De museo a museo

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Las salas del MARCO en que se presenta esta nueva exposición nos reciben con la obra (escultura) de Jack Pierson, Toujours (1995)(Siempre), que sirve, lo mismo, para darle título, Tojours, el Museo como testigo, que para representar el ánimo, el espíritu, la naturaleza, de la vocación del Musée de Art Contemporain de Bordeaux, Francia. Abierta al público el pasado 12 de agosto, presenta una selección de sus colecciones a través de 32 piezas, cuidando que cada una de ellas resulte significativa de algún momento por los que ha transitado la joven historia del museo (cuenta con 33 años de antigüedad).

Quiero pensar que la presencia de esta muestra en la ciudad representa algo así como un saludo del museo francés a su colega mexicano por su cumpleaños y que ahí cesa toda relación o encuentro que pueda haber entre ambos (aclaremos que la exposición no es exclusiva del MARCO ya que viajará a otros espacios). Por salud mental, como se verá más adelante, ni se me ocurre imaginar que este sea el modelo aspiracional para el MARCO.

El museo de Burdeos, también conocido como el CAPC, funcionó de 1973 a 1983, precisamente como Centro de artes plásticas contemporáneas, para convertirse en el ’83 en Museo, siendo el segundo, después del Pompidou, en centrarse en la promoción y difusión del arte contemporáneo. De entonces a la fecha ha pasado por diferentes periodos todos dedicados a la consolidación, crecimiento y difusión de sus colecciones; en la actualidad éstas cuentan con un total de 1299 obras de 189 productores (casi 7 trabajos por productor), muchas piezas y un reducido puñado de privilegiados productores.

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Prácticamente todo este mes he insistido en que debemos ser cautos cuando de promocionar el arte contemporáneo se trata, pues por lo general el mensaje que se da al público es erróneo por dos razones principalmente. Una, se le hace creer que lo que ve es todo lo que hay respecto al arte contemporáneo o que si bien no es la totalidad de lo que se produce, sí es lo único que vale la pena presentar. Y, dos, que una suerte de insensibilidad, ignorancia o incapacidad estética, les impide apreciar correctamente aquello que se les presenta. De aquí mi miedo a que el MARCO quisiera convertirse en un museo similar al francés.

Toujours, en efecto refleja el esfuerzo del CAPC no sólo por tener un programa de exposiciones y actividades destinadas a la promoción y circulación de esta clase de obras, sino también por incorporarlas a sus colecciones, según el momento histórico que se viva. Así, al recorrer la muestra, nos vamos topando con nombres tan importantes para el arte contemporáneo (para esta corriente del arte contemporáneo) como Bruce Nauman, Daniel Buren, Annette Messager, Maurizio Cattelan, Boltanski, Anne-Marie Jugnet, o Absalon. Podría, sin ninguna dificultad, emplearse como ejemplo de lo que ha sido la historia del arte contemporáneo vista desde el particular gusto de un museo al sur de Francia.

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Aunque podría ser una excelente oportunidad para conocer más acerca de lo que se ha producido y se produce en nuestros días, la muestra en sí es pobre, poco atractiva, posee, por supuesto –lo acabamos de ver– los nombres de los productores que han hecho parte de esa historia, pero sus obras, el trabajo que se exhibe, no es ni el más representativo, ni el más publicitado. Y es que las colecciones del museo no sólo se han ido formando por medio de la compra directa, sino, principalmente, por lo depósitos de otros museos, en especial los provenientes del Pompidou. Y en ese sentido recordemos que Francia, en occidente, es el país más centralista de todos, por lo que las colecciones más importantes, relevantes, ricas y famosas, ¿dónde están?

Finalmente, si en Francia este y otros museos destinados a lo moderno y contemporáneo funcionan tan bien, lo es, por supuesto, por la calidad de sus piezas, pero fundamentalmente porque hay un público que ha crecido de la mano de esas prácticas, ha sido parte de su historia, ha estado ahí para recibirlo, aceptarlo y criticarlo. Pero no es lo mismo ese público que el nuestro, mucho, insisto, nos falta por educar en este sentido. Ojala llegue el día en que al entrar al museo o cualquier otro espacio, me tope con una o un viejo conocido y en lugar de decirme que para qué traen esto que ni arte es, me hablen de la lluvia o la clausura de los juegos olímpicos.

Publicado originalmente en Milenio Diario
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Otro(s) paisaje(s)

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Creo que hoy día ya nadie puede poner en duda el papel determinante que los llamados curadores juegan a la hora de preparar y presentar una exposición, de hecho, éstas –las exposiciones–se han convertido en el cártel de los curadores para exponer y debatir sus ideas con un público imaginario, pues, hay qué decirlo, pocas veces  se detienen a escuchar a quienes supuestamente reciben su trabajo a través de una muestra.

Nada más lejos de mi intención que condenar sin más el trabajo de los curadores, muy por el contrario creo que incluso, en ocasiones, una muestra puede salvarse por la intervención de uno de ellos. Este es el caso de la exhibición intitulada Paisaje emocional inaugurada a principios de mes en la Casa de la Cultura de Nuevo León, curada por Sara López, quien se dio a la tarea de reunir obra de 20 productores provenientes de por lo menos tres distintas generaciones a fin de ilustrar su idea de cómo es que el productor traduce la emoción que le provoca el paisaje urbano en este caso en una obra. Lo discutible de la muestra no es el discurso curatorial, sino el proceso mediante el cual se seleccionaron las obras. Si las consideramos una por una, hay algunas que quedan fuera de lugar, interrumpen el discurso, no casan con la idea que están expresando las demás. Si la exposición se salva es porque, finalmente, el discurso de López acaba siendo más, mucho más, que las piezas individuales o su suma. Una museografía adaptada al espacio, en pugna con una iluminación vieja y deficiente, complementan esta que es la primer exposición bajo la nueva administración de la Casa de la Cultura, ojalá sigan otras como esta y si es posible, mejores.

 

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En defensa de…

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La semana anterior al referirme a la muestra De la formación a lo público, mencioné que había otros temas que en ese momento no podía abordar por falta de espacio. Uno de ellos tiene que ver con el espacio físico en que está montada, en lo que ahora se llama Nave 1 del Centro de las Artes. Esta Nave no es otra cosa que la sala de exposiciones reservada, hasta hace unos meses a las exposiciones de fotografía organizadas por la propia institución, es decir por la Fototeca de Nuevo León.

Por supuesto que las autoridades del CONARTE están en todo su derecho de montar la exposición que mejor les plazca y convenza en el espacio que mejor crean se adapta o funciona para esta o aquella exhibición. Y que si gustan presentar en estas salas –las de la Fototeca– una muestra de Arte Sacro (como de hecho lo hicieron) no hay poder humano que se los impida, siempre y cuando tengan, como de hecho lo tienen, una razón más que justificable para hacerlo.

Todo eso esta perfecto pero ¿qué será de la fotografía? Mejor dicho, ¿qué será de las exposiciones de Fotografía; dónde se presentarán, de quién dependerán, cómo se difundirán? Porque hasta ahora, según lo recuerdo, sólo se ha organizado una de estas exposiciones y ello debido al compromiso que se tenía con la empresa Ternium. (En realidad se han presentado también la muestras intitulas La ciudad de las Montañas, organizada por la galería Emma Molina y los resultados de la anualidad anterior del PFC pero que se mostraron en el mezanine de la sala de exposiciones contigua a la de la Fototeca).

A pesar de la reticencia que tengo respecto al papel y función de los vocales dentro del CONARTE, creo que esta sería una de esas oportunidades en que de verdad funcionara la figura al defender este espacio (o cualquier otro) como exclusivo de la Fototeca. De las 118 fototecas afiliadas al SINAFO, todas o la gran mayoría cuenta con sala de exposiciones, ¿por qué la nuestra no habría de tener la suya? Buen papel hará el vocal de fotografía, que además arrasó en las elecciones, si logra mantener una sala de exposiciones para el medio, aunque como ya lo he dicho en otra parte, vale la pena defender la sala siempre y cuando haya qué exponer, de otra manera, ni para que arriesgarse.

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Uno entre otros

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El pasado 15 de julio en el Centro de las Artes del Parque Fundidora en lo que fuera la Fototeca de Nuevo León, ahora Nave Uno, se inauguró la 4ta. Edición del programa BBVA Bancomer MACG (Museo de Arte Carrillo Gil), intitulada De la formación a lo público compuesta por 10 proyectos-trabajo de igual número de productores de diferentes partes del país.

La densidad de información que contiene el párrafo anterior, me lleva a dividir estas líneas en dos partes aunque no forzosamente la segunda esté en relación directa a la de hoy. Habrá, además, temas que pudieran tratarse a raíz de esta muestra y que, por desgracia, no nos podremos detener en ellos, por ejemplo la relación que tienen los patrocinadores de esta muestra y sus organizadores con la Bienal de Arte FEMSA.

Pero es de lo que ahora podemos ver y apreciar en la Nave Uno de lo que tratará lo que sigue. Primero unas líneas acerca del programa de becas Bancomer. Asociado con el MACG dicen ser una plataforma educativa cuya finalidad es fortalecer la formación de nobeles productores, dotarlos de mejores metodologías para la ejecución de sus proyectos, y facilitarles el trato con el medio, con posibles patrocinadores de su quehacer, todo ello con “el ánimo de construir nuevas vías de desarrollo en las artes visuales y promover el capital cultural en México.”

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Quienes nos dedicamos a la difusión, crítica y formación en y de las artes visuales, nos hemos equivocado al no asegurarnos que una mayoría haya comprendido que al menos desde mediados del siglo pasado, existe y domina un nuevo tipo de arte que poco o nada tiene que ver con el del pasado inmediato. Esto no es bueno ni malo, ni da por resultado manifestaciones superiores, las de hoy son simplemente diferentes. Una de esas diferencias es que mientras ayer sobresalía y se tomaba por cierta una sola idea acerca de lo que era el arte y sus principales características, actualmente son muchas esas ideas, ninguna puede decir que es la principal, la mejor, la verdadera, la única, o la que perdurará y guiará la producción simbólica los siguientes 100 años. Lo que tenemos entonces es un horizonte compuesto por muchas ideas-tendencia, unas más fuertes que otras lógicamente, mas la mayoría con un amplio rango de difusión y circulación, no sólo nacional sino incluso internacional.

La célebre Avelina Lésper se equivoca, entre otras cosas, por negar esta simple realidad, como también se equivocan quienes creen que son ellos y no ella, los que sí saben, entienden, aprecian y promueven al verdadero arte.

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Lo que me parece falta en esta nueva muestra del Centro de las Artes, es que, sospechosamente, no precisen que apoyan, o que han decidido apoyar, por la razones que sea, a una de las muchas ideas-tendencia que hay en la actualidad dentro la práctica de las artes visuales. Quiero decir, creo que hay cierta culpabilidad en la exhibición de estos trabajos sin las aclaraciones pertinentes, esto es, que los 10 trabajos que se exhiben fueron seleccionados y premiados porque responden a una determinada idea acerca de lo que debe ser el arte, y no por ser representativos del quehacer simbólico de los productores nobeles y no tan nobeles del país, que las vías de desarrollo que desean construir para las artes visuales del país son únicamente para las que se encuentran sobre esta vía y no para todas las que se practican y circulan en México.

Uno de los puntos de partida de esta tendencia lo podemos rastrear hasta el llamado Giro Antropológico, allá por los años 70 u 80 del siglo XX, cuando la teoría del arte, influida por el psicoanálsis, el postestructuralismo, la sociología y la semiótica, se enfocó más en los fenómenos culturales que en las manifestaciones singulares, como campos de estudio para la estética. Es el momento en que destaca, como el de muchos otros, el trabajo de Julio Galán. Cito a este productor, no sólo porque también está expuesto ahora en el Centro de las Artes, sino para ejemplificar la amplitud de acepciones y consideraciones que a partir de entonces han tenido las manifestaciones artísticas, incluso siguiendo una misma línea de pensamiento.

Trabajos como los de Chantal Peñalosa, María Sosa o Noé Martínez, en verdad interesantes, son un buen ejemplo de cómo es que el arte se ha movido de la autocontemplación a mirar a su entorno y lo que ahí ocurre, pero no cometamos el error, no caigamos en la tentación, de afirmar que todo lo que no sea así está fuera de algo, hoy día tan amorfo, como lo puede ser el campo del arte.

 

Publicado originalmente por Milenio Diario
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Mientras se escribe la historia…

cdn-2.expansionDavid  Alfaro Siqueiros y Diego Rivera. s/f

Al inicio de mi educación una de las primeras cosas que te enseñaban era entender la diferencia entre Historia y la historia. Con mayúscula se refiere al hecho natural e irreversible, a la ley física e inevitable del paso del tiempo. En tanto que historia, así con hache minúscula, es la narración que los hombres van contando acerca de lo que llegan a conocer del devenir. La historia política de una nación, región o localidad será la narración que se haga de los acontecimientos, de los hechos, de los sucesos políticos que se lleguen a conocer, dígase lo mismo de la historia del arte, la económica, la militar, etc.

La diferencia es fundamental ya que nos indica que todo suceso, todo acto, toda acción que se lleve a cabo en cualquier momento forma parte, es la Historia misma. Estas líneas, el soporte en que las lee, el tráfico de esta mañana, su relación de pareja, la sequía, las declaraciones de este o aquel personaje, todo absolutamente pertenece a la Historia. Pero también nos permite entender que es imposible llegar a conocer el devenir en su conjunto. En el estado actual de conocimientos, métodos y tecnologías, no somos capaces, por su propia complejidad y dimensión, de conocer y recrear la Historia, ni siquiera la de ayer, menos la del pasado más remoto. En su lugar y debido a la curiosidad que nos despierta el saber qué sucedió ayer, cómo era la gente de entonces, cómo se gobernaba, cuál era su gusto, escribimos la historia, esto es, una muy breve, estrecha e imperfecta narración de aquella minúscula parte de la Historia que llama nuestra atención, sobre la que deseamos saber algo.

Una de las diferencias entre la actualidad y la Modernidad, radica en que hoy día somos más conscientes de esta diferencia. Sabemos que quizás lo que hoy hagamos o dejemos de hacer será parte de la historia, por lo que nuestro comportamiento se ha alterado para ajustarse a esta manera de pensar. Sin embargo y a pesar de que así sucede, ni todos ni siempre vamos preocupados por saber si seremos o no algún día recuperados por la historia. Conforme nos alejamos del presente vamos viendo como esta preocupación, la de ser parte de la historia, no siempre estuvo presente y que, más bien, lo que hoy forma parte de la historia, en su momento fue simplemente producto de sus circunstancias.

 

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Lilia Carrillo. El risco. s/f

La semana anterior expuse lo que hoy sabemos acerca de la intervención del Departamento de Estado de los Estados Unidos y otras instancias, en la aplicación de políticas culturales en aquellos países en que debía resguardar sus intereses. Y cité al caso de México y La Ruptura como ejemplo de la avanzada norteamericana que vestida con la piel del lobo del arte abstracto, acabó con el prestigio del arte política y socialmente comprometido. ¿Quiere decir esto que Gómez Sicre, Cuevas, Felguérez, Gamboa, Paz, fueron agentes de los Estados Unidos; que estuvieron conscientes de que el apoyo al nuevo arte era parte de una estrategia de la Guerra Fría; qué entendían que el cosmopolitismo al que aspiraban eran más una ambición impuesta que una necesidad real?

Que todo lo anterior más lo que aun desconocemos forma parte de la Historia qué duda cabe; que ahora debemos reescribir la historia de este momento en el arte contemporáneo de nuestro país y todo lo que ello implica, tampoco puede estar a discusión, como tampoco el que vayan a aparecer otras historias que hasta ahora no conocíamos o no nos eran relevantes. Lo que si no se puede hacer es condenar a todos estos personajes, tacharlos, cuando menos, de falsos, cuanto más de vendidos o traidores. Nada de eso, la relación de Cuevas con Gómez Sicre, sus viajes a los Estados Unidos, la circulación por Latinoamérica de las grandes colecciones de arte moderno de los museos de los Estados Unidos, nos parecerán ahora más claras y entenderemos el por qué de su interés; también será más fácil ver por qué el gobierno de México a partir de los 40’s se enemista y rompe con los pintores de la Escuela Mexicana, todo esto nos será narrado por una nueva y/o más completa historia. Esto, a menos que se pruebe lo contrario, comprende que quienes actuaron en ese momento no sabían que ahora así los vería la historia. Ni Tibol, Monsivais, García Ponce, Piazza o del Conde, supusieron o actuaron sabiendo que la historia los exhibiría como instrumentos de la política ideológica yanqui. La diferencia entre lo que fue y se dijo en su momento y lo que hoy sabemos de ese momento es la materia prima de la historia, un cuento que no cesa.

Publicado originalmente por Milenio Diario
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Reformar la historia

Felguerez1-1Manuel Felguérez. Serie 1. 1984

El término y la acción de desclasificar –literalmente sacar algo del conjunto en que se encuentra, pero aún más importante, hacer público lo que anteriormente era secreto o estaba en reserva– se ha hecho popular en la medida que se van cumpliendo los plazos que mantenían en secreto o sin difusión una gran cantidad de material que se fue acumulando principalmente durante la primera mitad del siglo XX, de la misma manera que dentro de algunos años se darán a conocer los documentos que hoy día se encuentran clasificados. Este material, que lo mismo proviene de instancias públicas que privadas e incluso personales, es de la mayor importancia pues en ocasiones y dependiendo del tema, permite no sólo conocer otros puntos de vista, establecer relaciones que no se habían tenido en cuenta, obtener datos, cifras, cuadros, etc., sino confirmar y reafirmar las versiones históricas en curso, completarlas, o bien desmentirlas y exponerlas como mentiras, desviaciones o falsas interpretaciones.

A inicios de los años ochenta del siglo pasado, Shifra Goldman publicó su tesis doctoral intitulada Pintura mexicana en tiempos de cambio (1981), aunque en ella estudiaba principalmente al movimiento Nueva Presencia como una parte o componente de La Ruptura, dedicó interesantes párrafos a la denuncia del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, a la OEA y algunas compañías petroleras norteamericanas y transnacionales, por su intervención en el desarrollo de políticas culturales afines a sus intereses. Dos años después el profesor Serge Guilbaut exhibió a través de su libro Como Nueva York robó la idea de Arte Moderno (1983), el uso que desde el gobierno de los Estados Unidos se hizo de movimientos artísticos y culturales como armas en la Guerra Fría. Hace tan sólo tres años Claire F. Fox, por medio de la Minesota University Press, publicó Making Art Panamerican. Cultural Policy and the Cold War, en él, no sólo retoma el mismo tema sino que lo ubica concretamente como elemento clave en la génesis del arte contemporáneo latinoamericano, en el momento exacto en que se da la famosa Ruptura. Hoy día a través de diferentes blogs y páginas culturales se han ido dando a conocer más detalles del tema a la vez que resuenan los nombres de Marta Traba, Alejandro Orfila y en especial el de José Gómez Sicre, como los responsables intelectuales y a la vez secretos de la implantación del arte contemporáneo en Latinoamérica patrocinados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

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José Luis Cuevas y José Gómez Sicre en Washington, D.C. 1957

Todo lo anterior se sabe gracias, precisamente, a que se han desclasificado archivos del gobierno de los Estados Unidos, de la OEA y los de Gómez Sicre. Es ahora labor de los historiadores, someter estos documentos a diversos criterios a fin de conocer y determinar su pertinencia, certidumbre y veracidad, pero supongamos por un momento que es verdad fuera de toda duda y que allá por la década de los 50 del siglo anterior, se fraguaron desde los Estados Unidos una serie de acciones destinadas al destierro de un arte política y socialmente comprometido para substituirlo por manifestaciones neutras o no agresivas en contra del país y sus intereses comerciales, políticos e ideológicos, y que para ello contaron con un importante grupo de intelectuales y productores lo mismo de Latinoamérica que de otras partes del mundo, y que al final, tales planes y políticas triunfaron y que es por eso que contamos con un arte contemporáneo de fama internacional.

Me parece claro que de ser así necesitaremos rehacer, reescribir esa parte de nuestra historia del arte, ampliar las investigaciones y emplear nuevos puntos de vista, otras metodologías que nos vayan permitiendo construir esa otra historia con los nuevos datos pero también con los que ya conocemos, de tal suerte que tengamos una versión más completa, más veraz, más cercana a lo que pudo ocurrir en aquellos tiempos.

Dos lecciones veo en este breve ejemplo, una es que debemos aprender a acercarnos a la historia no como fuente de autoridad o certezas inapelables sino como plataforma que nos permita seguir construyendo la verdad o mejor dicho aquello que en un momento dado creemos es la verdad. Y, otra, estar conscientes que la historia, la clasificada y la desclasificada, la hacen los hombres, y que su acción se da en su presente y que en ese presente tiene un significado que puede o no cambiar en el futuro; en tanto no llegue –ese futuro–no hay otra que seguir fiando en la historia que conocemos.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
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No hay Galán de por vida

 

Hace mucho escribí que mi epitafio podría ser “Aquí yace quien nunca reconoció el valor de Julio Galán”. Ahora no estoy tan seguro de quererlo así, no sólo porque hay muchos más que comparten mi juicio, sino porque mi postura con respecto al propio Julio ha cambiado. Después de no creer en él pensé que había logrado desarrollar un lenguaje que le permitía abordar los temas que le interesaban. Ya que comprendí que nunca desarrolló nada o que simplemente no era eso lo que le importaba, creí que su éxito se debía a su incorporación al Neo-mexicanismo. Hoy a los diez años de su muerte creo que Julio fue producto de un momento, que supo aprovecharse de él como de él se aprovecharon. Hoy, a diez años de su muerte, creo que la exposición homenaje que le rinde el CONARTE a través de su Centro de las Artes, inaugurado el pasado jueves, es el canto del cisne, después su suerte es por demás incierta, casi podría decir que si volvemos a escuchar algo de él será como parte de su generación, la que dio vida, precisamente al Neo-mexicanismo.

Hace ocho años se llevó cabo la que en ese momento era la exposición póstuma de Galán, Pensando en ti, MARCO, 2007-2008 con más de 100 piezas y las incluidas en la memoralia. De entonces a la fecha ¿en cuántas otras exposiciones ha sido figura el pintor de Múzquiz; no incluso, como la de muchos otros pintores de latinoamérica, hay que reconocerlo, su obra ha sido retirada de las subastas internacionales por no tener compradores?

A finales de la década de los ‘80 del siglo pasado y a lo largo de la siguiente, cuando los conceptos sobre la construcción de la Identidad, la performatividad, lo Queer, los estudios visuales y multiculturales estaban trabajando en la elaboración de teorías anticolonialistas que terminaran con las barreras segregacionistas, discriminatorias y punitivas, apareció la figura de Julio, pero con él la de muchos otros productores a lo largo y ancho del mundo (José Bedia, Francesco Clemente, pero también Krzysztof Woddiczko o Alfredo Jaar) y en México la de los Neo-mexicanistas: Enrique Guzmán, Rodolfo Morales, Nahum B. Zenil, Javier de la Garza, Adolfo Patiño, Dulce María Núñez, Lucía Maya, y en Monterrey, junto a Julio, Silvia Ordoñez, Arturo Marty y Enrique Canales. Aunque comparte con todos ellos la autoreferencialidad, que les viene, y aceptan gustosos, de Frida Kahlo, lo que destaca de Julio es que supo hacer de sus preferencias sexuales no solo el tema de su obra sino un discurso acerca del amor desde una posición marginal (en esto se diferencia de Zenil, por ejemplo). Se trata de un amor rancio, antiguo, desesperado, conflictivo, más parecido a un memento mori o una tragedia romántica del siglo XIX que a una descripción real. Y cuando esta mirada, este talante se posa en cierto motivos muy a propósito del nacionalismo es cuando Galán, desde mi punto de vista, alcanza a destacar por sobre este grupo. Empezando por Me quiero morir (1985) y culminando en Sin título (2001) en la que aparece en traje de charro envuelto en un sarape que lleva el escudo nacional, Julio enfrenta su sexualidad al mito del macho mexicano, logrando una nueva lectura o mejor dicho reconfigurando todos los símbolos que ahí aparecen.

Se ha insistido en que esta exposición está pensada para acercar a Julio a los más jóvenes, a los que no lo conocieron, a los que jamás habían visto una obra de él. Ojalá me equivoque pero más allá de la curiosidad mediática de la inauguración no creo que les interese mucho y no Julio en particular, sino porque poco les interesa el renombre internacional, -cualquiera de ellos lo tiene-, la creatividad, -el diseño lo es todo-, la expresión de la sexualidad, -hay que ver lo que circulan por las redes sociales-, porque se fotografió con Warhol, -¿en la época de los selfies?-, Julio, como muchos de nosotros, es una figura del pasado para las generaciones actuales, no hay nada en nuestro entorno que en verdad les atraiga, salvo el mundo del espectáculo en el que también destacó el pintor, pero que fue lo que lo entrampó, ese aspecto trágico de su vida es el que creo más les pudiera llegar a interesar por su inmediatez, su actualidad.

Si nos preocupa la formación de los jóvenes por qué no hablamos de su obra, de sus pinturas, su narrativa, su dibujo, su composición, sus improvisaciones, intervenciones, apropiaciones, reusos, etc., o de sus propuestas concretas como Queer, en lugar de seguir hablando, como si eso fuera lo importante, de que este cuadro fue de fulanita y este es de la colección tal y este otro rompió record, flaco favor le hacemos con tales argumentos pues con ellos a los únicos que ponderamos es a quienes vendieron y venden su obra.

Por último, qué bueno que se decidió llevar a cabo este recordatorio fúnebre, pero porque no hacerle uno a Juan Caballero, a Jaime Flores, a Aquiles Sepúlveda, Edna Barocio, Fidias Elizondo, Mingorance y tantos otros que también son parte de esa historia que se quiere dar a conocer a través de Julio Galán.

 

Publicado originalmente por Milenio Diario
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