Cuba I

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Hasta la victoria siempre

Por una u otra razón esta es la tercera vez que regreso a Cuba. La primera de ellas fue a inicios de los años ’80, la segunda, al cabo de diez años, en el ’91, y ahora veintitantos años después. Como para muchos, esa primera visita fue impactante pues desde la ausencia de anuncios comerciales en los espacios públicos, la antigüedad de los pocos autos que circulaban por las calles y el más que evidente sentimiento anti-norteamericano, hacían de la visita una auténtica experiencia fuera de este mundo, es decir, del llamado capitalista.

La segunda vez que pisé suelo cubano acababa de iniciar el Periodo de Excepción, cuando se abandonó a la isla a su suerte y recursos ante la disolución de la antigua Unión Soviética. En eso, más que los imperialistas yanquis que seguían, y siguen, ahorcando al país con el embargo comercial, fueron los rusos, alemanes del este, yugoeslavos y demás integrantes del bloque socialista, quienes se convirtieron en el blanco de críticas y del odio de los isleños que en ese entonces sí que la pasaron mal. Los ya de por si pocos autos se hicieron menos por falta de las más elementales refacciones, las filas para comprar comida se volvieron interminables, casas y edificios que ya de por sí reclamaban mantenimiento y restauración no sólo acabaron de deteriorarse, sino que daban a las calles de la Habana un aspecto más que desolador, de triste abandono. Pero quizás lo peor de ese momento fue el incremento de quienes se jugaban la vida por dejar la isla, el encuentro, a pleno sol y en medio de la calle, de la más flagrante prostitución (femenina, masculina e infantil), de la venta de drogas ilegales y/o fármacos prodigiosos que garantizaban desde la cura del cáncer hasta una potencia viril jamás imaginada antes del Viagra, y, por supuesto, el tristemente célebre mercado negro de divisas, acompañado por el de los habanos y el ron. Y a pesar de todo, el pueblo cubano siempre fue amable, amistoso, solidario y jamás perdió ni un ápice de su orgullo y dignidad.

 

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Así pues hoy regreso a Cuba una vez más. Me propuse ir antes de que la inversión extranjera y sobretodo la norteamericana regrese y vuelva a echar raíces en un tierra cercana, en más de un sentido, al paraíso. El domingo pasado, como se sabe, se conmemoró un aniversario más de la Revolución. Días antes, el enorme edificio que representa los intereses de los Estados Unidos en Cuba, dejaba de serlo para convertirse en embajada, lo mismo que ocurrió en Washington, D. C. A fines de agosto se espera que sea el vicepresidente de los Estados Unidos, John Kerry, quien visite la Habana e ize la bandera de su país en este mismo lugar como acto simbólico con el cual se restablezcan oficialmente las relaciones suspendidas hace más de cincuenta años.

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Sin duda Cuba vive ahora tiempos de cambio, no sólo por lo narrado sino incluso por la visita, en septiembre próximo, del Papa Francisco, confirmándose así la apertura que en todo sentido, empieza a vivir la isla. Cambios que, desde mi perspectiva son evidentes, y me parece que el principal de ellos es la circulación de capital. Desconozco si ello se debe a la posibilidad de emprender negocios privados, la entrada de más inversionistas en el campo del turismo, su incremento, o a las donaciones que instituciones u organismos como la UNESCO o el ICOM, hacen con el fin de restaurar edificios y monumentos, o a todas ellas, pero esta circulación de dinero no sólo se ve en la restauración de la Catedral, del Capitolio o el Teatro Nacional, sino en muchas casas habitación, más de las esperadas, del área conocida como el Vedado y que antaño no se diferenciaban de las de Centro Habana o el casco histórico. Los autos de los 40’s o 50’s que tanto llamaban la atención y daban ese toque de nostalgia a las calles de la Habana empiezan a ser verdaderas reliquias, curiosidades para los turistas, y van siendo remplazados por los “coco-taxis”, motonetas convertidas en servicio público, los “bici-taxi”, o por la moderna flotilla de taxis amarillos Nissan; ya no es extraño ver Audis, Volkswagen, Toyotas, Mercedes Benz o cualquier otro auto europeo o asiático circulando exactamente igual que lo hacen por nuestras calles.

Los trabajos de pavimentación, y de restauración, limpieza y pintura de una gran parte de la Habana Vieja, van permitiendo se acerquen y abran nuevos comercios, en poco las principales plazas de la Habana serán sede de firmas internacionales, exactamente como las que se pueden encontrar en Cancún o Miami, y si de por sí la vida nocturna es intensa, hay que imaginar qué será cuando pululen nights-clubs de todo género y diversos alcances.

Como en cualquier lugar, sigo pensando que lo mejor de Cuba son los cubanos, deseo que esta nueva etapa en su historia sea para bien de todos, sin embargo, me pregunto si los sobrevivientes de los 50’s o 60’s, los que creyeron en los postulados de la revolución, ante la perspectiva que se les abre ahora, ¿seguirán pensando que valió la pena tanto y tantos años de sacrificio?

 

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Un cuarto de siglo

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Hace exactamente una semana, la Pinacoteca de Nuevo León celebró sus primeros 25 años de vida, un cuarto de siglo. Para una persona este lapso suele ser definitorio, para una institución quizás no, aunque tratándose de una de carácter público, oficial, de gobierno pues, y del mal llamado interior del país, sí puede y significa muchísimo, razón por la cual resulta complicado hacer una evaluación de su trayectoria que sea enteramente justa.

En su intervención durante la ceremonia conmemorativa, Jorge García Murillo, unió la suerte, destino y función de las instituciones a la personalidad o características propias de las personas que las dirigen. Así, según esto, la trayectoria de la Pinacoteca ha dependido de quienes han sido sus tres únicos directores (sí, por extraño que parezca sólo han sido tres), José Doria, quien fungió como director desde su fundación y durante el periodo que permaneció en las instalaciones del Parque Niños Héroes en el antiguo Campo Militar (que por cierto, no coincido con García Murillo en que esas instalaciones eran inadecuadas, creo que incluso resultaban mejores que las actuales. Lastima que se desatendió al Parque lo que terminó por alejar al público  habitual y al potencial de la Pinacoteca. Un apunte más, la muestra con que abrió fue organizada por la arquitecta Rocío Garza Leonard, a partir del trabajó que realizó se ha seguido enriqueciendo el acervo y la colección de la institución).

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Al quedar prácticamente abandonado el Parque Niños Héroes y coincidiendo con la apertura del Centro de las Artes (1998), ahora en el Parque Fundidora, asistimos a la segunda etapa de la Pinacoteca y su traslado a estas nuevas instalaciones, encargándose de ella el arquitecto Eliseo Garza Salinas (qpd). Finalmente, en el 2007, al cambiar nuevamente de ubicación, ahora integrada al complejo del Centro Cultural Universitario de Colegio Civil, llegamos a la tercera y actual etapa de la institución, dirigida, desde hace nueve años, por Elvira Lozano de Todd.

Así pues y en efecto, cada uno de ellos ha dejado impresa en la historia de la Pinacoteca sus gustos e intenciones, así como su propia interpretación de lo que debe ser y cómo ha de funcionar. Aunque coincido en lo general con esta visión sintética del maestro García Murillo, según mi propia apreciación, no es sino hasta los tiempos más recientes que la institución logra ubicarse o definir correctamente su misión y vocación.

Si evaluáramos estos primeros 25 años, la naturaleza de sus resultados dependería de lo que pensemos acerca de la evolución de la actividad simbólica, artística si se prefiere, de la propia ciudad. Si hoy la Pinacoteca parece ser una institución a punto de lograr su madurez se debe a que nuestra sociedad ha avanzado en esa dirección y está lista para convertirse, de contar con todas las variables, en importante polo cultural. Más que ver tres estilos distintos –que sí los hay- veo esfuerzos por caminar en esa dirección, es decir, por empezar contando con una institución que se responsabilice por la preservación, conservación y difusión de la historia de las artes plásticas de Nuevo León.

En la misma intervención, Jorge García Murillo señaló lo que para él son los retos que ha de afrontar la Pinacoteca en el futuro próximo. De entre las diversas ideas que expuso recojo dos de las que me parecen más importantes. La primera de ellas es la que plantea la posibilidad de que la Pinacoteca cuente con su propio programa de televisión y/o de radio a fin de difundir, explicar y propiciar el diálogo en torno a sus actividades y funciones. La otra, la necesidad de tener presencia, a través de exposiciones y actividades conexas, en otros estados del país e incluso del extranjero.

Por mi parte, y sin desechar ninguna de estas u otras ideas que ahí se plantearon, insisto en que lo más importante para la Pinacoteca es lograr su completa y definitiva constitución como espacio cultural dependiente del CONARTE. La Pinacoteca no puede ser parte del Centro de las Artes, ni de los Tres Museos, Casa de la Cultura de Nuevo León, o Museo de las Culturas Populares, como tampoco de la UANL o cualquier otra institución. Cuidemos lo que hasta ahora ha logrado, que se le de lo necesario para continuar con su trabajo y operación como hasta ahora, y se le permita plantear su propio futuro. Hace 25 años tener una Pinacoteca quizás pareció a la mayoría un desacierto, hoy en día no pensar en ella, no tenerla presente, equivale a negarle a muchos ver, aprender y reconocer parte de su propia historia.

 

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Algo de fotografía y ética

muerte-de-un-milicianoRobert Capa. La muerte de un miliciano. 1936

La semana próximo pasada comenté la exhibición del fotógrafo Pedro Valtierra que se presenta actualmente en la Fototeca de Nuevo León en el Parque Fundidora. Para quienes no lo recuerden o lo sepan, apunto rápidamente que Valtierra es uno de los fotógrafos de prensa más representativo de nuestro país. Con más de 40 años de trayectoria se le reconoce, entre otras, por sus imágenes de los sandinistas, del terremoto de la ciudad de México, o del alzamiento en Chiapas del EZNL, además de ser fundador de la revista especializada Cuartoscuro.

Si toda fotografía plantea un dilema ético, la de prensa en particular se muestra especialmente sensible al tema, de ahí que haya decidido regresar a presentar algunas otras ideas que surgen de considerar la función y fin de este subgénero. Buena parte de la discusión que se da en torno al tema parte de la falsa creencia en la objetividad de la fotografía. Si la cámara es un instrumento que registra objetivamente la realidad, es decir, la recoge tal como se le presenta al fotógrafo, la imagen así obtenida poseerá las mismas cualidades que su referente, empezando o imponiéndose su atribuida objetividad, razón por la cual se estima es ideal para informar. De ser cierto, cualquier alteración en ella, en la fotografía, se entenderá como una desviación de la escena original, lo que en términos de prensa se leería como una imagen en la cual la información que debiera comunicar –lo objetivo de la escena- ha sido manipulada y por tanto de nula objetividad y/o valor. Es decir, cualquier modificación en la imagen, se lee como un atentado a su objetividad; al carecer de ella, desaparece el valor que pueda tener para el periodismo pues en lugar de informar sobre la escena original, objetiva, nos da una de sus versiones, es decir, una imagen subjetiva. Alterar una imagen de prensa se considera poco ético por modificar la realidad, haciendo creer al público que está siendo informado de una escena, de un suceso, o acontecimiento tal y como sucedió realmente, cuando en verdad no es así.

Tomemos por ejemplo la que quizás sea la más famosa fotografía de prensa, la Muerte de un miliciano (1936) de Robert Capa, obtenida, como se sabe, durante la guerra civil española. La polémica en torno a ella se debe, en esencia, a la fuerte sospecha de que se trata de una imagen manipulada, es decir que lo que vemos en ella no es verdad, no es objetivo, sino más bien el resultado de una manipulación debida a los intereses de su autor. Nótese que en ningún momento se cuestiona su dramatismo y crudeza, su composición y punto de vista, su capacidad simbólica (probablemente, ésta y el Guernica sean dos de las imágenes más potentes contra la guerra), o incluso la intención política de Capa. El cuestionamiento recae en su falta de ética, en haber hecho pasar una imagen que no es objetiva porque no informa lo que estaba sucediendo en ese momento, en el lugar de la realidad tal cual.

Realidad, veracidad, objetividad, son conceptos que podríamos seguir discutiendo interminablemente, pero, como dicen los abogados, suponiendo sin conceder que la fotografía de prensa contenga todos estos atributos, es fácil entender el porque de la importancia que se le atribuye (nuestro conocimiento de lo que sucede en nuestro entorno depende de ellas), así como la insistencia en la formación ética de sus practicantes.

Ahora bien, ¿qué sucede en el momento actual? Quiero decir en un contexto sociocultural en el cual la imagen lo es casi todo y lo es, precisamente, porque ha sido sabiamente manipulada para lograr los más diversos fines. Casi todos estamos de acuerdo en lo poco fiable que son las imágenes políticas, las publicitarias o la mayoría de las que circulan por las redes sociales. A ninguno de nosotros sorprende saber que el busto de esta o aquella chica ha sido alterado, que este o aquel político fue maquillado digitalmente para esconder las huellas de la última noche, o que este alimento se ve más apetitoso de lo que es en realidad. Por el contrario, es motivo de agrias discusiones y hasta de despidos el saber que una imagen de prensa ha sido alterada o recompuesta por medios electrónicos.

La posibilidad de re-crear cualquier imagen, de que su autor no sea un fotoreportero, que los códigos de ética que ayer funcionaron hoy día vayan perdido vigencia, cuestionan no sólo al fototeriodismo, sino al periodismo en sí y su función en una sociedad como la nuestra. Quizás sea por todos estos cambios que una exposición como la de Valtierra, se antoje de otro tiempo.

 

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Lección de fotoperiodismo

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Julio 2, se abre al público la muestra intitulada Pedro Valtierra, mirada y testimonio, en la Fototeca de Nuevo León. Está formada por más de 150 imágenes y vídeos que se distribuyen en cinco grandes apartados: Proyectos personales; Trayectoria; Nicaragua; Iconos; y Cuartobscuro; todo lo cual sirve para conmemorar 40 años de trabajo de este ejemplar fotógrafo zacatecano.

Dividiré en dos apartados las líneas que siguen, el primero de ellos aborda al Valtierra fotoperiodista, el segundo, las imágenes en sí mismas.

Por razones en las que no podemos detenernos aquí, en México, una vez iniciada la Revolución del 10, ser fotógrafo era el lo mismo que decir fotoreportero, tendencia que se verá reforzada a partir de la segunda mitad del siglo XX coincidiendo, digamos, con el triunfo de la Revolución Cubana. A la fama y buen nombre de los fotógrafos de la postrevolución mexicana, les siguen un montón de otros fotógrafos, unos mejor que otros como era de esperarse, pero fotoreporteros, fotoreporteros, la herencia recae únicamente, me parece, en gente como Rodrigo Moya, Eniac Martínez, Francisco Mata, y, por supuesto, Pedro Valtierra. Insisto en lo del fotoreportero, porque no se trata de fotógrafos documentales o callejeros, sino de productores cuyo trabajo consiste, van en busca, de imágenes que lleven información en sí mismas sobre algún suceso contemporáneo, que este sucediendo en ese momento, siendo esto último su verdadero fin, informar sobre lo que sucede.

Es en este y sólo en este ámbito en el que se debe juzgar la trayectoria de Valtierra, el ser fundador y co-rresponsable del departamento de fotografía, primero del periódico Uno más uno y, después, de La Jornada y Proceso, son muestra patente de quien cree en que las imágenes juegan un papel fundamental en la información periodística. Más adelante, ya en los 80 (1986) cuando funda Cuartoscuro, es la confirmación de una vocación, la reflexión sobre ella, su promoción y difusión. Y hablo únicamente de la revista, no de la agencia que también es ejemplo de una forma de trabajo para quienes se dedican a estos menesteres.

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La ideología implícita en una forma de entender y ejercer un oficio explica la trayectoria que ha seguido Valtierra: de la tragedia de los inmigrantes centroamericanos a la del terremoto de la Ciudad de México, de las injusticias cometidas contra los grupos indígenas del país a la ejercida contra los mineros de Real del Monte, de las luchas revolucionarias de los sandinistas a las del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, de la devastación en Haití a los saqueos norafricanos, en todos estos acontecimientos y muchos más ha estado presente Valtierra con sus compañeros de oficio y han dejado testimonio tanto de la fiereza del ser humano como de su solidaridad, cualidades que son parte fundamental de la información que contienen las imágenes del zacatecano.

Además de que había mucha gente visitándola, la exhibición me gustó porque tiene el sabor de la vieja escuela, abigarramiento de material, dispersión de formatos y de impresiones, cédulas generales, periódicos y revistas, un orden, una secuencia, un discurso, lo más horizontal posible, para que no se imponga una lectura, una preferencia, y sean las imágenes por sí mismas las que hablen, o mejor aún, que sea el conjunto el que se imponga y sea el responsable del juicio que se haga a lo presentado. No hay grandes y lujosas impresiones, ni trabajos intervenidos digitalmente, ni figuras retratadas por el productor, todo tiene el mismo tono, el mismo color diría, el de la humilde imagen fotográfica impresa en las páginas del periódico o de la revista. Es, en este sentido, una lección completa de en qué consiste el fotoperiodismo, qué hace un fotoperiodista, cómo es su trabajo, a qué se arriesga, cuál su suerte.

Claro que entre el material que se presenta hay algunas imágenes que se imponen, El balazo (1979), el Hotel Regis (1985), Mujeres de Altamirano (1998). Pero no se esperen más de este tipo, no porque no las busque Valtierra, de hecho, en la sección de Proyectos Personales, debiéramos toparnos con ellas, si no es así es porque Pedro no es un fotógrafo complaciente, pactista, condescendiente, el no sabe de formalismos sociales o estéticos, su quehacer es informar y la información, como la imagen, para que valgan, han de ser objetivas, tal y como su ojo las registra.

La exposición durará hasta octubre, habrá tiempo entonces para que los maestros de comunicación y/o periodismo de las universidades locales lleven a sus alumnos a la Fototeca a fin de que reciban una auténtica lección de fotoperiodismo.

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¿Quiénes son?

El día de ayer, al revisar el periódico matutino, me encuentro una nota que habla de una señorita que pinta y que desea presentar su obra más reciente en Monterrey o fuera de la ciudad. Lo interesante no es eso sino que esta persona cuenta en su haber con otras exposiciones tanto en San Pedro (sic), como en los Estados Unidos, o sea, se trata de una profesional, desconocida en nuestro medio, pero seguramente, no solo conocida, sino bien recibida y aplaudida en muchos otros lugares.

Semana tras semana nos topamos con notas como esta, mujeres y hombres, que arrastrados por la fiebre creativa, pintan, esculpen, dibujan o fotografían, exponen, venden y son aclamados; sobra decir que se trata de productores pobremente conocidos o incluso menospreciados por los medios tradicionales del arte.

Llamo la atención sobre estos casos no porque crea que deban ser reivindicados, ayudados a saltar la barrera que los separa del sacrosanto campo del Arte, sino que su presencia me parece un fenómeno de primer interés que debería ser ampliamente investigado pues a su través conoceríamos parte de los cambios que se están sucediendo en este terreno que dista mucho de ser aquel en el que los productores se distribuían por igual entre profesionales y amateurs. Ante un ambiente cada vez más enrarecido por los delirantes discursos de los curadores, el Glam del las grandes galerías, ferias y casas de subasta, de trayectorias prefabricadas que duran lo que un fuego artificial, hay un contingente de productores cada vez más amplio, interesados o no por la luz de los reflectores, que se encuentra trabajando de acuerdo, cada quien, a una determinada idea que se han hecho sobre qué y cómo debe ser el arte, independientemente de lo que suceda del otro lado de la barda.

Llevar a cabo una investigación sociológica de estos otros productores (por llamarlos de alguna manera y distinguirlos de los que siguen el camino de las galerías, los premios, las becas, etc.), nos permitiría conocer su grupo o grupos de edad, nivel socioeconómico, preparación, distribución por género, preferencias estéticas, medio o medios empleados preferentemente para la producción de su trabajo, circulación de su obra, compradores, etc. Estoy seguro que los resultados que arrojara tal investigación serían mucho más sorprendentes que lo que creemos.

Hace años elaboramos la hipótesis de que todas las personas que militaban en el amplio campo del amateurismo, tuvieran o no mayores aspiraciones, eran algo así como el combustible indispensable para que siguiera ardiendo la gran pira del Arte; en otras palabras, para que hubiera grandes productores era necesario que muchos otros se quemaran en el anonimato, pues de esta manera se mantenía en marcha un mercado que entendía y distinguía la diferencia entre unos y otros. Hoy día ya no estoy tan seguro de esta explicación, antes al contrario, creo que se ha ido formando una especie de red o redes alternas en las que todos estos productores encuentran cabida independientemente de lo que produzcan.

De entre otros, un aspecto que encuentro fascinante, es que la mayor parte de la obra que producen poco o nada tiene que ver lo que se hace del otro lado, es decir, pareciera que desconocen cómo ha ido evolucionando la producción, por ejemplo, de la pintura y siguen, en consecuencia, recurriendo al naturalismo, preferentemente de filiación hiper, como fin último del Arte. Lo que los hace atractivos no es el producto retrogrado que entregan al público, sino que es gracias a ellos que se mantienen con vida ideas como esta, son ellos, en parte, los responsables de que el gran púbico siga creyendo que la pintura, para que valga la pena, para que se eleve al rango del Arte, ha de ser hiper-naturalista, y como hay buenos realizadores (se debe reconocer que en este otro grupo, se encuentran no solo buenos, sino muy buenos productores fieles cada quien, como ya apunté más arriba, a su propia idea del Arte).

Pintores, dibujantes, fotógrafos, ilustradores y hasta grafiteros con exposiciones y trabajos en Melbourne, Barcelona, Boston, o el Cairo, forman parte de este contingente del que poco sabemos a no ser porque de vez en vez se logra colar por las noticias de la prensa tradicional. Un dato extra que no se puede despreciar: este otro grupo es el que satisface las necesidades estéticas de la mayoría de la población independientemente de su nivel socioeconómico, ¿son o no importantes?

 

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Mimesis

IMG_0302Mimesis es un concepto a la vez vago y complejo, con una rica historia que se remonta a la antigüedad, unido, por otra parte, a una cierta concepción de las obras de arte. Para no entrar a mayores discusiones, digamos que se trata de la habilidad o capacidad de imitar algunas propiedades del medio a fin de pasar desapercibido o de ser confundido con él. Una de las palabras que empleamos para no decir Mimesis, es la de camuflaje, a través de ella se entiende más fácilmente este concepto aunque no lo cubra por completo.

No me cabe duda de que uno de los eventos que evidencian el fin del siglo XX, incluso de la Modernidad, es la apertura de China continental a partir de los años ‘70 del siglo pasado. Hoy día nadie pone en duda su importancia comercial, industrial y económica a nivel mundial, a la vez que no deja de sorprender con sus logros deportivos, la antigüedad y riqueza de su historia y cultura, así como con su decisiva irrupción en el mundo del arte contemporáneo (este rápido plumazo sobre China de ninguna manera desconoce los muchos y serios problemas que el país tiene en materia de libertades individuales, derechos humanos, repartición de la riqueza, relaciones internacionales, sustentabilidad, medio ambiente, etc.)

Una buena parte de las expectativas que despertó la apertura de China, fue el ver de qué manera se “ajustaba” o interactuaba con la cultura occidental (tomando en cuenta lo que significó, entre otros eventos, la Revolución Cultural, y prácticamente una década después, en 1989, la matanza de Tianamén), qué posición asumiría respecto a ella. La gran sorpresa, o al menos una de ellas, fue no sólo que el país había desarrollado su propia versión de arte contemporáneo, sino que la misma le servía de plataforma para su rápida incorporación al mundo de la producción occidental, e incluso, rebasarlo con relativa facilidad.

No es este el lugar ni el espacio ni mucho menos la persona indicada para explicar este fenómeno, mas lo cierto es que la escena mundial no está completa hoy día sin la participación de los productores chinos. Uno de ellos, por cierto muy publicitado en el ámbito internacional, es Liu Bolin (Shandong, 1973), quien a partir del pasado 16 de junio, presenta cerca de una veintena de trabajos pertenecientes al proyecto denominado Camaleón, título, también, de la exposición montada en las galerías 1 y 2 del Centro Roberto Garza Sada de la Universidad de Monterrey (CRGS de la UDEM).

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Si habría que destacar estos trabajos, lo haría por ser un excelente ejemplo del tipo de obra que hoy llamamos mixed o multi-media, ya que es producto de la interacción de la pintura con la instalación, la fotografía e incluso la escultura, además de ser un trabajo que únicamente puede producirse en grupo, mediante un equipo de producción y comunicación perfectamente coordinado. Sin ser una propuesta novedosa (de hecho se puede decir que la obra-efecto, está tomada del teatro o del mundo de los espectáculos circenses, de donde se ha saltado innumerables veces al cine o, incluso, al arte mismo), la posibilidad de que Bolin se mimetice con una amplia variedad de situaciones y objetos, no deja de resultar atractiva para el gran público; ver, por ejemplo, la fotografía de una desvencijada barda de metal y de pronto caer en cuenta que en ella o ante ella o parte de ella misma, es el productor, siempre resulta asombroso.

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IMG_0309 (1)  Para que la idea de confundirse con el medio, de identificarse con él y/o de imitar sus cualidades para no ser visto, funcione lo mejor posible, hay que contar con un equipo que analice a detalle las propiedades del medio, color, textura, luz, distribución, volumen, etc.; que se comunique con otro equipo, el de producción, es decir, el que será responsable de llevar esas características a la cara, cuerpo y vestido de Bolin –quien es el que se “pierde” en el ambiente-, de producirlas, pintarlas, añadirlas, sujetarlas, a fin de que alcanzar el efecto deseado. Una vez logrado lo anterior, entra en juego otro equipo, el responsable de fotografiarlo, el de crear la obra final que se presentará al público. En resumen, la obra que observamos pasa por tres etapas, la de producción-instalación, la del performance, y la de exhibición.

Y, finalmente, a todo lo anterior habría que sumarle la calidad de los objetos que se presentan, es decir la impresión y montaje de las fotografías que se muestran. Todo reunido logra conformar una muy buena exposición, lástima que no dure más tiempo (hasta el 15 de agosto) como para que todos los alumnos del CRGS tuvieran oportunidad de ver y aprender algo más sobre el arte contemporáneo.

 

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México después de Wyman

FullSizeRender (13)Como saben, el viernes pasado (día 12) el MARCO abrió las puertas de su nueva exposición, De ida y vuelta Íconos urbanos, dedicada a la amplia trayectoria del diseñador norteamericano Lance Wyman (Nueva Jersey,1937). La muestra fue originalmente concebida y organizada, o si prefieren curada, por Pilar García del MUAC, Museo Universitario de Arte Contemporáneo, de la Ciudad de México; como no tuvimos la fortuna de verla en su emplazamiento original, no sabemos qué versión es la que llega a Monterrey. En verdad, no es importante el dato pues lo que se juzga es lo que se presenta, sin embargo, yerros o aciertos presentes podrían ser explicados y hasta justificados por la ausencia o exceso de material museable.

Me parece que está fuera de toda duda la importancia del trabajo de Wyman, como el de muchos otros diseñadores que actuaron justo en ese momento, a mediados del siglo XX, cuando todo estaba cambiando, cuando todo estaba preparándose para un cambio importante de paradigmas. Si hoy nos podemos mover con cierta facilidad entre los botones del ordenador, los teléfonos móviles, el metro, los aeropuertos y centros comerciales, por hablar sólo de algunos de los aparatos que empleamos a diario y los lugares en que se consumen la vida cotidiana, se debe a ellos precisamente –los diseñadores-, pues son quienes empezaron a alimentar nuestra alfabetidad visual a través de la aplicación y uso de las unidades más elementales, los aquí identificados como íconos; en otras palabras, son ellos, estos diseñadores sesenteros, los que empezaron a convertir la palabra en imagen, un idioma, una forma de comunicación, ostensiblemente, más sencilla de comprender por todos (esto fue posible también, por supuesto, gracias a la intervención de los Jakobson, Eco, MacLuhan, Berger, Moles, Barthes, Calabrese, quienes explicaron desde la teoría la vida y efectos de estas otras imágenes en la cultura postmoderna).

Si a lo anterior le sumamos la presencia de Wyman en México a partir de 1968, y cómo es que modificó o, si se prefiere, cómo es que contribuyó a la formación de una cultura visual mucho más contemporánea en el país (su trabajo se suma a lo iniciado por los productores de la Ruptura y continuado por Los Hartos y Los Grupos, entre otros), teniendo presente, además, no sólo la incorporación de la visualidad a la vida urbana y cotidiana, sino su impacto en la educación y formación de los diseñadores gráficos, que a partir de entonces empiezan a vivir su gran momento de creatividad y reconocimiento social, nos daremos cuenta de que el tema es central en la comprensión de la cultura actual.

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Y así podríamos seguir hablando de la importancia y papel fundamental que hoy en día juega el diseño gráfico, la infografía, la señalética, la diagramación, y cómo fue que Wyman y asociados así como creativos de todo el mundo han contribuido a ello. Pero resulta que la exposición en sí misma es mala, no porque carezca de información, no se haya investigado lo suficiente, o no se haya contado con los recursos museográficos necesarios, sino porque, paradójicamente, visualmente es pobre. Falta, por otra parte, contextualizar, explorar consecuencias, darle seguimiento a los proyectos de aquel entonces y a los actuales, hablar con los usuarios, con los socios mexicanos, los patrones que lo contrataron, y más sabiendo que hubo cuentas regias, de las más importantes en el país, que solicitaron sus servicios (para no ir más lejos el propio MARCO). Mucho de lo que echo de menos lo aportó el propio Wyman en la conferencia que ofreció un día antes de la apertura de la exposición y que repite y enriquece en los vídeos que están repartidos por las diferentes salas que ocupa la exposición. Curiosamente, como digo arriba, toda esta información no se traduce visualmente, así que salvo la ampliación y repetición de los logos e íconos diseñados, algunos de sus bocetos a mano, tres de los símbolos escultóricos (el Alce, el Reloj de Arena y el logo del MARCO), y una mala representación de un vagón del Metro de la ciudad de México, lo demás es plano y sin atractivo visual. Puesto que todo quedó más o menos apretado en las 4 salas en las que se despliega la muestra, pudiera dar otra impresión (salvo la última parte-sala, la de los logos institucionales, que de plano quedó sobradísima), pero no es así, la muestra es pequeña.

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Hacer, proyectar, organizar, una exposición como la presente, de un personaje tan importante, debe ser muy complicado y demandante, ojalá todos los que la visiten alcancen a ver el valor y trascendencia del tema que se presenta y consideren que también la sola información es material suficiente para una exposición, a la vez que por sí puede justificarla.

 

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