La foto es la foto

Se atribuye al fotógrafo Héctor García este famoso aforismo, solía emplearlo cuando se le preguntaba sobre la esencia, la naturaleza profunda, de su trabajo. Más allá del folclore del maestro García y de la sabiduría que sólo se adquiere con los años, haber conocido los claroscuros de una ciudad como la de México, y a través de la práctica honesta y comprometida de un oficio como lo es la fotografía, bien vale la pena detenerse a reflexionar qué se puede aprender de él, del aforismo en sí, sobre todo cuando te enfrentas ya no a los miles de imágenes fotográficas que forman indistintamente nuestra iconosfera, sino a una exposición que así se presenta, pero que está muy lejos de los circuitos oficiales, oficiosos y comerciales por los que circulan las llamadas fotografías de arte y/o fotografías contemporáneas.

El pasado miércoles 7 del presente se llevó a cabo en el vestíbulo del Museo de Historia Mexicana, la inauguración de la exposición México en una imagen, organizada por el grupo Hecho en México. Con una convocatoria nacional y la participación multitudinaria de fotógrafos el material recibido se organizó en tres categorías, Profesionales, Aficionados y Una mirada especial, que este año se dedicó a la fotografía captada por personas con síndrome Down; así pues, se presentan 50 imágenes que conforman esta muestra itinerante cuyas gemelas se exhiben simultáneamente en la Ciudad de México, el Estado de México y Puebla. El concurso que da origen a estas muestras tiene por objetivo el fortalecimiento de la identidad cultural, y para lograrlo arrancan con una pregunta a todos los participantes: “¿Por qué te sientes orgulloso de México?” Su respuesta será la guía para la obtención de las imágenes.

Las fotografías que ahora se exhiben no difieren mucho de los miles que hemos visto principalmente en la promoción turística de nuestro país, entre ellas difícilmente encontraremos una que sea totalmente reprobable, o sea, no hay “malas”, pero tampoco una o algunas que sean especialmente “buenas”. Entonces ¿en qué se diferencia esta exposición de las que se presentan por ejemplo en la Fototeca o en MARCO? Aunque no lo parezca o sea demasiado simple, una gran diferencia es el lugar donde se exhiben, pero además del espacio que legitima al objeto expuesto, ¿cómo diferenciar una de la otra; cómo saber cuándo estamos frente a una obra de arte, cuándo ante cualquier chinche fotografía, si al final del día, como dijera Héctor García: “la Foto es la Foto”?

Las 50 aquí exhibidas, ya lo dije, no son diferentes a los miles que hemos visto en revistas, espectaculares, televisión, redes sociales, cine e internet, muestran un México prístino, impoluto, espiritual, fraterno, incluyente, etc., es decir ofrecen una imagen positiva del país y qué bueno que así sea a los ojos de quienes las obtuvieron, las seleccionaron y premiaron. Su contraparte serían las que mostraran la miseria, la desigualdad, la explotación, la marginación en la que viven miles de mexicanos, la suciedad, polución y maltrato, pero no por detenerse en estos temas, que son tan ciertos como los otros, las convertiría, en automático, en buenas fotografías. Quiero decir el que una fotografía sea “rosa” y otra “cruda”, si es que ambos términos pudieran ser valores, no la convertirían en una buena o mala fotografía, menos aún en una de arte, y es que “la foto es la foto”.

Quizás debiera apuntar algo más de esta exposición. Como ya se dijo, estas fotografías se exhiben en el vestíbulo del museo, pero no en todo él, únicamente ocupan la parte posterior, la pared oriente digamos. Ahí en 3 filas, una sobre otra, de 17 fotografías cada una, se disponen las 50 imágenes. Su impresión y montaje sin ser extraordinarios, cumplen con su objetivo. Llama la atención la estandarización del formato (rectangular con el lado más largo en sentido horizontal), más por necesidades museográficas que de la misma imagen, algunas de las cuales, que originalmente fueron verticales, resultan perjudicadas al mostrarse en formato contrario, es decir, vertical. A lo largo de la base de cada una de ellas, se abre una franja blanca en la que aparecen los logotipos de quienes apoyan o hacen posible el proyecto, desde museos como el MAM, el Carrillo Gil, o el Soumaya, hasta el Grupo México, Nikon, LMI y la revista Cuartobscuro, a los que se sumará, a partir de ahora, el del Museo de Historia Mexicana, por cierto ¿y el de CONARTE y la Fototeca? Esta franja que se comparte con el nombre del autor y su reflexión sobre lo que fotografió, más lo ya dicho sobre los formatos, casi sobra decirlo, arruinan visualmente la presentación de las fotografías.

Creo a pie juntillas que “la foto es la foto”, es decir, no puede ser otra cosa que no sea una imagen impresa (o proyectada sobre alguna pantalla), si tiene calidad o no ahí y en ninguna otra parte se verá, se apreciará, todo dependerá de cuál sea la escala con que se mida o contra la cual se compare. Estoy seguro también que entre estas 50 fotografías las hay buenas y que así lo reconocen los cientos de visitantes que entran los fines de semana a este recinto y se llevan una imagen de un México que sólo conocen de “oídas”. Para su gozo no necesitaron de guardias rondándolos, ni de sesudos discursos que les indican qué ver y qué no; para este público –que es el que debería ser atendido permanentemente— no hay, afortunadamente, diferencia entre estas fotos y las de la fototeca o cualquier galería. Más claro y evidente les sería, mucho les ayudaríamos, si estas que ya captaron su atención, fueran presentadas sin logos, sin nombre encima, con suficiente espacio entre ellas, en su formato original. Si de verdad creemos que la foto es la foto entonces démosles a todas el mismo trato.

 

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¿Qué fue eso?

Creo que, aunque lo he dicho antes nunca está por demás volver al tema. La crítica, tal y como la concibo, es una respuesta más o menos articulada a un suceso o propuesta de orden social. No importa si hablamos de crítica de arte, crítica literaria, musical, arquitectónica, social o política, siempre aparecerá después de que algo haya irrumpido en o se haya agregado al contexto social. Si esa respuesta es coherente, interesada, mal intencionada, grosera, ignorante, correcta y/o propositiva, es otro asunto; una respuesta a la respuesta no cancela, ni es suficiente para ignorar la reacción inicial a lo que se presentan, a lo que se exhibe como tal –material de interés público–, en la escena ccomunitaria o medio social.

Inicio con esta aclaración porque lo que sigue pudiera parecer desproporcionado al tema que se trata y que no es otro que la más reciente exposición de la Pinacoteca de Nuevo León y otras que ahí mismo se encuentran y que, bajo otras circunstancias, jamás me hubiera ocupado de ellas por no ser de mi entero interés.

Tonalpohualli es el nombre de esta exhibición inaugurada el 31 de mayo. Debido a su producción y montaje, la muestra de 20 piezas se ha tenido que exhibir en el Patio de las Esculturas, lo que no tiene nada que ver ni es grave de entrada, el problema es que, por alguna razón (presupuestal por supuesto), las muestras en la Pinacoteca empiezan a ser de gran aliento, esto es, se quedan en sus salas a dormir el sueño de los justos, por ejemplo la anterior del grupo Milenio, La poesía vista por el arte, y esta que amenaza con permanecer hasta diciembre próximo, o sea que se aventará ahí medio año, bloqueando cualquier otra exhibición que sí tuviera como objeto principal la escultura.

Las 20 piezas que la chihuahuense Patricia Baez preparó para esta exposición están compuestas por grandes hojas de cristal (160-180×160-180 cms. aprox.) que cargan a su vez un disco (de 120 cms. de diámetro aprox.) de idéntico material que es donde esta persona ha llevado a cabo la ilustración-interpretación de los glifos que componen el calendario Azteca. El soporte y el disco se presentan sobre tocones de madera de tal manera que quedan como hojas de biombo, separadores o simplemente objetos ornametales, aunque tengo la sospecha de que su autora los considera esculturas pues presentan un muy discreto, casi imperceptible, relieve. Cada una de estas piezas se talla con sandblast y fresas de diamante para después ser coloreadas con esmaltes vítreos y luego todo vuelto a templar para que amarre y quede la pieza definitiva.

En este momento voy hacer caso omiso de la ilustración en sí misma, para hablar del origen de este proyecto. A mí me parece que el tema del arte prehispánico, como todo el del mundo previo al arribo de conquistadores y colonizadores, es de lo más serio que hay, y que hablar de ellos exige conocimientos académicos especializados. Todos hemos sido tocados por la extraña belleza de los objetos producidos por remotas culturas, por lo que aparentemente eran formas más naturales de vida, y por el conocimiento que de su entorno habían acumulado, como también por una cosmología y religión muy ajenas a las interesadas de occidente, pero de ahí a creerme heredero, interprete, hijo o novicio de ellas, hay mucha diferencia. Quizás por la edad es que puedo sonreír cuando alguien como esta señora Baez dice que llega a estos temas luego de vivir lejos de nuestro país (yo me imaginé que había ido a dar a Uzbequistán, a Nueva Caledonia, o a Gambia en el África Occidental) por un largo periodo de tiempo (continúe imaginado, 25 a 30 años; toda su infancia; su vida adulta, etc.) pero no, se pasó apenas 15 años en los Estados Unidos (una experiencia bastante común para quienes viven cerca de la frontera). ¿Cómo es posible esta maravillosa conversión? Pero, ¿quién soy yo para juzgar esto? A San Pablo le bastó caer del caballo para ver la Verdad ¿por qué a esta persona no le sucedería lo mismo?

Las representaciones sobre los cristales son bastante malas e inocentes en cuanto a la interpretación que hacen de lo que significa cada uno de los 20 glifos, por lo que poco y nada es lo que se puede decir de ellos. No encuentro en toda la exhibición nada que justifique su producción tal y como aquí la vemos y si puede parecer mucho, hay que subir a la siguiente planta, a la llamada Sala Acristalada Norte, para volver a ver las mismas ilustraciones, pero pintadas en acrílico y acuarela, así que tenemos 40 piezas más exactamente con los mismos motivos, ¿cómo para qué esta continuación de la misma exposición; se le entiende mejor a los cristales; aporta otra visión, una lectura distinta a los glifos?

Si esta exhibición impresiona por sus pretensiones, algo más sucede con la Pinacoteca que no había estado presente. Además de hipotecar el Patio de las Esculturas por medio año, en la planta baja se exhibe la obra de Esther González lo cual es correcto y está dentro de los objetivos y funciones de la institución, pero quizás sean las formas las que faltan y/o fallan pues la mitad de la Sala Acristalada Norte planta baja, está ocupada con una muy pequeña muestra de la obra gráfica de esta productora, cuando podría haber colmado la sala con un medio en el cual ha destacado. Pero lo más extraño es que la otra mitad de la misma sala la ocupa una muestra de fotografías de Pedro Valtierra, Las imágenes de la palabra, 32 retratos de literatos que seguramente quedó como herencia de la feria del libro que la UANL presenta en todo Colegio Civil (¿por qué no pasaron a la fototeca esta muestra?). Finalmente, en la sala de la planta alta hay una exposición organizada por los servicios educativos de la Institución que no pude visitar por estar cerrada.

Si no se puede tener más que dos exposiciones por año, escogerlas mejor; si hay que tener los espacios llenos hay que prever con qué. Nunca hay que sumar por sumar, hay que hacerlo cuando los resultados sean en verdad positivos.

 

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La séptima función de la imagen

Hace unos días terminé de leer La séptima función del lenguaje, novela del francés Laurent Binet publicada en español por Seix Barral. Interesante e ingeniosa la novela es una entretenida combinación entre cuento policiaco y tema filosófico incluidos pensadores de todas las áreas, en especial, en este caso, de las humanidades. Quizás la única limitación que tenga es que quien no esté familiarizado con la política francesa de los 70’s – 80’s y con figuras como Searle, Kristeva, Derrida, Althusser, Barthes, vida y obra, se llegue a sentir perdido o no encuentre mayor significado a la participación de estas personas en la trama central de la novela. Diría, en este sentido, que se trata de una versión modificada de las novelas históricas de Umberto Eco.

No voy a reseñar la novela. Ni es el espacio, ni es mi papel, sólo diré que la séptima función del lenguaje sería aquella que, al aplicarla, al emplearla, haría que prácticamente cualquier escucha obedeciera a su interlocutor sin chistar. Vista de esta manera, como una auténtica arma, el deseo por poseerla desata todo género de situaciones policiacas que van dando cuerpo a la narración.

Según el teórico ruso-norteamericano Roman Jakobson, el lenguaje, en términos generales, cumple con seis funciones: la expresiva, la apelativa, la representacional, la fática o concreta, la poética y la metalingüística, con ellas no sólo logramos comunicarnos, sino que con ellas construimos el mundo que nos rodea, el que no es natural, de ahí la importancia que tiene no la comunicación o estas funciones, sino el lenguaje en sí mismo. Pues bien, según la novela de Binet habría una séptima función, una especie de sortilegios o fórmulas mágicas cuya finalidad sería hacer que las cosas ocurran tal y como se describen o enuncian.

El mundo no natural en el que nos encontramos es, como se dice más arriba, consecuencia del lenguaje o más específicamente, del uso y aplicación de sus funciones según sean las necesidades o requerimientos del momento. Pero este mundo no está hecho únicamente por palabras, sino también por imágenes, estas –por el papel que juegan en la construcción del mundo no natural– vendrían a ser una especie de lenguaje especial, igual que el código morse o los sistemas binarios. Como tal, como lenguaje, su estudio y análisis, así como las consecuencias prácticas que de ellos derivan, son, en todo caso, de la misma familia que el lenguaje hablado, por lo que los resultados en este pueden aplicarse, mutatis mutandi, a todos los demás casos, lo que quiere decir, que las mismas funciones del lenguaje de las que venimos hablando, las encontraríamos con mayor o menor énfasis o con mayor o menor aplicación y uso en los demás.

Aunque lo anterior es cierto, la verdad es que el estudio y conocimiento de cómo actúan otros lenguajes que no sean el hablado, por ejemplo las imágenes, se encuentran muy a la zaga de aquel, pero quizás el atraso más importante se refiera a su falta de difusión y capacitación no sólo para su uso práctico, sino, lo que es posiblemente más importante, para su correcta lectura, y quizás ni siquiera para eso sino simplemente para que se abra la posibilidad de comprender que las imágenes como las palabras dicen más de lo que ellas muestra en primera instancia. Situación que como será fácil comprender, provoca el que nos consideremos analfabetas visuales, esto es, que no comprendemos lo que comunican las imágenes.

¿Por qué es importante revertir esta situación? Simple y sencillamente porque el mundo contemporáneo en mayor medida –y esto es creciente—va dependiendo de la generación y uso de imágenes, vivimos en un mundo casi por completo visual que amenaza con convertirse en virtual de un momento a otro, y si no sabemos leer las imágenes tradicionales, qué se podría esperar de las virtuales.

Pero pensemos por un momento que no se trata tanto de una carencia o falta de capacitación, de entrenamiento que nos permita esa lectura casi inmediata de las imágenes, sino que estas han sido producidas, han sido diseñadas, precisamente para provocar en el espectador un estado permanente de ignorancia, una actitud acrítica, una valoración errónea, una opinión favorable a los poderes fácticos. ¿No podría ser que esa fantástica séptima función no se haya desarrollado y/o aplicado en el uso del lenguaje, pero sí en el de las imágenes?

No sería esta la primera vez que se les acusa de suscitar conductas que socialmente resultan reprobables, pienso, por ejemplo, en algunos casos de iconoclastia, pero sobretodo en el de los video-juegos, señalados como los responsables de asesinatos, suicidios, robos y otras monerías. ¿No podría ser que las imágenes en sí mismas no provocan nada, son, digamos, neutras, pero al ser articuladas de acuerdo a ciertos principios, reglas o normas, dan, inevitablemente, por resultado tales conductas? Es decir, cuando las imágenes están pensadas y producidas para que cumplan esa séptima función, el resultado no puede ser otro que una respuesta que consideramos antisocial.

He mencionado a los video- juegos y la violencia, pero qué decir de los miles de horas en las que recibimos las imágenes de telenovelas, noticiarios de todo tipo, discursos oficiales, espectáculos incluidos los deportes, y en particular, de publicidad de todo género de servicio y producto, desde el banco más generoso al condón más efectivo. El que no sepamos cómo leer esos millones de imágenes con que tratamos en una vida, el que no haya otra respuesta ante ellas que el consumo, que cedamos nuestra capacidad de decisión al maketing del momento, quizás nos esté indicando que, efectivamente, hay una séptima función del lenguaje que es un arma mortal en manos equivocadas.

 

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“Son las hechuras finas las que cuentan”

Felipe Ehrenberg

Hablar de los caprichos del destino es prácticamente un lugar común; decir que por azar coinciden acontecimientos, personas, fechas, suena más a una explicación no pedida que a una descripción de los hechos. Lo cierto es que todos y en todo momento nos ha tocado enfrentamos a situaciones que bien podrían ser calificadas con cualquiera de estas fórmulas. La semana próxima pasada me, nos, sucedió algo así. Iniciamos, el día15, lunes, día del maestro, con la tristísima noticia del fallecimiento de Felipe Ehrenberg (Cd. de México, 1943) y la cerramos con la proyección del documental, El orden y el caos, acerca de la vida y obra de Manuel Felguérez (Zacatecas, 1928). Es decir, la semana anterior, coincidió que nos despidiéramos y festejáramos a dos grandes figuras de la arte moderno y contemporáneo de nuestro país, pero sobre todo a dos entrañables amigos, como también lo son, fueron, de esta ciudad.

Si no estoy equivocado, la primera o una de las primeras veces que Ehrenberg visitó la ciudad para presentar su trabajo, fue hace muchísimos años, cuando aún existía la galería Collage de Eduardo Rodríguez Canales (siempre que haya oportunidad hay que recordar que fue gracias a esta galería que conocimos a prácticamente todos los actores de lo que hoy se podría llamar la post-Ruptura, asociados al fenómeno de Los Grupos. Pero también a un buen número de productores sin filiación, tan solo entregados a su trabajo, como podría ser el caso de Toledo –aunque haya quienes lo ubican en la Ruptura—o Alfredo Castañeda. Santiago Rebolledo, Magali Lara, Carlos Aguirre, Carla Rippey, Adolfo Patiño, Gabriel Macotela, Rowena Morales, Esteban Azamar, Mario Rangel, y muchos más, tuvieron la oportunidad de ser conocidos por el trabajo realizado por este galerista, que, por supuesto, no se limitó a esta tendencia o nómina, sino que su trabajo influyó en otros sentidos), a partir de ahí varias fueron las visitas que en distintos momentos realizó Felipe; menciono sólo una por el apoyo que significó, tanto para el éxito del evento, como para la difusión de técnicas para la estampación no tóxicas. Por supuesto, me refiero a No toxico exposición internacional realizada en el 2007, dirigida por otro querido amigo, Sergio de Osio (QEPD) con quien también sostuvo estrecha amistad Ehrenberg.

En cuanta visita tenía oportunidad, me gustaba platicar largamente con Felipe, el Neologo como le gustaba ser conocido, por su capacidad para teorizar sobre su obra, la de sus contemporáneos y la histórica, lo mismo que por su prodigiosa memoria, gracias a la cual recreaba al detalle cada una de las etapas o periodos por los que había transitado, desde sus pininos en el cine, hasta su estancia en el Brasil como representante cultural de nuestro país. Fue en una de esas ocasiones y hablando concretamente del arte popular contemporáneo, que me dijo la frase que encabeza estas líneas: “Son las hechuras finas las que cuentan” Más allá del doble sentido que encierra y al que era muy dado Felipe, a lo que se refería es a que, independientemente de aquello que se represente y con qué se represente, lo que cuenta es cómo se ha realizado, su hechura. Y es que aún un productor como lo fue Ehrenberg, no escapa, en la producción de su obra, a las exigencias de la factura, por más experimental, por más informal, por más rebelde que seas, si no tienes resuelto ese tema, el de la factura, difícilmente, llegarás a contar, a figurar, pues.

 

Manuel Felguérez

Si es posible hablar de rigor y búsqueda de la excelencia en el Caso de Ehrenberg y su trabajo, no hay mucho más que agregar, en ese sentido, en el de Manuel Felguérez. Manuel, sin duda, es el ejemplo vivo de un hombre dedicado en cuerpo y alma a su obra, pero lejos de tirarse a la bohemia y al desgarramiento de venas, ha hecho de la formalidad, la disciplina y el estudio las mejores herramientas que le han permitido convertirse, prácticamente, en el portavoz de La Ruptura, y especialmente, de lo que siguió a la turbulenta veintena de años que va de los ‘50 a fines de los ’70. Pero no es de los muchos logros que ha cosechado Manuel de lo que vamos hablar aquí, ni siquiera del documental que se exhibió la noche del jueves pasado en el Planetario Alfa (que debemos tener presente alberga un juego de dos piezas –un pequeño mural y un gran escultomural—del productor zacatecano, El espejo de, 1977). Lo que me interesa relatar, en todo caso, es que previo a la proyección, en su intervención, Felguérez difundió un secreto que durante 40 años había permanecido oculto. Resulta que el mural pequeño (pequeño en relación al que se halla frente a él) que se había guardado mientras se terminaba la construcción del recinto y se montaba en su sitio definitivo, se perdió al incendiarse accidentalmente el almacén donde se hallaba. De inmediato se dio aviso al pintor y este, como pudo y con la ayuda que en breve logró reunir, lo volvió a pintar en una semana, justo a tiempo para la inauguración. Terminado el trabajo o previamente, eso no lo especificó Manuel, se le pidió guardara absoluto silencio al respecto, nadie había de enterarse del espinoso asunto. Y así fue hasta ahora. Pocos debieron saber del incidente y todos, lo que asombra, fueron fieles a su palabra, como lo fue también Manuel, sólo que, en su escala de valores, él no podía irse de este mundo sin confesar lo que había hecho en el Planetario. Ahora que se ha quitado ese peso de encima, puede regresar 40 años después y ver su obra y sentirse satisfecho de que tan buena como era la primera versión es la segunda que orgullosamente se presenta en el vestíbulo de tan importante institución. La anécdota retrata la calidad y personalidad de todos los involucrados. Qué bueno que aún quedan aquellos que tienen la autoridad moral suficiente como para recordarlo.

 

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¿Por qué la fotografía? (I de II)

Si reuniéramos los inventos, descubrimientos, desarrollos que han afectado y afectan nuestra vida diaria, así como la comprensión de quienes somos y del medio en que nos encontramos, estoy seguro que muy pocos quedarían sorprendidos al saber que la mayoría de ellos tienen que ver con la comunicación: las rotativas, 1836; el cine,1843; la telefonía, 1876; la radio, 1894; el telégrafo, 1895; la televisión, 1936. Y, por supuesto, entre todos ellos, la fotografía, 1839. No deja de ser curioso que aquello que nos distingue como especie haya sido también lo que más hemos tratado de transformar a través de la tecnología.

Unos más, otros menos, pero el efecto de estos medios en nuestra vida, laboral, familiar, social, política, económica, lúdica, es innegable e inevitable, incluso hoy día el acceso a ellos y su uso es una medida para diferenciar el grado de desarrollo de los países. Y a pesar de todo, la investigación y la reflexión teórica en torno a ellos y sus efectos, es materia que parece importar, a pesar de su alcance, a muy pocos, de ahí que para los especialistas no dejamos de ser analfabetas funcionales frente a los medios, es decir, no sabemos leer sus formas, comprender sus mensajes, ni evaluar, medir, ponderar, sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo.

La fotografía, como cada uno de los demás medios, no sólo tiene su propia y característica historia y representantes, sino una naturaleza única y un desarrollo, teórico, tecnológico y práctico, que obliga a estudiarla de manera singular a pesar de que nunca deje ser un medio de comunicación.

Digamos, a manera de ensayo, que en fotografía es posible distinguir tres tipos definidos por su uso, aquellas que tienen por fin insertarse en algún programa de comunicación comercial (fotografía de producto, industrial, de moda, publicidad, etc.); las que funcionan como vehículo de información (prensa, ciencia y tecnología, economía, seguridad); y las que tienen un uso personal, es decir, aquellas que buscan, que desean, comunicar el punto de vista de quien las produce; punto de vista es una convención que encierra opiniones, posturas, conocimientos, ideología, actitudes, sentimientos, sensaciones, emociones, ideas, gustos, preferencias, etc. Mientras que en los dos primeros usos la forma, la forma-fotografía, no juega un papel primordial puesto que lo que se desea es que comunique un contenido preciso, en el uso personal, esa misma forma, su cuidado y ejecución, se convierten en su centro de gravedad pues de ellas dependerá cómo se entienda el mensaje; o sea, en este caso, el mensaje es ambiguo y se define por la forma, exactamente al revés que en los otros dos casos.

Todos los medios que hemos señalado sufren, digamos que a partir de los años `70 del siglo pasado, una profunda transformación producto de su propia evolución (lo correcto entonces es hablar de que evolucionan a…), al conjugarse con los avances de la tecnología digital, que a la vuelta de unos cuantos años, harían obsoletos los sistemas analógicos. En el caso de la fotografía, este cambio, supuso el paso, sí no final, sí previo al termino del proceso de su popularización y el de la democratización de la producción de imágenes que si no inicia con la fotografía bien pronto lo logra, especialmente a partir del lanzamiento, en 1888, de los carretes de negativos portable. Es posible, por tanto, que la historia de la fotografía sea resumida como el camino recorrido por estos dos procesos, el de su popularización y el de la democratización (la fuerza que ha movido o movió a la historia de la producción fotográfica fueron estos procesos). Una rápida ojada e nuestro derredor podría confirmarnos como es que, prácticamente, se han consumado o están a punto de lograrlo, por lo que en consecuencia deberíamos aceptar, por un lado, la muerte de la fotografía, en tanto que, por otro, celebramos el advenimiento de la post-fotografía (al desaparecer el motor que venía dando vida a la fotografía esta, en tales términos, ya no tiene caso, deja de existir. Ahora bien, el problema al que nos enfrentamos, o más bien, uno de tantos otros problemas a los que nos enfrenta esta situación, es que a falta de identificar correcta y universalmente cuál podría ser el nuevo motor de la historia de esta post-fotografía, pareciera que su evolución se nos va de las manos y su producción se torna no anárquica sino caótica).

Es claro que esta situación ha afectado a los tres modos de uso de la fotografía. En el caso concreto de la comunicación personal, ésta, ha acentuado y aumentado el grado de ambigüedad en sus mensajes al llevarlos al reducto de lo individual (que no es lo mismo que personal), pero también al trasladar esa misma ambigüedad y falta de referencialidad al campo de las formas, aquellas que en la época analógica habían permitido no sólo el uso personal del medio sino que, a través su cultivo, la había convertido, casi desde su inicio, en una manifestación artística al reconocer la universalidad que alcanzaban sus mensajes, exactamente lo contrario a la situación actual.

Hoy día es común escuchar comentarios que apuestan al crecimiento de un ambiente más caótico, que lejos de un perfeccionamiento personal (que suponen la tecnología corrige de ser necesario,) van en busca de la frivolidad individual y la irracionalidad social. Fuera de las excepciones, quisiera que me mostraran una buena post-fotografía en la que no estén presentes los principios formales de la fotografía analógica, una buena fotografía actual que no sigan lo que nos ha enseñado la historia de la fotografía, o sea, a ver, a reconocer, apreciar, una buena fotografía sin importar si es plata sobre gelatina, procesos foto-químicos, o electromagnética, binaria, digital. Y si bien es cierto, que una fotografía no es lo que ves (cita que he utilizado en este mismo espacio), cómo ayuda a entender lo que es, cuando está bien tomada, bien impresa, bien presentada.

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Mi Guernica

Creo que salvo la Gioconda (da Vinci, 1503-19) no hay otra obra sobre la que se haya escrito tanto, se haya pronunciado tal cantidad de expertos y no expertos, ni haya acaparado la atención e imaginación popular como la enorme tela (349×777 cms.) que Pablo Picasso pintara en 1937 bajo el tema del bombardeó a la población vasca de Guerika. Ante trabajos como este, y otros no tan citados, los escritores que a ellos se acercan, según me enseñara mi maestro Dn. Alfredo Gracia Vicente (QPD), suelen titular sus textos como Mi Salvador Dali; Mi Bosco; Mi Quijote; Mi Picasso, etc. pues ante la enorme cantidad de literatura que existe sobre ellos, lo único que cabe son las aproximaciones personales ya que son las que pueden arrojar una nueva lectura sobre lo ya conocido o lo archiconocido. Así pues, lo que sigue es mi aproximación personal al Guernica (este texto es algo así como Mi tercera o cuarta Guernica, por lo que espero no traicionar a las anteriores, ni repetir lo que ya he dicho sobre ella).

Traigo a colación este tema pues como se sabe la pintura mural llega a su octogésimo aniversario, por lo que es una forma de sumarnos a las celebraciones que al derredor del mundo se le rinden, y porque fue, precisamente durante este mes que acabamos de iniciar, el mes de mayo, cuando Picasso la pintó.

Desde mi particular punto de vista, hay por lo menos cuatro ángulos o facetas bajo las cuales es posible apreciar mejor el tremendo potencial e impacto que tiene y ha tenido esta obra.

La primera de ellas (el orden que sigo aquí no tiene nada que ver ni con valor, calidad o importancia) se refiere al acto que motivó al pintor a llevarla a cabo. Aquí habría que distinguir dos orígenes, uno, este sí el primero, fue la petición que en enero el gobierno republicano le hiciera al ya famoso pintor para participar en el pabellón español de la feria internacional de París a celebrarse ese mismo año (recordar que España se encontraba envuelta en una terrible guerra civil desde un año antes), petición a la que había respondido regalando a los republicanos la serie de grabados (18) que conocemos bajo el título de Sueño y mentira de Franco. Sin embargo, el 26 de abril de ese año, la aviación alemana con el consentimiento de Francisco Franco, lanzó un descomunal e inhumano ataque contra la indefensa población de Guernica en el país vasco. La noticia, que es cuando seguramente la conoció y vio por fotografías Picasso, se dio a conocer al día siguiente a través de la prensa internacional y se puede afirmar que, desde ese momento hasta mediados de junio que es cuando la entrega terminada, la tela se concibió y llevó a cabo.

Guernika al día siguiente de haber sido atacada por la aviación nazi.

Una segunda aproximación la constituye la historia de la propia tela, no sólo durante el tiempo en que se realizó y que conocemos gracias al extraordinario documento que nos legó Dora Maar, sino lo que sucedió con ella después de ser expuesta en el referido espacio ferial, el periplo seguido, primero por Europa, después América Latina (una historia muy poco conocida por lo que no se le ha estudiado debidamente), hasta llegar a los Estados Unidos y la batalla por presentarse en el Museo de Arte Moderno, para años después (1981) regresar a España, exhibida primero, en el Casón del Buen Retiro, finalmente, del ‘92 a la fecha en el Centro de Arte Reina Sofía. Seguir su historia crítica desde entonces es seguir también la ruta a través de la cual esta tela se convirtió en un icono mundial.

Este sería el tercer ángulo desde el cual se puede apreciar el Guernica, el de su valor como símbolo y como es que este símbolo a pesar de que tiene un centro bien establecido (la denuncia en contra de la guerra)(es interesante, en este contexto el que Picasso nunca se pronunciara ni a favor ni en contra de ninguna de las lecturas que se le dieron a la obra y que él conoció), al igual que ser el centro, por excelencia, de la discusión sobre la participación del arte y los artistas en asuntos políticos, se hayan apropiado de él desde los grupos antimilitaristas, pasando por ser parafraseada por múltiples productores, hasta ser empleada por los Simpson, Marvel, etc.

Finalmente, hay que ver al Guernica en tanto su inserción en la historia del arte del siglo XX. Me parece que el primero en estar consciente de la oportunidad que representaba realizar esta obra, fue el propio Picasso y así fue que decidió hacer de la pintura un resumen de los estilos que ya había superado pero de los cuales conocía su valor e impacto, pero también una proyección al futuro al retomar en ese momento una pintura narrativa o si se prefiere una versión del realismo picassiano en tono narrativo, cuando lo que prevalecía eran los experimentos surrealistas, y el lento pero seguro ascenso de la obra abstracta que se impondría, a pesar de los pesares, al fin de la Segunda Guerra Mundial. Me atrevería a decir que Picasso abre y cierra el corazón del arte moderno. Las señoritas de Avignon (1907) estas viejecitas de 110 años, son la puerta abierta para la transformación del viejo orden pictórico, y en ellas está todo por lo que serían conocidos y valorados los movimientos que le siguieron. Treinta años después, ya establecido el nuevo orden que representa el Arte Moderno, ese que venía gestándose desde el siglo XIX, el Guernica da el portazo a la utopía que le daba vida. No hay nada, no queda nada que pueda redimir al hombre después de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. Lo que siguió de ahí en adelante, del Guernica, de la Segunda Guerra Mundial, no han sido más que palos de ciego en busca de un sentido perdido quizás para siempre.

 

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¿Quién va a creer eso?

Al comentar hace una semana los resultados de la bienal ArteMergente que se presenta en la Nave Generadores del Centro de las Artes en el Parque Fundidora, decía que, curiosamente, se había inaugurado simultáneamente en la planta baja del mismo inmueble otra exposición Arte- Nuevo León- 2017 (marzo 30). Aunque no tiene nada de particular que así sea ya que la Nave Generadores permite con cierta holgura la presentación simultánea de dos, tres o más muestras, lo cuestionable es que ambas, prácticamente, pretendan lo mismo; claro que se me puede objetar que en un caso se trata de una selección nacional, la Mergente, en tanto que la otra se circunscribe a la producción local, por lo que, obviamente, no son lo mismo. Cierto, pero no finjamos, pues se entiende que a lo que me refiero es a que una y otra muestra tienen objetivos similares. Una y otra declaran su interés por el trabajo de los nóveles productores y enfatizan su principal característica englobada, mostrada, a través de una serie de prácticas y propuestas supuestamente contemporáneas. Luego entonces, ¿para qué hacer al mismo tiempo dos exposiciones preocupadas por mostrar los mismos temas? Máxime cuando ni siquiera se presentan como paralelas, eco una de la otra, referenciales, o cualquier otro elemento que pudiera ligarlas. Como se verá enseguida, el resultado de la exposición que hoy comentamos, quizá impidió llevar más lejos estas intenciones.

Tal y como sucede en el caso de la semana pasada, esto que acabamos de comentar es el menor de los problemas que enfrenta Arte –Nuevo León- 2017. No quiero volver a referirme al look de bodega abandonada que tienen estas exposiciones, pues su minimalismo es probable que se deba más que a una tendencia o escases y tamaño de piezas, a un problema de presupuesto por lo que no hay manera de invertirle más a la museografía (¿valdría la pena?). Se nos avisa que la muestra está formada por 27 piezas de 19 productores, lo que obviamente resultó una cuenta marcadamente menor a lo que posiblemente esperaban, por lo que entre espacio medio vacío o medio lleno se optó por ubicar en la misma área de la exhibición una especie de biblioteca o cuarto de estar cuya función no se entiende bien a bien pero sí llega a dar la impresión de que la exhibición  ocupa un área mayor (en las dos ocasiones que visite la Nave Generadores, nadie hacía uso ni del espacio ni del mobiliario, ni había alguna indicación que guiara o sugiriera qué hacer ahí. Ojalá entre semana haya animadores con niños o adultos ocupándola para alguna actividad relacionada con las exposiciones o algo así).

La planeación y producción de esta muestra nació de una convocatoria lanzada por el CONARTE con la que se buscaba la participación de los inscritos en el padrón de Artes Plásticas, como ellos mismos afirman, se trata “…de un proyecto expositivo específicamente desarrollado para sus agremiados.” Leemos además en el texto de la misma cédula que “La muestra presenta la obra de 19 artistas con 27 obras las cuales utilizan diversos soportes, principalmente pictóricos, aunque incluye también escultura, grabado, fotografía y técnicas mixtas, generando así una especie de retrato sesgado del entorno que con ellos compartimos.

“La idea central de la exposición es la de presentar el quehacer de los creadores en las artes visuales contemporáneas de la localidad, sus temas, sus intereses, y sus resoluciones formales.”

Me quise extender en la cita porque si se lee con cuidado y luego se visita la exhibición se cae en cuenta de que hay una serie de contradicciones que obviamente son responsables de la pobreza de la muestra. Para empezar, no hay un trabajo de selección que esté al pendiente de lo que se produce en el estado, sino que se atienen a una convocatoria, de por si restrictiva, para mostrar lo que están haciendo quienes respondieron a ella, no los mejores o más activos, más bien quiénes están atentos a los llamados corporativistas que les permiten aprovechar esta clase de oportunidades. Difícilmente en 27 variopintas piezas uno puede encontrar retrato de entorno alguno y menos sentir que hay un acercamiento con el cual identificarse, quizás sí, lo más trabajos atractivos. Lo mismo se puede decir, en tercer lugar, acerca de los medios o intereses que preocupan a los productores, sobre todo si son tan contemporáneos como dicen, el que aquí estén representados por una pintura o grabado, sería circunstancial y no manifestación clara y segura de sus intereses y preferencias.

Por todo lo anterior ¿cómo creer que este ha sido un ejercicio válido para presentar lo que se está produciendo en Nuevo León? Y después de ver la muestra menos ¿quién se lo va a creer? Claro, si lo presentado es poco, pobre y sin relieve, la culpa, dirá la institución, es de los productores, si se les invita y no van y sólo estos sí se muestran interesados, ¿qué quieren entonces?, ¿qué se invente creadores? Pareciera entonces que el Consejo, a través de esta muestra, declara que esto es lo que hay… y que no pidan más porque de eso carecemos.

Lo triste de estas muestras es que como la redes que atrapan accidentalmente a los delfines, en ellas caen quienes deberían estar en otro renglón como ya lo han demostrado, Baldomero Hernández, Salvador Díaz, o Federico López Castro, o bien dando a conocer apropiadamente su trabajo como sería el caso de Liz Zabroky o César Polak. Aunque después de ver ambas exhibiciones y sumarles lo que ya se ha dicho en otras ocasiones, lo más triste es constatar el poco poder de convocatoria que tienen las instituciones culturales.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario

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