Hace unas semanas hablé de la llamada Plaza Cultural, nuevo espacio público que se encuentra ubicado entre el palacio de gobierno y lo que fue el palacio federal, hoy Lab, N.L., dependiente del CONARTE. En aquella ocasión por el enfoque múltiple que di a mi comentario tuve que dejar fuera un par de temas que ahora quisiera tratar. Recuerdo, para quienes no leyeron mi comentario anterior, que este trató, fundamentalmente, del uso inaugural que se le dio a la plaza, la presentación de una muestra fotográfica sobre los migrantes en nuestro estado.

            A fines de año pasado y a principios de este, cuando la pandemia no era una realidad aún un grupo de conocidos comentamos sobre la necesidad de promover la fotografía o darle una mayor promoción de la que actualmente tiene, los beneficios creíamos –creemos—son varios, desde el reforzamiento de un bisoño mercado, hasta la formalización de colecciones públicas y privadas, sin mencionar las ventajas que pudiera tener para el o los públicos que podrían irse formando. En ese momento, entre las diversas opciones que se plantearon, además de una mayor presencia en las redes sociales, surgió la idea de llevar la o las fotografías a la calle, visibilizarlas a un nivel más allá de la galería, museo o centro cultural, a la manera, por ejemplo, de lo que sucede en las rejas de Chapultepec en la Ciudad de México, en el Paseo de la Reforma o en el exterior del Centro de la imagen ambos, como se sabe, también en la Ciudad de México. A raíz de esas conversaciones, se formó un grupo aún menor encabezado por el fotógrafo y promotor Arturo Moctezuma que intentó encontrar una fórmula que nos permitiera llevar a la práctica estas intenciones. Fue a Roberto Ortiz Giacomán a quien se le ocurrió que este nuevo espacio, la Plaza Cultural, que en ese entonces se encontraba en construcción y se desconocía su futura vocación, podría ser una especie de corredor de la fotografía, es decir que este espacio se dedicará a la exhibición permanente de fotografías, sin interferir, por supuesto, con otras actividades que ahí pudieran llevarse acabo.

            Por desgracias, como otros tantos proyectos, este se vio frustrado por razones diversas, entre ellas, la más importante quizás, el no haber encontrado el momento indicado para presentarlo a las autoridades del CONARTE. De ahí que no dejará de sorprenderme (no sé si a los demás involucrados en el tema, les causó la misma impresión) que el primer uso que se le diera a este espacio haya sido una exposición de fotografía, lo cual, en lo personal, me complace y anima a seguir insistiendo en el tema.

            Al respecto, existe un excelente ejemplo que desde hace tiempo sigo, se trata de Photoville, una serie de acciones, sin fines de lucro, que tuvieron su origen en Brooklyn, N.Y. en el 2011, enfocadas a la promoción de una mayor comprensión y mayor acceso a la fotografía. La mayor parte de estas acciones son exhibiciones en espacios públicos (principiaron con exposiciones en el parque Brooklyn Bridge Plaza), ya sea en bardas, auditorios comunitarios o escolares, o bien por medio de contenedores de ferrocarril (lo que se ha vuelto su sello distintivo o marca registrada) lo que facilita moverlas a distintos lugares. Hoy día Photoville, se ha convertido en una organización de alcance no solo nacional, que presta servicios que van desde los educativos hasta curadurías de exposiciones y cuenta con un festival internacional que cada día cobra mayor importancia, amen de las exposiciones públicas que promueve por todo el país a lo largo del año.

            No quisiera se malentendiera lo que aquí trato y propongo, de ninguna manera esperaría que esta plaza se convirtiera en el Photoville regiomontano, he citado esta organización para ejemplificar que sí se pueden llevar a cabo proyectos como el que aquí he esbozado, que existen espectadores y usuarios diversos para el arte público y más cuando de fotografía hablamos, el medio al que estamos más expuestos en nuestra vida cotidiana.

Convertir o emplear esta plaza como un corredor de la fotografía podría ayudar, entre otras cosas, a dar aconocer las acciones que lleva a cabo la Fototeca de Nuevo León, sus exposiciones, premios y acervos, es decir, como una extensión de lo que realiza en el Parque Fundidora y que muchas veces se pierde porque los posibles espectadores no llegar hasta allá. 

Pero además sería la gran oportunidad de hacer uso del aspecto social de la fotografía, exposiciones a gran escala como la de los migrantes, pero también, como lo dije en su momento, de los desaparecidos; los proyectos de Alejandro Cartagena, los Güeros de Allende de Perla Tamez, etc. Otra manera de promover, ver y entender la fotografía.

Publicada por Milenio Diario

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