Asuntos nuevos, preguntas viejas (I)

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A raíz del texto que apareció en este espacio la semana anterior, fue agradable confirmar que aquellos que son de mi generación recordaban y apreciaban las aportaciones que había hecho John Berger al entendimiento del papel e importancia de las imágenes en la sociedad contemporánea. Pero más sorprendente fue que llamara la atención de algunos más jóvenes (por supuesto no para la mayoría que cree saberlo todo de antemano) al grado de interesarlos por conocer más de lo postulado y dicho por el escritor inglés. Varias son las razones por las que me causa sorpresa su reacción, primero, porque como dije hace una semana, nada o muy poco de lo dicho por Berger es inédito o luz nueva sobre algún problema en particular, por lo que sus ideas y manera de abordar los temas relacionados a la pintura, la belleza, la fotografía, el cine y/o la poesía, debieran estar ya superados, o al menos mayormente difundidos y discutidos entre los interesados en estos temas. Dos, a partir de los años ‘70 del siglo pasado han aparecido muchas otras aproximaciones al mismo tema, unas, sin duda, mejor que otras, pero la mayoría ha contribuido a una mejor comprensión de esta cultura con asiento en la imagen. Y, tres, así como es posible encontrar las emisiones de la BBC en la red o copias piratas en PDF de Ways of seeing, te topas con cientos sino es que con miles de emisiones que abordad desde ángulos y rigores diversos, los mismos temas, o sea que hoy día, los de Berger no son más que una gota en el inmenso océano de la red.

De hecho, esta entrega y la siguiente están dedicadas, la de hoy a la función que cumplen estos programas –los que son semejantes a los de Berger–, la próxima, a su contenido. No podría hablar por otros campos o especialidades, pero en general las humanidades y en particular la producción simbólica o arte, se han visto más que favorecidas por la red –Internet—y su permanente expansión. Libros analógicos puestos en formatos electrónicos, revistas especializadas, entrevistas, programas especiales, mesas redondas, transmisión de congresos y encuentros, cursos, talleres, concursos, visitas a Museos y centros culturales de todo el orbe, y millones de imágenes fijas forman un universo en el que prácticamente uno se puede topar lo mismo con el más reciente descubrimiento que nos remonta a los primeros pasos dados por los sapiens-sapiens, a las declaraciones del último ganador del premio Turner, o las reacciones ante el record de precio alcanzado en tal o cual subasta que en este momento se lleva a cabo. Por esta situación es que, en la actualidad, en este terreno, se puede ser cualquier cosa, asumir cualquier postura, convertirse en productor, mercader, coleccionista, defraudador, o lo que se desee, menos ser ignorante, pues todo lo que hay que saber, o si se prefiere, casi todo lo que hay que saber, ahí se encuentra, al alcance de cualquiera, y lo que es mejor aún, casi siempre de manera gratuita o a un precio incomparable más bajo con lo que se cobra por una matrícula universitaria de medio pelo.

En este punto se podría discutir, a fin de llevar más lejos la especulación, la diferencia entre el conocimiento y la mera información que se ha tratado hasta el cansancio cuando se habla de las bondades o abusos de la red. Indispensable fijar una postura al respecto pues de ella dependerá qué es lo que pensemos o consideremos debe ser la función principal de todo este material para la comprensión del fenómeno arte. Si pensamos que hoy día tenemos más conocimiento sobre este tema gracias a las facilidades digitales, que como nunca lo llevan hasta nuestra puerta, pugnaremos por su expansión y uso irrestricto e incluso sustitutivo de cualquier otra forma de conocimiento. Pero si, por el contrario, pensamos que es simplemente información (montones de información) lo que ofrece la red, entonces esperaríamos que en el futuro hubiera una especie de orden, una jerarquización, una evaluación de qué información es la que se requiere y para qué la necesitamos.

Por mi parte prefiero creer que la red imita al arte, es decir, la información relativa a su naturaleza, procesos e historia, se encuentra al alcance de cualquiera, todo mundo puede saber que son Las Cantigas de Alfonso X El sabio, o quién es y en qué fundamenta su obra Santiago Sierra, o qué son las llamadas Guerrilla Girls, se puede recitar, reciclar, recomponer, reescribir, toda esa información, se puede hasta soñar con ella y hacerse pasar por uno de esos personajes o por lo menos por uno de sus fanáticos, pero de ahí a saber de qué trata cada uno de esos hitos, hay un gran trecho, para conocer se necesita más que información, más que sensibilidad, buena memoria o buena ortografía, para conocer se necesita tiempo y es tiempo lo único de lo que carece la red.

Repito lo antes dicho, me sorprende que haya gente de mi generación, colegas que no hubiera conocido con anterioridad, en su y a tiempo, a Berger, pero más increíble me parece que sea un desconocido para los jóvenes; por supuesto que hablo de aquellos que pretenden ser productores, agentes de la cultura contemporánea, no de los contadores u odontólogos, porque dada la cantidad de información o conocimiento que circula por la red, Berger debería ser un viejo conocido, un viejo maestro gracias al cual comprendemos mejor el arte de nuestros días, sabemos y valoramos las necesidades estéticas de nuestros contemporáneos, y sin embargo, quizás para la única función que haya servido tanto material, tanta imagen, además de la contaminación que viene con el exceso, haya sido para hacer más evidente que el arte es público pero no para todos, para subrayar su carácter elitista.

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Mi amigo John

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Para muchos, sino es que, para la mayoría, no pasa de ser una balandronada que intitule de esta manera las líneas que dedico a la memoria de John Berger (1926-2017). Hace una semana, a punto de entregar mi colaboración para la edición del día 3, me enteré, ya demasiado tarde de su muerte por lo que no tuve oportunidad de dedicarle algo más que un en paz descanse, menos de hacer mención a su legado y deceso.

No sé qué habría pensado el Sr. Berger de esta libertad que me tomo, pero para mí es uno de los personajes de los que me hubiera gustado ser su amigo, entre otras muchas cosas por lo mucho que me enseñaron sus libros de y sobre la fotografía, influencia comparable únicamente, quizás, a la de Susan Sontag, ambos no sólo determinaron, entre otros tantos, mi inclinación e interés por la fotografía sino, más bien, fue su visión de la vida y la inserción que hacían en ella del arte lo que me llevó a seguirlos y releerlos con frecuencia.

Creo que, de mi generación, no hay quien estuviera interesado en temas relacionados con el arte, el diseño, la arquitectura, la cultura pues, que no se haya sentido atraído por su famoso opúsculo Modos de ver (Ways of Seeing) de 1972 y/o bien por los 4 capítulos en que la BBC de Londres lo dio a conocer. No fue que los Modos de ver propusieran ideas y tesis inéditas acerca de la relación arte y sociedad, sino más bien el haberlas amalgamado en un todo coherente y especialmente ubicado en su sociedad, en el presente desde el cual hablaba Berger. La influencia o relación de la palabra con la imagen, la manera en que afecta la sociedad y sus normas tales relaciones, los usos que en ese momento se les daba como par, palabra-imagen, por ejemplo, en la publicidad, y el papel del arte como vehículo de un determinado tipo de imágenes, son algunos de los temas que se abordan lo mismo en el texto que en los programas de televisión. Recientemente el periódico The New York Times y la firma comercial Tiffany han producido 5 documentales que llevan por título New Ways of Seeing (Nuevos modos de ver) en un intento, bastante aceptable, por actualizar los tema propuestos por Berger hace ya casi medio siglo.

De entre la amplia bibliografía del escritor, destaco otros tres libros, aquellos de los que creo haber aprendido más o que simplemente confirmaron mi afinidad con los temas que abordan. About Looking (Mirar) de 1980, Another Way of Telling (Otra manera de contar) con Jean Mohr del ‘98, y el muy reciente Understanding a Photograph (Entendiendo la fotografía) del 2013. Mirar, es de alguna manera una extensión de los Modos de Ver en tanto que continúa explorando cómo es que damos significado a las cosas que vemos dependiendo del contexto social en que nos encontremos; ya se trate de fotografías de guerra o esculturas de Rodin lo que vemos en ellas se encuentra condicionado socialmente.

Por su parte la Otra manera de contar es una larga relación de la vida rural en Francia (la alta Saboya) relacionándola con una serie de fotografías obtenidas por el fotógrafo suizo Jean Mohr. Se trata de explicitar, una vez más, la dependencia que tiene la imagen de la palabra, como lo dice Berger, es muy difícil que encontremos una imagen que se autodefina inmediatamente, lo que no significa que carezca de sentido o significado sólo que estos aparecerán según sea su lector y el texto que aparezca a su pie.

Finalmente, el tercer volumen que cité es una selección de 25 textos de Berger, que tratan, a lo largo de toda su obra, del papel de la fotografía en la sociedad contemporánea. Contiene trabajos provenientes lo mismo de los Modos de Ver que de Otra manera de contar, que textos sueltos y escritos con motivo de alguna exposición o conferencia. Diríase que la preocupación de Berger a lo largo de todos estos años ha sido la inevitable presencia de lo visible en nuestras más diversas actividades, incluido, por supuesto el arte en todas sus manifestaciones, cine, pintura, dibujo, fotografía, y cómo a pesar de ello nos obstinamos no sólo en negar su preeminencia sino en otorgarles los más variados significados, amen los cambios que estos mismos sufren con el paso del tiempo y el uso que les dan los diferentes grupos sociales.

Como he dicho John Berger fue un prolífico escritor no sólo crítico e historiador del arte, sino que tiene en su haber tres libros de poesía, cuatro obras de teatro, cinco guiones cinematográficos, y ocho novelas, una de ellas una inmensa trilogía (Into Their Labours) publicada de 1979 a 1990. A esto hay que sumarle una copiosa cantidad de artículos y ensayos sobre muy diversos asuntos, de Picasso a Tiziano, del dibujo al retrato y a la revolución porque no hay que perder de vista el compromiso político de izquierdas asumido desde siempre por el británico. Compromiso que nos permite entender el interés y simpatía que manifestó por el movimiento rebelde chiapaneco y el EZNL en 1994 y que lo llevó a sostener una nutrida correspondencia con el llamado subcomandante Marcos, que después fue incluida en el libro The Shape of a Pocket (El tamaño de una bolsa) publicado en el 2001.

Lo han dicho antes que yo muchas otras personas verdaderamente importantes, nuestros pensamientos, lo que sabemos, lo que reflexionamos e incluso lo que concluimos no es enteramente nuestro, se lo debemos a aquellos que han sido nuestros maestros o pares, a quienes hemos leído, a quienes de una u otra manera hemos seguido, hemos visto su quehacer o escuchado sus composiciones, ¿cómo entonces no llamar amigo no sólo a aquel en el que te reconoces, sino con el que sabes tienes una deuda que difícilmente podrás pagar?

 

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¿Qué recordar?

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Cual sea el año del que se trate todos guardan nombres, sucesos, hechos para recordar ya sea individualmente, por grupo o región, o, inclusive nacional e internacionalmente, así que el año que acabamos de cerrar no tiene por qué ser la excepción, o ¿no será recordado por el triunfo de los Cachorros de Chicago, la muerte de Fidel Castro, el Brexit, el temible ascenso del Sr. Trump al gobierno de los Estados Unidos, o la caterva de gobernadores ladrones en México, entre otras tantas otras cosas que más que recordar pareciera que mejor deberíamos olvidar?

Si por campos o áreas de actividad específica hacemos el ejercicio, la que contiene todo lo relativo a la cultura (de los objetos y sus productores a la administración de los espacios, su estudio y difusión) tampoco es excepción y, por el contrario, sí conservará muchos datos, mucha información, que es y será bueno recordar y más vale la tengamos, desde ahora, presente. Lamentable, sin duda, fue el deceso del primer Secretario de Cultura en México, Rafael Tovar y de Teresa (1954-2016), quien por lo menos logró ver realizado su sueño de convertir el COACULTA, organismo del que fue presidente durante el gobierno de Salinas de Gortari y el actual, en una secretaria que no estuvo/está exenta de críticas y controversias.

Si bien es cierto que hacia el interior una institución como esa –la secretaria– aún tiene muchos puntos que aclarar, definir y poner en operación, el mayor problema que enfrenta y enfrentará, lo mismo que todos los organismos oficiales destinados a atender la cultura, es el tema de los presupuestos; no hay área más vulnerable que esta cuando de recortes, racionalizaciones, ahorros y/o sacrificios se trata. Podremos ser, sin duda, uno de los países más ricos y prometedores en materia cultural, pero de nada sirve sin un presupuesto no sólo generoso sino verdaderamente consciente de la importancia que tiene el mantenimiento y apoyo a este campo.

Idéntico problema será el que tenga que enfrentar, como se apunta más arriba, el CONARTE, esto es la falta de suficientes recursos para lleva a cabo satisfactoriamente sus funciones, con la agravante de que, si el año pasado sus actividades fueron mínimas y algunas controversiales, hoy con un presupuesto más que recortado, no habrá, por desgracia, mucho más que esperar de él. Pero si el sector público será quien más pronto deje ver los efectos de los recortes, la iniciativa privada padecerá lo mismo, sólo que con consecuencias y efectos distintos. El 2016 tuvimos la fortuna de festejar los 25 años de existencia del MARCO, exposiciones como las de Boltanski, Otto Dix, Tojours, o Abstracciones, conformaron el programa de actividades con que se celebró este aniversario, pero no hay que perder de vista que se trató de un año con un motivo extraordinario, que quizás por los problemas económicos que se avecinan no se vuelva a repetir.

Lo mismo se podría decir de la edición número 12 de la Bienal de Arte de FEMSA. Es decir, el ritmo de actividades que sostuvieron como preparación para una de las dos muestras que montaron, incluso, el tipo de muestra que fueron, difícilmente se podrá repetir este año, no sólo porque no corresponde a la anualidad que se han impuesto, sino por los recursos que demanda el seguimiento de un programa con tales características, e inclusive por la misma polémica, o si se prefiere por su ausencia, resultado, al parecer, no previsto por los organizadores.

En su momento no fue ni la primera ni la última vez que insistimos en la necesidad que hay de revisar este tipo de eventos (concursos y competencias por premios establecidos), pues lo mismo por su representatividad y equidad que por verse superados por otras vías de promoción y proyección, sus resultados dejan mucho que desear o están en las antípodas de lo que fueron alguna vez. Dígase lo mismo de eventos como la Reseña de la Plástica de Nuevo León, el llamado PFC (que ha sido dado por concluido, al menos en lo que toca a Nuevo León) e incluso la Bienal de Fotografía patrocinada por el Centro de la Imagen, entidad federal responsables por las actividades en este ramo.

Entre la falta de presupuesto y las controversias que se dan entorno a las actividades públicas y privadas en materia cultural, quizás sea conveniente voltear a ver hacia otro tipo de proyecto, por ejemplo, la exposición Paisaje emocional montada en la Casa de la Cultura de Nuevo León, o Daños colaterales presentada por “El móvil” espacio múltiple en la Escuela Adolfo Prieto. Ambas muestras, armadas con muy bajo o ningún presupuesto, resultan reveladoras porque dan paso a visiones, versiones, lecturas sobre material quizás ya conocido, pero que en esta re-aparición o re-presentación se re-nueva y abre la promesa de contar con la novedad a la que obliga y obligará la parquedad o carencia de recursos.

Además de las exposiciones promovidas por el MARCO vale la pena mencionar las que se montan en el Museo de Historia Mexicana, dos en especial fueron significativas el año pasado Mexicas, esplendores de un Imperio, y Miguel Cabrera, las tramas de la creación. Se trata, igualmente, de exposiciones pequeñas, pero con piezas muy bien seleccionadas y un guion didáctico que entretiene e interesa a toda clase de público que, en gran número, visita el museo. Complementan esta acción con un vigoroso y permanente programa de charlas y conferencias que, al paso del tiempo, ha ganado un nutrido y letrado público.

Así pues, empezamos otro año, lo que de aquí pase en adelante, en 365 días lo estaremos recordando, ojalá haya algo más que decir que la tristeza de ver languidecer a la cultura.

 

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Sorprendente Diego

largerAntes que termine el año, bien vale la pena dedicar estas líneas a un evento que quizás debimos haber tenido más presente, me refiero al aniversario 130 del natalicio de Diego Rivera (1886-1957) cumplido exactamente, por cierto, el día 8 de este mes. Descuido de mi parte, involuntario por supuesto, pero que en las autoridades, especialmente las nacionales, quizás fuera motivado porque, como se ve, el año que arranca en unos días, se cumplirán 60 de su deceso por lo que si ahora no hubo festejos como era de esperarse, es probable que el próximo año, algo relevante se lleve a cabo.

En realidad sí hubo un par de exposiciones –y muy importantes—con que se recordó al pintor guanajuatense, sólo que igual que con su natalicio, pocos llegaron a enterarse de ellas, o mejor dicho, no fueron promocionadas como, creo, se debiera haber hecho dada la importancia más que de la fecha, de la exposiciones en sí mismas. La primera de ellas fue la que lleva por título Diego Rivera, re-visiones de Norteamérica, montada en el Museo Mural Diego Rivera, y, Picasso y Rivera, conversaciones a través del tiempo, organizada por el Museo del Condado de Los Ángeles, California, y el Instituto Nacional de Bellas Artes en México.

La que se expone en la capital del país, ha sido armada con material inédito o pocas veces presentado sobre los trabajos (murales y obra de caballete) realizados en los Estados Unidos, Detroit, Nueva York, San Francisco. Si bien es cierto que hasta ahora sólo contamos con trabajos parciales acerca de la influencia que, primero, Rivera, Orozco y Siqueiros, tuvieron sobre la producción artística del norte, y después la Escuela Mexicana de Pintura, como organización incluso gremial, sirve, y mucho, la revisión de estas obras pues ayuda a comprender la importancia y trascendencia que en su momento tuvo el complejo e intricado movimiento iniciado por Rivera y el estado surgido de la Revolución.

Si a muchos nos sorprende saber todo lo que Jackson Pollock aprendió y tomó del taller experimental que Siqueiros montó en Nueva York, no menos extraordinaria es la relación entre Pablo Picasso y Diego Rivera. Más allá de si trabaron o no amistad, de si fueron contendientes en amores, o del celo que el español, dicen, sentía por la popularidad de Diego, la verdad es que hay una cierta similitud en la trayectoria artística de ambos.

Además de haber sido precoces en el campo de la creación, Rivera dio muestras desde muy pronto de poseer una increíble capacidad para estudiar, analizar y adaptar el trabajo y estilo de otros en el suyo propio. Así lo vemos siguiendo a Sorolla, ahora a Cézanne, a Severini, y más adelante al Picasso cubista tanto en su momento Analítico, como, con más ahínco, en el Sintético, para después, como lo hiciera el malagueño, abandonar la fórmula que, por sí sola, los hubiera hecho famosos, para lanzarse a buscar otros horizontes que igual prestigio y r
elevancia llegaron a darles.

Quizás sea el Cubismo el punto de encuentro más evidente entre los dos productores, pero hay más, por ejemplo su interés por las culturas no occidentales (más político en Rivera, más formal en Picasso), su etapa surrealista, su retorno al clasicismo, su gusto por el arte y costumbres populares, sus retratos, e incluso el papel de las mujeres en sus vidas y obra.

He dicho más arriba que lo mismo a Rivera que a Picasso les hubiera bastado con lo alcanzado mediante el cubismo para ser incorporados al grupo de artistas más importantes del siglo XX, pero para Rivera eso hubiera sido poco como también para Picasso, ambos tenían que llevar más lejos su propia revolución. Quiso la fortuna que a Diego le ayudarán no solo un grupo sobresaliente de colegas, sino las intenciones de un gobierno deseoso y necesitado de legitimación. Quiso el destino, también, que ambos artistas se enfrentaran simbólicamente al mismo enemigo, el Fascismo, Picasso en el Guernica, Rivera con El hombre controlador del Universo, posición que llevaría a ambos a militar en los partidos comunistas de sus respectivos países.

No me cabe duda de que hay productores que resultan prácticamente inabarcables, que no hay lectura que los agote pues su obra, su quehacer, e incluso sus vidas son de tal riqueza que conforme te acercas a ellas más te dan la sensación de no tener fin, de no tener fondo.

Curiosa es nuestra relación con el pasado, para hablar de él, para releerlo, necesitamos de meses o años concretos 5, 10, 25, 100 años, ojalá el 2017, que recordará los 60 años del fallecimiento del muralista, no lo dejemos pasar para revalorarlo una vez más.

 

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Imagen: Diego Rivera. Autorretrato. Litografía. 1930
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Este día

2016-12-13-photo-00000175Originalmente estas líneas no empezaban así, al contrario eran una queja porque estos días no pasa nada digno de ser comentado. Hoy, a casi una semana del sensible deceso de Claudio Fernández, me gustaría dedicar estas líneas a la memoria de un gran pintor pero sobretodo de un mejor amigo. Que en Paz Descanse (Agradezco a Juan Rodrigo Llaguno, autor de este retrato de Claudio, el Claudio que todos siempre recordaremos).

Estamos lejos del tiempo de las inauguraciones, a 4 días de la Nochebuena y a 11 de la Noche Vieja, muy lejos como para perpetuar la costumbre de emplearlos a modo de excusa para reflexionar sobre lo realizado… o lo dejado de hacer.

Por lo tanto voy hablar sobre cinco fotografías (que podrían haber sido estas o cualquiera otras) que despiertan en mi, este día y en este momento, la idea, el sentimiento, el espíritu de la época. Pido disculpas porque, obviamente, ustedes no podrán ver a lo que me esté refiriendo. No obstante son fotografías muy conocidas a las que pueden acceder fácilmente por medio del Internet; no hago mención a detalles o rasgos que requerirían tener la imagen frente a uno; y, quien guste, puede leer estas líneas con las imágenes correspondientes en el blog que se anuncia más abajo.

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San Francisco 370 48´30”. 2010, de Thiery Cohen es mi primera selección. Buena parte de la obra de este fotógrafo consiste en presentar la imagen nocturna de nuestras grandes ciudades sin luces artificiales, de tal suerte que sobre ellas vemos bellísimos cielos tachonados de estrellas, visiones colosales de la Vía Láctea como hace siglos dejamos de conocer. Imagino al ver estas fotografías la sensación experimentada una noche de Navidad por aquel soldado alemán enterrado en una trinchera, que al mirar al cielo y ver las estrellas sintió una lágrima correr por su mejilla.

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Mi segunda fotografía es, quizás una de mis favoritas de todos los tiempos, de Alfred Eisenstaedt, Niños viendo teatro de marionetas al aire libre en Paris. 1963. La más extraordinaria colección de reacciones infantiles semejantes, quiero creer, a las que tuvimos y tienen todos los chicos al revisar bajo el árbol navideño qué regalos les han dejado. Sorpresa, risa, susto, asombro, fraternidad, concentración, gritos e incredulidad, son algunas de la expresiones que vemos en esas caras que jamás se repetirán pero que tampoco olvidarán experiencias como estas.

058, 7/23/02, 12:28 PM, 8G, 5104x5210 (14+1008), 88%, Bulfinch/Morel, 1/60 s, R72.1, G51.8, B74.9

Si de árboles de Navidad hablamos, el de Diane Arbus, Xmas Tree in a Living Room in Levittown, Long Island. 1963, es, con toda probabilidad, uno de los más citados. Desgraciadamente no lo es por las razones a las que hemos aludido hasta ahora, sino por su contrario, es decir, se trata de un triste y desapasionado ejemplo de la soledad y abandono que muchos sufren en estas fechas. El árbol de Arbus es, además, intemporal puede ser que haya sido decorado en diciembre, pero nada nos dice que siga siendo la misma temporada, es, por tanto, una especie de fetiche suspendido en el tiempo, imagen, que en su composición (espacio, árbol navideño, televisor, alfombra, sillones, regalos, lámpara y reloj de pared, entre otros) denuncia la sociedad materialista, el frío y hueco american way of life que los norteamericanos se construyeron para sí mismos.

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Nada mas opuesto a la depresiva imagen de Arbus que Los reyes de la Danza, 1931, de Manuel Álvarez Bravo. Como de costumbre el fotógrafo lanza el título sobre la imagen esperando que alguien de en el blanco. ¿Huehotzingo, Acolman, Santa Clara, Chiapa de Corzo, Tepotzotlán? Pudo haber sido tomada en cualquiera de estos lugares, en todos o en ninguno. Los Reyes de la danza son también los personajes del carnaval, los que aparecen en las procesiones de Semana Santa, o, mejor aún, los de las Posadas, así, gracias a su fidelidad, costumbres y creencias, perpetúan las fiestas cívico-religiosas que forman parte indisoluble de la identidad de este país. La imagen de Don Manuel es una síntesis maravillosa de ese ser híbrido que somos.

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¿Cómo olvidar el inicio de esta historia que anualmente repetimos en estas fechas desde hace más de dos mil años? La Anunciación, 2011, de Flor Garduño, es, por lo tanto, nuestra última fotografía. Atento, el Espíritu Santo cuida que el joven Ángel pronuncie el mensaje que Dios Padre envía a una joven de Judea, estamos a nueve meses de aquel suceso y a cuatro días de que se cumpla lo que Lucas (2:11) narró para la posteridad: “Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”

 

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¿Es posible enseñar a ser artista?

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A la memoria de Rafael Tovar y de Teresa

         Hace aproximadamente un año o quizás más, el artista e intelectual uruguayo Luis Camnitzer escandalizó al mundillo del arte al afirmar que tratar de formar artistas en universidades e institutos de educación superior no pasaba de ser un burdo fraude. Si bien a diario nos topamos con declaraciones como esta, lo sorprendente de ella fue que la dijera quien actuara como docente en la State University de Nueva York por más de tres décadas, pieza clave en el conceptualismo sudamericano, y promotor de su obra que espera sirva de recurso pedagógico, que enseñe al espectador, de la misma manera que todo acto que se considere dentro de esta esfera, por ejemplo visitar un museo. ¿No suena entonces algo contradictorio?

A reserva de regresar más adelante para comentar lo dicho por Camnitzer, retomemos el tema e intentemos contestar la pregunta que encabeza estas líneas. Sí, sí es posible, tan sencillo como voltear los ojos a la historia para darse cuenta de que esto es lo que ha venido sucediendo desde la noche de los tiempos, generación tras generación se ha enseñado a un puñado de personas a ser artistas, así como a otros contadores, médicos, agricultores, etc. De los temas que pueden surgir de aquí, nos interesa en especial el que pregunta por la clase de artista que se va formando.

Mientras mantuvimos una idea más o menos fija acerca de qué era o cómo debía ser el arte (pintura, música, literatura, arquitectura, etc.), no fue difícil establecer los procedimientos a través de los cuales se iban formando las nuevas generaciones. Llámese gremio, taller o academia, los pasos eran los mismos con la ventaja de servir, además, de filtro; el que no era capaz de aprobar las clases o sesiones de pintura de historia, ropaje, retrato, color, o dibujo de manos y pies, ya podía irse buscando otro oficio pues en este, además de competido, se requería de capacidad, capacidad prácticamente innata, de esa con la que naces o careces de ella. Nadie esperaba otra cosa ni del arte ni de los artistas.

Como todos sabemos hay un momento a mediados del siglo XIX que acelera, cambia de dirección, o transforma de plano las ideas y prácticas con las que venía funcionando la sociedad, y con ellas las pertinentes a la producción simbólica también; pero no fueron las ideas y prácticas inherentes a esta producción las que se empezaron a transformar, lo que cambió de manera radical fue la relación del resto de la sociedad para con esas prácticas. El choque, el enfrentamiento entre estos dos gigantes –arte y sociedad- fue tal que aún seguimos persiguiendo la estabilidad y normalización de su relación.

A falta del respaldo social y seguridad laboral, la formación de los artistas tuvo que refugiarse, lo mismo que ya lo había hecho la enseñanza de otros oficios, en la institución burguesa por excelencia, la Universidad. No quiero discutir en este momento las virtudes y/o defectos de las Universidades, si lograrán sobrevivir en la edad de la inmediatez del conocimiento digital, o si al convertirse en una institución privada se volvieron negocio, lo que me gustaría señalar es que en la relación que la universidad guarda con la sociedad, basada en satisfacer su necesidad de mano de obra especializada a cambio de los recursos necesarios para hacerlo, va implícito el acuerdo de mantener inviolable e inmóvil el conjunto de variables materiales y espirituales que permiten que la sociedad marche en la dirección que se le ha dado.

Si para muchos de nosotros el arte (y se puede decir porque ahí están las obras para robarlo) en cualquiera de sus manifestaciones debe ser resultado y ejemplo de arrojo, contradicción, curiosidad, rebeldía, experimentación, inquietud e insatisfacción con el estado actual de cosas, ¿cómo esperar que la universidad prepare a sus alumnos para que cumplan con una tarea que lleva implícito el cambio, la revolución? Esto es a lo que se refiere Camnitzer al decir que la enseñanza o preparación de los artistas en la universidad es un fraude, o mejor dicho, que no es esta clase de artistas a los que está preparando –no podría hacerlo sin caer en graves contradicciones–, que en cambio nos regresa chicas y chicos que aspiran a insertarse exitosamente en el sistema del mercado mundial del arte, que buscan como llenarse de plata los bolsillos antes que servir a su comunidad, que iluminar a sus conciudadanos, que solidarizarse con sus causas. Triste es pero al final de cuentas tiene razón el maestro uruguayo.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
También se pude ver en http://www.veryrepresentar.blogspost.com
Imagen: Honore Daumier. Consejos a un joven artista, 1860
http://www.wikiart.org

 

Luz

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Joseph Beuys. Capri Batterie.

La evolución de nuestra especie nos hizo dependientes de la luz; cualquiera que sea su origen, natural o artificial, la necesitamos para desarrollar prácticamente todas nuestras actividades; el aumento y complejidad de estas, curiosamente, va de la mano con lo que hemos aprendido de su naturaleza y cómo aplicarla a un número creciente de objetos-situaciones. Imaginemos, por ejemplo, la vida diaria de un ciudadano urbano a principios del siglo XX, su día, si acaso, se extendía unas pocas horas después de la puesta del sol, comparémoslo con lo que sucede hoy en día, si nos mantenemos en estado diurno más que nunca antes en la historia se debe, precisamente, a ese conocimiento y empleo que le hemos dado y damos a la luz-energía.

Sin involucrarse directamente con la luz natural, la exposición Lightopia, inaugurada en el Marco el pasado 24 de noviembre, busca presentar un panorama de la evolución de la luz artificial aproximadamente de fines del siglo XIX hasta nuestros días e incluso echar una mirada a lo que podría venir más adelante. La exposición que recibe el museo, y que supongo será la última de las exitosas muestras con que celebró su 25 aniversario, fue diseñada por el Vitra Design Museum de Basilea, Suiza y la Fundación EDP (Compañía Energía de Portugal), que como se ve formaron una adecuada mancuerna para organizarla.

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Aspecto general de una de las salas de exhibición.

Si no le damos más vueltas al asunto, nos encontramos con una exhibición vistosa, amable y, en ocasiones, hasta sorprendente. Tiene piezas de primer interés como las lámparas de Isamu Noguchi, fotografías como las de Thiery Cohen que nos muestran cómo serían nuestras ciudades si no hubiera luz artificial, delicados trabajos como los del Estudio Drift o del Poetic Lab y las inconmensurables posibilidades de la luz en manos de los artistas, e incluso podemos ver la lámpara más popular de todas, la diseñada en 1934 por George Carwardine que alumbró a cuanto restirador se armó, mientras estos fueron esenciales para el trabajo de diseñadores y arquitectos.

Y ya que hablamos de estos profesionales, qué bueno que la muestra estará en exhibición hasta marzo del año entrante lo que la hará tener más público pues lo importante y deseables es que la visiten extensamente arquitectos, diseñadores de interiores y diseñadores industriales, e incluso uno que otro productor que se sienta llamado a experimentar con nuevos medios. Qué bueno sería que vieran, estudiaran y analizaran cada uno de los objetos que se presentan, sus planos constructivos (cuando estos se realizaban a mano) y proyecciones. Que se cuestionaran las aplicaciones que hoy día hacemos de este recurso tanto a nivel habitacional, como en los grandes edificios de oficinas, en parques y espacios públicos, calles y vías rápidas. Si hemos de continuar compitiendo con la luz diurna y natural, si hemos de ver en interiores, de noche u otras condiciones de baja luminosidad, más vale que lo hagamos con inteligencia, prudencia y creatividad, quizás sea la luz no solo la única sino la mejor materia con que contamos para embellecer nuestro entorno no natural. Ojalá sepan hacer buen uso de esta muestra quienes ya ejercen y los que están por hacerlo, y que nuestras escuela y universidades hagan de ella una lección viva, un objeto digno de futuras investigaciones.

Expositions Personnelles 2011 "Carlos Cruz-Diez : Color in Space and Time", Museum of Fine Arts, Houston (MFAH), Houston, États-Unis

Veamos ahora la muestra desde otro ángulo. El principal problema, según mi particular punto de vista, al que se enfrenta el Marco con estas muestras, es que deben llevarse a cabo mediante rigurosos contratos que impiden que el museo juegue un papel más activo en la presentación de los contenidos. Me da la impresión de que hay un modelo estándar de exhibición que es el que se ofrece a los demás; está confeccionado de acuerdo a las necesidades, objetivos y posibilidades del autor principal, de quienes generan la muestra, los demás se adaptan a lo que hay y a los criterios de los curadores originales. Si uno lee las primeras cédulas de sala en las que se explica lo que se verá y cómo está organizado y luego lo compara con lo expuesto puede llevarse un chasco; ni todas las secciones están igualmente representadas, ejemplificadas, no digamos explicadas, ni a todas se les da el mismo trato. El resultado es una exhibición un tanto incongruente, apresurada, que apunta a muchas dianas pero no atina a ninguna, que depende, fundamentalmente, de sus individualidades, las cuales, como en un equipo de fútbol, si son de primer nivel, son suficientes para mantener contentos a sus aficionados.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario.
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