Jorge Cuevas, 2015

Si es posible creer que el mundo ya no volverá a ser como antes, la siguiente reflexión de José Alejando Morales, curador de las galerías del CRGS de la UDEM, nos obliga a pensar que será necesario hacer mucho más que simplemente confiar en que las nuevas respuestas se encuentran en el mundo de lo virtual.

-Desde antes de la crisis provocada por el Covid-19, las galerías comerciales y en general el comercio del arte habían entrado en una fase de profundas transformaciones. Una vez pasada la pandemia se dice que difícilmente los organismos y procedimientos habituales en el comercio del arte e incluso en su simple promoción cambiarán más aún. ¿En qué sentido crees que esta crisis afectará al sistema de las artes en general?, ¿Crees que cambiará radicalmente la forma en que se promociona, vende y compra el arte?

“No puedo hablar de la venta y compra de arte, ya que mi trabajo se ha desenvuelto en espacios sin fines de lucro e iniciativas independientes no comerciales. Sin embargo, creo que hablar de un cambio radical no les haría justicia a las distintas iniciativas que tanto instituciones culturales públicas, privadas e independientes, han venido desarrollando en el campo de lo virtual desde mucho antes. Varios ejemplos los podemos encontrar en proyectos como la bienal digital The Wrong y sus online pavilions; convocatorias como #ZEROWALLS sobre contenidos GIF; proyectos artísticos como 9-eyes de Jon Rafman, que explora el mundo a través de Google Maps; juegos de video como Jeff Koons, Must Die!!! de Hunter Jonakin; así como iniciativas recientes como la exposición elocuentemente alojada en wellnow.wtf, o la invitación a recrear en casa obras de las colecciones del Rijksmuseum, Louvre o Getty, sin mencionar blogs, takeovers, recorridos, podcasts, livestreams, etc.

“Sin duda, todas estas manifestaciones están enfocadas a promocionarse ante un público con diferentes finalidades. Pero adentrarnos en el campo de la web, también significa participar de sus reglas, clasificaciones y definiciones siempre cambiantes.  La experiencia del usuario, a diferencia de un público general, que visita un museo tiene una amplia gama de roles con posibilidad de ser activo como crítico, trol, moderador, creador de contenidos, compilador, etc., que de manera individual o grupal y con expresiones diversas que van desde un convencional texto en .docx hasta un comment, (dis)like, sticker,retweet, #hashtag, meme o challenge, han demostrado ser herramientas participativas más democráticas sobre cómo experimentamos el arte.

“Es importante pensar que más allá de los cambios en la venta, compra y promoción del arte, esta crisis reconfigura – a partir del uso de diferentes plataformas- a un usuario con mayor participación, uno que con mayor libertad puede cuestionar el papel que tenemos en estos ecosistemas, junto a sus diversos retos, implicaciones e impactos más allá del mundo del arte.

“Como ejemplo, el curador Hans Ulrich Obrist, dio a conocer que reducirá sus viajes alrededor del mundo, sus envíos de correos electrónicos y la implementación de una curaduría sostenible. Otro caso es el de la feria Frieze NY, que se vio obligada a trasladarse completamente a un formato online, siendo así más transparente en sus precios, con entrada gratuita y reduciendo completamente los viajes tanto de los artistas, coleccionistas y curadores, así como de la obra en sí. Estos, sin duda, son pasos significativos. Sin embargo, en el mundo digital, se debe tomar en cuenta que también cada click que realizamos, tienen un impacto en el mundo físico (un e-mail puede tener una huella de carbono de 50 g de CO2e).

“Parece que poco a poco sentimos más las implicaciones reales que tiene nuestro comportamiento. La pantalla no podrá ser nuestro refugio permanente ante una pandemia que eventualmente terminará, nuestra nueva normalidad nos obligará a revisar qué estamos haciendo desde las trincheras más allá de trasladarnos a una pantalla.”

 

Publicado en Milenio diario
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