus fotografías. Por otra parte, desgraciadamente si nos atuviéramos a estos trabajos, la evaluación resultaría negativa ya que, en ningún caso, se ve que haya un cuidado especial o preocupación por la impresión de los trabajos y si bien supongo la impresión corrió a cargo del Municipio, o sea que no hubo recursos para invertir en este rubro, no es justificación para presentar un mal trabajo. 

            Agrego que lo mismo se puede decir desde el punto de vista de los contenidos, no es lo mismo cargar una cámara y deambular por la ciudad a ver qué me encuentro a ir por un tema específico, trabajarlo, decantarlo, estudiarlo, involucrarte con él, etc. Y esto se hace más evidente cuando leemos las líneas con las que se les pidió se presentaran, en ese sentido sólo encuentro congruencia entre lo dicho y lo hecho en Tere G.

            Más allá de esto último y de las discusiones que puedan generarse en torno a la exposición, que, entre otras cosas para eso son, sigo deseando que este espacio, por lo menos una de sus salas, se dedique permanentemente a la fotografía.

Publicado en Milenio Diario

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