¿Qué hacer con los museos?

16bf-01Noviembre, 2014. Ceremonia de reconocimiento a Erick Estrada B.
Entregan Katzir Mesa, presidente del CONARTE e Itala Schmelz, directora del Centro de la Imagen.
chris-burden-shootCris Burden. Shoot. 1971
B.B.-King-Cancels-Tour-665x385B.B. King (1925-2015)

Según el dicho uno nunca se va solo, y por desgracia así parece. El 10 de mayo, recordarán, se dio a conocer el fallecimiento de Erick Estrada Bellman, un fotógrafo, sin duda, importante para esta ciudad; se supo también que ese día Cris Burden, a la edad de 59 años, había muerto. Burden, para quienes no lo tengan presente, fue uno de los protagonistas más activos de la escena artística en los años 60 y 70 con la introducción y difusión del Performance y el arte conceptual. Algunas de sus acciones más célebres fueron, entre otras, Shoot, 1971, y V.W de 1974. Finalmente, este pasado viernes, llegó la triste noticia del deceso de BB. King, un personaje, ahora inmortal, gracias a su extraordinaria música. Que ellos y todos los demás, descansen en paz.

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El día de ayer, 18 de mayo, se celebró el Día Internacional de los Museos aunque las actividades principales se desarrollaron, como es lógico, el domingo. De cualquier manera es un buen momento para reflexionar sobre estas instituciones, su pasado, pero sobretodo, su presente y futuro.

Como sabemos el Museo, tal y como lo conocemos, es una institución que nace a raíz del triunfo de la Revolución francesa (hay antecedentes de otros museos desde el siglo XVII, lo que no quita que se trate de una creación moderna) que abrió al público las colecciones reales, entre ellas, la más famosa hasta ahora, la del palacio del Louvre. Originalmente se pensó que entre sus funciones debían estar conservar, investigar, exponer y difundir las colecciones de las que se hiciera custodio o bien que históricamente poseyera. Se esperaba que fuera una institución, pública o privada, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y su desarrollo. Una institución, como se ve y en pocas palabras, típicamente moderna, a través de la cual se pretende el mejoramiento, intelectual, moral y cultural de la sociedad.

Es claro que esta concepción ha ido perdiendo vigencia, no sólo por ser blanco de un sinfín de críticas dirigidas a su propia naturaleza, como por el desarrollo mismo de la sociedad y la producción artística. Tratar de dejar atrás su concepción como mausoleo o templo del arte, ha llevado a los museos, quizás, al extremo opuesto, es decir, a realizar una serie de esfuerzos que los vinculen con sus públicos, desde los locales hasta los internacionales, desde la ampliación de sus servicios hasta venderse como si se tratara de franquicias como es el caso de los museos Guggenheim y Louvre, que han abierto “sucursales” aparentemente exitosas en el extranjero.

La misma intención por revertir las críticas llevó a la creación de otro tipo de instituciones (centros culturales, fundaciones, espacios multimodales, etc.) más dinámicas y con programas flexibles que atendieran, principalmente, la producción contemporánea. Con ello se vieron disminuidos los presupuestos de los museos y, quizás más grave aún, sus públicos y patrocinadores. Lo que crea, a su vez, un círculo vicioso pues al no haber recursos suficientes, los museos no pueden cumplir todas sus tareas, al no hacerlo obtiene menos recursos y así interminablemente.

Si el mantenimiento de los museos se vuelve cada vez más problemático, ni qué decir de su capacidad para adquirir nueva obra o renovar sus acervos. No se trata únicamente de la competencia con los nuevos espacios o que patronos de otros tiempos ahora abran sus propios establecimientos, sino de los precios que se manejan hoy día en el mercado del arte, precios que alejan principalmente a las instituciones públicas, pero que también mantienen al margen a las privadas. Agreguemos que en países como México la donación de obras e incluso de colecciones, no tiene muchos antecedentes y menos aun  estímulos de parte del estado para que suceda.

Como todo lo moderno, el Museo pasa por un momento de transición, en el cual debe adecuarse a las nuevas necesidades y demandas de la sociedad contemporánea. El problema es que en tanto lleva a cabo esos ajustes, se somete a las tensiones del libre mercado, el cual, como se sabe, requiere de crisis periódicas para subsistir, durante las cuales hunde y destruye hasta sus propios socios, por lo que el destino de estas instituciones podría estar marcado por los resultados de una de esas crisis, que como también se sabe, cada vez son más frecuentes.

Me parece que como sociedad debiéramos plantearnos cuál queremos sea el destino de los museos, principalmente de los actuales, los que se encuentran en funcionamiento, y si les reconocemos alguna función vital hacia el futuro de nuestra sociedad, hacer cuanto esté a nuestro alcance para que tengan, realmente, un mejor mañana.

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La foto que informa

soldadosinglesesRoger Fenton. Soldados ingleses. Guerra de Crimea (1853-55)

A la memoria de Erick Estrada.

QPD

         A lo largo de la semana anterior se llevó a efecto, en Valencia, España, el Festival PhotON en su V edición. Dedicado al fotoperiodismo, aclara que se realiza en uno de los peores momentos que haya conocido el género, por lo que buena parte de sus actividades se centraron en la reflexión y cuestionamiento del oficio. Exposiciones, ciclo de cine, visionado de portafolios, coloquios y otros, se preguntaron a lo largo de la semana por lo que ha sido el fotoperiodismo, pero sobretodo por lo que será de él y las formas que pueda asumir en el futuro, un futuro, sin duda, demasiado cercano para esta clase de actividades.

Como tantas otras cosas en el siglo XIX, el fotoperiodismo es resultado de una serie de variables que en el momento justo se entrecruzan y hacen posible la aparición o génesis de un proceso, un objeto, una actividad. No podemos pensar en el fotoperiodismo sin un aumento en la demanda de información, esto es, sin la formación de un público cada vez mejor educado, deseoso de estar informado. El crecimiento de lectores, forzó, consecuentemente, a un mejoramiento en la tecnología responsable por la impresión de los periódicos hasta llegar a la rotativa que se introduce en el mercado a partir de 1863.

Factor determinante en el desarrollo del fotoperiodismo fue la incorporación de la imagen fotográfica a las páginas de los diarios. Prácticamente desde el siglo XVII se acostumbró a acompañar ciertas notas con imágenes fueran o no de actualidad. Se trata de reproducciones a partir de grabados en madera que incluso se seguirán empleando como medio para llevar las imágenes fotográficas al papel periódico; no es sino hasta la segunda mitad del siglo XIX que se hará posible ilustrar revistas y periódicos con fotografías, y aunque las primeras que cumplieron esta función están lejos de lo que conocemos por fotoperiodismo, pronto se fue definiendo el género en particular a partir de las imágenes de las guerras de Estados Unidos contra México (i846-48) y la de Crimea (1853-55) en las que fue posible tener noticias escritas e imágenes que las ilustraran.

Se puede decir que las causas ideológicas y conceptuales que dieron origen al fotoperiodismo son las mismas que garantizaron, prácticamente a lo largo de un siglo, su fama y prestigio. Creencias tales como la objetividad de la fotografía, su registro impersonal, su dependencia tecnológica, el no poder sobornar los negativos, y el constante peligro que corren quienes se dedican al oficio son algunas de ellas, a las que hay que sumar el prestigio del medio (periódico o revista), su compromiso con la verdad y el indeclinable deber de informar sin distorsión, creencias, posturas, juramentos éticos, etc., que hoy día se ponen en entredicho.

Me parece que las dudas que actualmente puede levantar el fotoperiodismo no son forzosamente la causa principal del mal momento en que se halla el oficio. La mala fama de la que goza la manipulación electrónica de las imágenes, sean o no informativas, tiene que ver más con la necesidad de disfrazar la realidad a fin de no restarle espectacularidad, que con el sesgo político, ideológico, económico, que pudiera inducirse a través de su alteración. Ni siquiera la substitución de fotoreporteros por repartidores de pizzas como ha sucedido ya en Hong Kong, me parece tan seria y/o profunda como la migración de la prensa en papel a la electrónica. En la medida que se vuelva general y democrático el acceso al Internet, se irá completando esta transformación; pero ello en sí mismo no supone ningún riesgo para el fotoperiodismo, ni siquiera el que se haga cada vez más uso de imágenes obtenidas por no periodistas o fotógrafos. Lo que este cambio implica para el fotoperiodismo, creo yo, es la substitución de la imagen fija por la que tenga movimiento, o si se prefiere, la vecindad a la que el desarrollo de los medios de comunicación masiva condena a la imagen fotográfica. Es un hecho, no sólo que hoy día nos podemos comunicar cara a cara vía internet, que podemos realizar un sinnúmero de actividades sin salir de la oficina u hogar, sino que también se puede contemplar el mundo exterior, en el sitio y momento en que se desee, exactamente como si se estuviera viendo una película. Y es que no hay imagen más convincente que la que se encuentra en movimiento. Informar a partir de ellas no es lo mismo que el fotoperiodismo tradicional, por lo que habrá que desarrollar nuevas habilidades, conocimientos, prácticas, con todo lo cual, efectivamente, el oficio, tal y como lo conocemos, se irá quedando atrás.

 

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De fiesta

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La Galería Nacional de Arte de Washington, D.C. (National Gallery of Art) festeja este año su 25 aniversario como coleccionista de fotografías con tres grandes exposiciones. In the Light of the Past, la primera de ellas, fue inaugurada en las galerías del llamado Edificio o Ala Oeste, el día 3 de mayo. Se trata de 175 fotografías que cubren de 1839 a fines de los años 70 del siglo XX. Una selección de lo mejor de sus colecciones para presentar un recorrido por la historia de la fotografía. La segunda muestra, abierta al público en la misma fecha y espacio, lleva por título The Memory of Time, 76 imágenes de 26 productores adquiridas gracias al generoso donativo del matrimonio de Alfred H. Moses y Fern M. Schad. La muestra explora las relaciones entre el medio, la memoria, el tiempo y la historia, temas que siempre han estado presentes en la fotografía pero que cobran especial importancia entre los productores contemporáneos. La tercer y última exposición con la que la institución celebra este cuarto de siglo, será inaugurada en noviembre próximo, Celebrating Photography at the National Gallery of Art: Recent Gifts. Como su nombre lo indica, será la presentación de las donaciones más recientes que en materia de fotografía hayan recibido en años recientes con motivo de esta celebración.

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El origen de las colecciones de fotografía de la National Gallery, se remonta a 1949 cuando le fue donado de parte de la pintora Georgia O´keeffe y el Alfred Stieglitz State, un fondo de 1,600 impresiones originales del fotógrafo padre del arte moderno estadounidense. Más tarde se sumaron donativos de familiares de Ansel Adams y Walker Evans, a ellos hay que juntarles diversos regalos y adquisiciones que terminaron formando un importante acervo de material fotográfico tanto moderno como contemporáneo, doméstico e internacional, lo que llevó a la junta de directores de la Institución a crear, en 1990, el Departamento de Fotografía, responsable desde entonces de la conservación, investigación, difusión, adquisición y exposición de los materiales que continúan acrecentando su acervo.

National Gallery of Art, Washington DC

 

Todo el evento, la celebración, me lleva a tres reflexiones al respecto. La primera de ellas tiene que ver con la relación entre el coleccionismo y las instituciones. Creo que en esta ciudad va tomando forma lo mismo un grupo de coleccionistas reales (no de gente que compra obras de arte, por más valiosas y afamadas que sean estas), que la consciencia acerca de cuál debe o puede ser el papel que juegan con respecto a la fortaleza y trascendencia que puedan adquirir nuestras instituciones culturales. Exposiciones como con la que el Museo de Historia Mexicana celebró su propio aniversario, Colecciones de hoy, museos del mañana, permiten pensar en este sentido, aunque hay que reconocer que falta mucho camino por recorrer para alcanzar un nivel semejante al de nuestros vecinos y/o algunos otros países.

Mi segunda reflexión me lleva a pensar en el manejo de las colecciones o del acervo con que se cuente. Si nos fijamos, la dos exposiciones que en este momento ofrece al púbico la National Gallery están armadas con su propio material, tanto con el que ya contaban, como el adquirido con motivo de su aniversario. La tercera de ellas, la que abrirá en noviembre, dará a conocer las nuevas adquisiciones que se hicieron con el mismo motivo. En ningún momento se percibe conflicto alguno entre mostrar acervos y colecciones desde un punto de vista histórico, como parte de un discurso curatorial, o exponer ejemplos del quehacer fotográfico actual y contemporáneo. Guardada toda proporción ¿no podríamos dejar atrás la estéril discusión de antiguos contra modernos, y hacer gala de todo aquel material que se conserva en las bóvedas tanto de nuestra Pinacoteca como de las demás instituciones que se han dado a la tarea de coleccionar fotografías?

Finalmente, mi última reflexión tiene que ver con el motivo mismo de la celebración, es decir, con el coleccionar fotografías. No me detendré a hablar de la importancia que tiene en el mundo de hoy la fotografía como documento histórico, como expresión personal o medio de comunicación, sino más bien quisiera subrayar su importancia como objeto coleccionable. En este momento, seguir su historia, su evolución, está al alcance de la mano, no sólo es relativamente sencillo sino hasta barato adquirir ejemplares que nos remitan a ella. Pero si no es el pasado lo que nos llama la atención entonces los trabajos de la producción contemporánea, local, nacional y/o internacional, se pueden adquirir, igualmente, sin necesidad de grandes fortunas. Luego entonces crear una auténtica colección de fotografía con la finalidad de donarla a un fondo publico más adelante, debiera ser, idealmente, una empresa que moviera a muchos.

 

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Tres apuntes inconexos

I

         Me parece que fue en 1992 la primera vez que escuché eso de Capital Cultural; el título se le daba, por obvias razones, a la ciudad de Madrid. Más allá de ser un slogan comercial, una frase publicitaria, en ese entonces y hasta hoy, quería decir que habría una serie de actividades culturales extraordinarias patrocinadas por los países de la Comunidad Económica Europea interesados en participar en los festejos hispanos; o sea, ser capital cultural de Europa le otorgaba a Madrid el dudoso privilegio de ser la sede de cuanto evento cultural se les ocurriera a sus vecinos, amén de los ideados por las propias autoridades españolas. Fuera de eso, nada.

Ser la capital cultural de un estado, un municipio, un país o una región, no es un título que se obtenga por decreto, si acaso es una denominación que se gana a través del reconocimiento de tus pares, o porque deseas ser la sede temporal de una serie de actividades, en cuyo caso también debes buscar, primero, el consenso de los demás –que estén de acuerdo en llamarte así—, auto-calificarte de tal manera es excluyente y, como si fueras Napoleón, significa coronarte tu mismo antes que cualquier otro te reconozca.

Hay que ser cuidadosos con esta clase de ofrecimientos, ya en una ocasión fuimos el Foro Universal de las Culturas y no nos fue tan bien como se había prometido y sobretodo, no quedan más que malos recuerdos de aquel evento.

Finalmente, creo que hay muchas otras necesidades en el campo de la cultura en Nuevo León que debieran ser atendidas antes que buscar el aplauso por ser la capital de cualquier otra cosa que no sea del estado. La capacidad cultural de una ciudad, municipio o región, no se mide por su nombre sino por su producción, innovación, y difusión, por lo que llega a influir en los demás, por los apoyos que la potencian.

 

II

         La semana próximo pasada tuve la oportunidad de asistir a una especie de conferencia de autopromoción de un fotógrafo de modas avecindado en la ciudad de Nueva York, Raúl Tovar, mexicano de origen. Sin duda hay que admirar a cualquier persona que logra destacar más allá de nuestras fronteras, son ejemplo del tesón y esfuerzo puestos en la consecución de una meta, un sueño, una manda o lo que fuera. Más allá de eso o todo lo que sigue de ahí en adelante, hay que ganárselo a pulso. Sin embargo no me interesa hablar de las fotografías que genera Tovar, muy coloridas, muy posadas, muy semejantes a cualquier otra del mismo género, mejor dicho, al promedio de fotografías de moda que se toman, porque hay fotógrafos que se dedican a este género que son maestros de la fotografía, y a esos no se parece su trabajo.

En realidad mi crítica no se dirige tanto a él como a todos los que hablamos de fotografía, siendo o no fotógrafos, puesto que cuando lo hacemos a lo único que no nos referimos es a las fotografías o cuando menos a las imágenes. En el caso que cito, se habló de las(los) modelos, de los clientes, de si es fotografía comercial, editorial o de cualquier otro tipo, de las tendencias, etc., pero de la fotografía nada, es decir, ni una referencia a la historia, a la teoría, a la comunicación, a la composición, al espacio, a la luz, planos o lo que fuera que nos permitiera entender su acercamiento a la fotografía fuera de dedicarse a ella por tener que ganarse la vida de alguna manera. Concluyo que hablar de fotografía, como de tantas otras cosas en la vida, requiere de algo más que el aprendizaje y práctica de un oficio, exige una reflexión y una postura crítica frente a aquello que haces, y eso, eso no te lo da simplemente la vida.

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III

         También la semana pasada murió en Madrid, a la edad de 82 años, el fotógrafo español Rafael Sanz Lobato (Sevilla, 1932). Las imágenes que acompañan estas líneas son un pálida muestra de lo que fue su trabajo. Perteneció a la generación de fotógrafos de la postguerra, momento justo para atestiguar la lenta transformación de España que la convertiría en una nación europea moderna. El realismo, semejante al italiano en cine, fue la corriente seleccionada para romper con las tendencias románticas e incluso de vanguardia que prevalecían en el ambiente español antes de la guerra civil y Segunda Mundial.

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Decidí recordarlo aquí tanto por la influencia que ejerció en las generaciones siguientes que nos son mucho más conocidas (García Alix, García Rodero, Cualladó, etc.), como por ser exactamente el polo opuesto del fotógrafo que acabo de mencionar en el apartado anterior, cuando Sanz Lobato hablaba de la fotografía, de su fotografía, hablaba simplemente de la vida.

 

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Casi les sale bien

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Me acostumbré a subir a lo alto del Cerro del Obispado cuando se encontraba ahí la antena de transmisión del antiquísimo Canal 8 del ya desaparecido y olvidado CEMPAE. Desde entonces conozco la extraordinaria vista que ofrece de la ciudad y las montañas que la circundan; desde ahí, creo, se puede hacer el seguimiento de cómo ha ido ensanchándose la ciudad y las razones para ello, así como prever lo que será su transformación en mega centro metropolitano (lo que ya está sucediendo) y su eventual colapso. Después de eso no volví a subir más allá de donde se encuentra el Museo Regional El Obispado, hasta que se inauguró el mirador al que dio lugar la instalación del asta que portaba la que fue por algún tiempo, la bandera más grande de México. De entonces a la fecha, no había vuelto a subir hasta este domingo; afortunadamente el sitio se encuentra bastante bien organizado, limpio, seguro y continúa ofreciendo, por supuesto, una incomparable vista de la ciudad.

Pero no fue para admirar el paisaje citadino que subí al mirador, me motivó el anuncio de la presencia, en la plaza cívica del asta bandera, del Non-Violence Project y sus Pistolas para la paz, abierto al público desde el pasado 30 de marzo. El proyecto, como quizás sea conocido, fue fundado por Yoko Ono como un homenaje a la memoria de su marido, John Lennon, asesinado en 1980. Pistolas para la paz es una de las diferentes acciones que el proyecto lleva a cabo y consiste en un conjunto de piezas escultóricas que replican el modelo original que el sueco Carl Frederik Reuterwärd creara en 1981 representando una pistola con el caño hecho nudo; las piezas, copias en fibra de vidrio, itineran desde el 2011 por todo el mundo y ahora tocó a México y a Monterrey albergarlo.

Como se sabe el daño provocado por las armas de fuego va más allá de la violencia ejercida en guerras, por las policías en su permanente confrontación con el crimen organizado, o hurtos, amenazas y venganzas, hasta lamentables accidentes, o las cada vez más frecuentes matanzas de inocentes civiles provocadas por fanatismos religiosos, culturales, o personas perturbadas emocionalmente. Luego del tráfico de drogas el más lucrativo es el de las armas de fuego. Así que iniciativas como esta de Yoko Ono no puede ser más que bien recibida y mejor promovida en el entendido de que son pocas las acciones que pueden emprender los productores artísticos desde su propio ámbito de competencia, con su propio trabajo.

Hasta donde entiendo, a partir de las replicas de la pieza de Reuterwärd, Ono fue solicitando que fueran intervenidas por distintos productores, entre otros los ex –compañeros de su esposo Paul McCartney y Ringo Star, haciendo crecer el conjunto según donde se fuera presentando. Tal y como se anunció, aquí deberían haberse expuesto 14 piezas, aunque yo solamente pude contar 5, una de ellas, la de la propia Yoko Ono (pintada de azul cielo con todo y nubes), otra del Beatle McCartney, otras dos atribuidas a colectivos que llevan por nombre Distrolear y Voladores, y la sobrante, la que simula ser de talavera, no lleva crédito. Curiosamente la de McCartney es la que está decorada como si se tratara de artesanía Huichol.

Cuando se anunció que estarían en Monterrey estos objetos se mencionó que hay una oficina en México representante del Non-Violence Project, imagino los responsables de lo que se exhibe en el Obispado y que está muy lejos del proyecto original. Tal representación debió haber entrado en contacto con la Corporación para el Desarrollo Turístico de Nuevo León, quienes, vuelvo a especular, debieron hacer las gestiones necesarias para que las 14 o 5 piezas de las que hablamos pudieran presentarse en la plaza del asta bandera. ¿Cómo fue que decidieron que ahí sería el mejor lugar para presentarlas; quién o quiénes deberían o podrían intervenirlas, con qué dimensiones, cuáles diseños, etc.? es un misterio, un misterio que desgraciadamente echa por tierra un proyecto que, estoy seguro todos estarán de acuerdo, merecía mejor suerte.

¿Por qué el contacto no fue a través del CONARTE? Seguramente ellos habrían hecho un mejor uso del proyecto de Yoko Ono, e incluso podrían haber convocado a sus agremiados a participar, logrando una acción mejor coordinada, más representativa y con resultados de mayor alcance que, sin duda, hubieran enriquecido lo hecho por la viuda de Lennon.

Desgraciadamente ni el diseño de las cinco únicas piezas que vi, que francamente es malo, logra salvar la iniciativa y de no haber sido porque el día estaba despejado ni la subida al cerro habría valido la pena.

 

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Lo que sí y lo que no

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Hace un par de semanas, con motivo de la exposición del mismo nombre, declaré que el Artemergente no existía. Puesto que ha causado cierta confusión e incluso hay quienes se sienten molestos aclaro de inmediato qué es lo que quise decir y por qué lo hice. Pensé que resultaba claro que me refería al término, a emplear Arte y Emergente como si se tratara de una sola palabra, que es la que no existe pues ni siquiera se trata de un neologismo producto de la adaptación del lenguaje a nuevas e imprevistas circunstancias (por ejemplo hablar del nylon, el PET o el Internet), sino a un simple capricho mercadotécnico o de diseño, con la finalidad de hacer creer que se trata de un producto muy, pero muy moderno (en el supuesto que con eso se atrae más fácilmente a un público joven).

Con mi afirmación no pretendí poner en duda o entredicho la existencia del arte joven o emergente como se le prefiere llamar; mejor dicho, ni ahora ni entonces he cuestionado la existencia o presencia del trabajo de los productores que inician su carrera (jóvenes o no). Lo que sí he criticado siempre es la insistencia por encontrar un solo molde o denominación para todos ellos cuando se trata de un universo variopinto que no se agota en un rango de edad, o su visibilidad pública.

Es muy probable que escondida tras este rechazo al uso indebido del lenguaje o al desenfado con que se emplea, se encuentre la crítica que apunta no a su nomenclatura que siempre será algo superficial y contingente, sino a la razón misma de llevar a cabo, de continuar, con este tipo de evento. Si se observa con cuidado el resultado que presenta la Bienal Nacional de Arte Emergente –que podría tratarse de cualquier otro evento, local, nacional o internacional realizado bajo el mismo esquema- lejos está de poder echar las campanas al vuelo, pues independientemente de lo que se piense o nos parezcan las piezas premiadas e incluso la selección misma del salón, nadie podría pretender que ahí se encuentra un ejemplo significativo, válido, suficiente, de lo que se produce en el país; es posible, incluso, que sea al revés, que lo que aquí vemos sea lo menos representativo, o bien que simplemente se trate de lo que, en efecto, se sometió por vez primera a una prueba más allá de su ámbito local en busca de mayor legitimación.

Me atrevo a plantear este escenario por el agotamiento que muestran, una y otra vez, estos concursos y que se hace manifiesto en la baja participación de productores con una incipiente pero ya reconocida trayectoria, y la dudosa calidad de los objetos con que se presentan a concursar (cada vez es más frecuente encontrar que la cantidad de inscritos es infinitamente mayor que la de los seleccionados, lo que no siempre se puede justificar aludiendo al estricto –o estrecho- criterio de los jurados, cuando en realidad lo que puede estar sucediendo es que se selecciona y premia a lo poquito digno que llega a concursar). Por otro lado hay que ver la cantidad de recursos que hoy día tienen a su alcance quienes más en contacto están con los medios electrónicos de comunicación, no sólo cuentan con múltiples oportunidades gracias a las políticas culturales asistencialistas del estado (que no digo estén mal), sino también con el acceso a recursos frescos provenientes de la globalización, es una realidad incuestionable que hoy día puedes ganar un concurso lo mismo en Nuevo León que en Melbourne o Lisboa, e incluso, estas son vías más atractivas y expeditas que los medios tradicionales para la legitimación del quehacer de estos productores.

Mi oposición a esta libertad con que se maneja el lenguaje, tiene su origen, por supuesto, en la defensa del castellano, entre otras cosas, por la estrecha relación que guarda con los procesos de identidad e identificación; no tiene nada que ver con tratar de impedir, frenar o negar, la necesaria y permanente renovación del habla. Sí tiene que ver con ello, y decididamente, cuando veo que los únicos esfuerzos que se hacen para enfrentar un escenario como el que he descrito –y que seguramente mañana será más extremo-, son inventar palabras, modificar procedimientos, o de plano cambiar de nombre, como si con estos actos, cual si fueran de magia, se le enfrentara eficazmente.

Finalmente, declaro la inexistencia de palabras de este tipo, de la misma manera y por las mismas razones por las que debiéramos cuestionar, por absurdo y poco coherente, abuelos con cola de caballo y arracada al oído con abuelas de minifalda y tacón alto, convencidos, de que si no lo pueden ser, por lo menos sí pueden aparentar ser eternamente jóvenes.

 

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Balas y sombrerazos

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Tenía un buen rato que no me acercaba a esa extraña construcción, mitad Fort Knox, mitad edificio de oficinas, mitad laberinto, mitad caja de sorpresas, que es el Museo del Noreste, el MUNE, adjunto al Museo de Historia Mexicana, adjunto, a su vez, a la llamada Gran Plaza. Hace unos días, el pasado 31, se inauguró ahí la muestra La Revolución mexicana, un valse triste, razón de mi visita. Apunto de inmediato que se trata de una magnífica exposición compuesta por más de 300 fotografías, libros y revistas, pinturas y grabados, películas y vídeos, todos, obvio es, en torno a la gesta revolucionaria de 1910.

Creada por el historiador Miguel Ángel Berumen para el Museo Nacional de San Carlos, ahora llega a nuestra ciudad con una propuesta diferente sobre el conocimiento que tenemos de la Revolución y el papel que la fotografía ha jugado y juega en dicho conocimiento. De los seis ejes temáticos en que está distribuida la exhibición, hay dos de ellos que especialmente llaman mi atención, aunque sea por diferentes razones. El primero de ellos –que me parece es el central para la apreciación de la exposición y su recorrido- tiene que ver con el recurso y uso de la fotografía en el trabajo del historiador.

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Ya en otras columnas hemos tocado este tema y la urgencia que debería haber por instruir a los futuros investigadores en un conocimiento específico sobre la fotografía, desde aspectos meramente técnicos, hasta cuestiones de apreciación estética y semántica. De lo que se trata es que aprendan a valerse de este medio, que sin duda es uno de los lenguajes más importantes y abundantes del siglo XX, así como lo hacen de los documentos escritos, a fin de obtener visiones más completas, o si se prefiere, simplemente distintas, de aquellas que han sido elaboradas exclusivamente a partir de la palabra escrita. En este sentido la exposición muestra un par de ejercicios en los que, gracias, a la fotografía se obtiene una comprensión más precisa, por ejemplo, de la caída de Ciudad Juárez.

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El siguiente tema que reclamó mi atención, quizás por haber resultado incomprensible, tiene que ver con el Archivo Casasola, como se sabe el fondo fotográfico más importante acerca de la Revolución mexicana. Aunque todo mundo sabe o se imagina que no todas las imágenes posibles de los diez u once años en que el país estuvo en pleito consigo mismo, se encuentran ahí, o que los miles de fotografías que lo componen y que están al alcance de los investigadores en la Fototeca Nacional de Pachuca, no son exclusivamente de la familia Casasola, sino que más bien son las de ellos junto a muchas más, hay una actitud beligerante de parte del curador de esta muestra que resulta complicado entender pues, al parecer, va más allá de explicar por qué es importante contar, conocer, con muchos puntos de visita –muchas y diversas imágenes- antes de pronunciarse por un hecho, para insistir en que a partir del Archivo Casasola se ha difundido una imagen distorsionada de la Revolución y sus actores centrales. En cambio me parece un acierto haber dedicado un apartado a los fotógrafos; una pequeña muestra pero representativa de los más de 400 fotógrafos que se sabe cubrieron en distintos momentos el conflicto armado.

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Dos observaciones más tendría que hacer en contra de esta exposición a pesar de reconocer su valor e importancia. La primera se refiere a que no queda –no me queda- claro cuál es el fin u objetivo final de la exhibición: la parte dedicada a destacar el valor de la imagen fotográfica como documento histórico y la metodología para su estudio e interpretación, o más bien demostrar que hay otros archivos, otros fotógrafos, otras aproximaciones, que difieren incluso del Archivo Casasola, por lo que debiéramos revisar lo que se ha concebido por medio de él a fin de corregir posibles yerros; o es que simplemente se trata de una exposición de fotografías de la Revolución mexicana con la que se buscó, como se ha dicho, dar presencia física, real, a los miles de compatriotas anónimos que perecieron defendiendo uno u otro bando.

El otro señalamiento es el mismo que ya he hecho en aquellas ocasiones en donde se habla de la fotografía en manos de los historiadores. Y es que a pesar de la exégesis que pueden hacer de ellas, de la gran cantidad de información que les pueden arrancar, siempre dejan para otro momento la consideración de la imagen como fotografía, como objeto específico producto de una práctica igualmente singular que fatalmente imprime su naturaleza en el resultado final. Quizás una participación más activa y decisiva de fotógrafos de profesión o de especialistas en el medio, pudieran hacer que este escollo no obscurezca los resultados, que saltado el obstáculo, se pueden obtener.

Publicado originalmente por Milenio Diario
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