Espacios, función e identidad

Nuevo-León-2-1030x579

Desde que escuché que funcionarios del CONARTE declaraban que cualquier exposición podía colgarse en el que fuera de los espacios que administran, no he dejado de preocuparme. Dos razones son las que no me dejan dormir. Una, el que se desconoce o lo que es peor, que se ignora, que hay una historia, corta o larga, que permite la identificación del lugar con un cierto tipo de actividad, lo que, a su vez, facilita la promoción, la formación de públicos y la mejor programación de actividades. Dos, que si entre todos se ha hecho un gran esfuerzo por intentar elevar el nivel de calidad, pertinencia, representatividad, e importancia, de las exposiciones, con esta ensalada con que amenazan convertir el programa de exposiciones, quién nos garantizará que no volverán los tiempos en que cualquiera, con los medios y contactos correspondientes, pueda exponer donde mejor le plazca (recuérdese que todo esto nace de montar una exposiciones de pintura en la Fototeca). Lo que más me duele es que llevamos ya seis meses de nuevo gobierno y hasta este momento la única exposición de fotografía que hemos tenido ha sido una pagada por la iniciativa privada (Ciudad de las montañas). Sin presupuesto, sin ver aún un programa ya no digamos a largo sino a corto plazo, y ahora con la posibilidad de que tu espacio pueda ser ocupado por una exposición de costura para señoritas del siglo XIX, ¿cómo habrá de progresar la fotografía en el estado?

 

Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imagen: http://www.cenart.gob.mx

Hay mucho más

(Dos motivos me llevan a re-publicar aquí el texto ya dado a conocer por Milenio este mismo día -19.04.2016-. Como se verá está dividido claramente en dos partes. La primera me parece importante darla a conocer por su valor testimonial y pedagógico, difícilmente se puede encontrar otro ejemplo tan claro de la manera en cómo nos afectan los medios de comunicación, y cómo detrás de la  lengua cotidiana, que nos parece tan inocua y funcional, puede encontrarse toda una postura ideológica que al repetirse provoca no solo su difusión, si no su fortalecimiento y “naturalización”. La segunda parte representa un no dejar de contestar cada que alguien (persona o institución) pretende imponer su verdad en el campo del arte, afirmar que el arte es esto y solo esto y todo lo que no sea esto ni se le parezca, ha de ser descalificado y condenado al más profundo de los infiernos. No podemos, ni debemos permitir que estas ideas encuentren eco en la sociedad como absolutas o únicas, denunciémoslas como lo que son, una voz más en un mundo cada vez más contradictorio y confuso, como participantes de un diálogo que debemos sostener permanentemente entre todos. Así pues espero que la publicación de este texto sirva para continuar la problematización de cualquiera de estos dos temas).

Guillermo-Sepulveda-Enrique-Gonzalez-Secretario_MILIMA20160412_0343_11Rueda de prensa revia a la inauguración

Hace unos días me acusaron de ser un aguafiestas, de andar buscando siempre el prietito en el arroz para echarlo todo a perder; podría contestar como Rafa Márquez, para que me leen si ya saben como soy, o decir que si hay prietitos en el arroz no es mi culpa sino del cocinero o del pinche que no hizo bien su trabajo. Pero como no soy famoso futbolista, ni patán para andar echando culpas, debo contestar que lo siento mucho, que mi intención no es, ni ha sido, ni será ofender a nadie, como tampoco menospreciar su trabajo, que más bien se trata, como dice un amigo, de la altura a la que pones la tranca, y, por desgracia, a la altura a la que me gustaría que se pusiera no permite el paso, bajo ninguna circunstancia, de prietitos, y menos aún de piedritas, pelusitas o pellejitos en el arroz (el uso del diminutivo, ya lo saben, busca amortiguar el impacto de la crítica, no es lo mismo recibir un golpe que un golpecito, por lo que nadie sale dolido, molesto o resentido). Por tanto, me disculpo con todos aquellos a los que, según esto, les he echado a perder su fiestecita , y los invito a que hagamos un esfuerzo entre todos, cada cual desde su campo, y tratemos de erradicar cualquier indicio de prietitos en el arroz.

No haría honor a mi papel de maestro si continuara con el tema original de estas líneas, o si me detuviera a rehacer el párrafo anterior. Mientras lo escribía y me regresaba a revisarlo, más me daba cuenta del discurso racial que iba apareciendo, y de la influencia de los medios de comunicación. No sólo hablo en contra de los “prietitos” en el arroz –blanco por supuesto–, sino de elevar la barrera para que les sea insuperable y dejen de tener presencia en el albo terreno que debe ser el mundo de la cultura.

Si decido dejar esta secuencia de textos, es porque creo puede ser un ejemplo útil de aquello que he dicho, cómo es que lo más obscuro de la ideología dominante (la exclusión de los “prietitos”) se cuela y aparece dentro de cualquier discurso, a tal grado que su contenido acaba por ser parte de tu habla cotidiana.

Pero también me doy cuenta de que mi error o mi lapsus recae justo en el empleo de un ejemplo que de suyo y de siempre ha sido una expresión racista. Si en lugar de eso me quedo únicamente con que soy un aguafiestas, el valor de mi disculpa y su explicación permanecen más o menos intactos, lo que me permitirá dedicar el resto de estas líneas al tema de esta semana.

Lo malo es que al comentar la muestra Arturo Rivera: aferrado a la pintura como destino y salvación, inaugurada el pasado jueves 14 del presente en el Centro Cultural Plaza Fátima, tendré que jugar, una vez más, el papel de aguafiestas. Por falta de espacio no podré hablar de cómo la temprana experiencia de Rivera con la serigrafía y la fotoserigrafía que aprendió en la City Lit Art School de Londrés, lo marcó de por vida; cómo es que algunas de sus pinturas denuncian como se van construyendo por partes, se les van agregando elementos hasta completar la composición; cómo se trata de un pintor apresurado por lo que descuida detalles de forma y técnica; y de lo que me parece más interesante, de lo cercano que está de él un productor inmensamente más honesto, Ramiro Martínez Plasencia (muy pocos pintores o dibujantes naturalistas no estarían tocados por Rivera).

Me concentro pues en lo siguiente. Por lo que se dice en una de las cédulas de sala, la firmada por Avelina Lésper, por las propias declaraciones del pintor, se quiere dar a entender o convencer, de que si hay un arte verdadero en este momento, un arte auténtico, no puede ser otro que el de Rivera y/o aquellos que le siguen de cerca. Incluso el pintor dice que le gusta exponer en provincia porque la capital ha sido secuestrada por su enemigo el arte contemporáneo (¿?), o para decirlo en términos lesperianos por el arte VIP (Vídeo, Instalación, Performance).

Yo no sé si quienes piensan de esta manera, quienes creen que en verdad para ser artista hay que ser como Rivera y producir como él, se den cuenta, sepan o de plano se crean poseedores de LA verdad, pero es que una vista rápida por sobre el panorama actual, de Monterrey, México o cualquier otro lugar, permite ver con claridad, uno, que no existe, al menos en este momento, algo que pueda tomarse por arte verdadero; que hay un fenómeno entre los productores que se llama migración, que hay tantas opciones como productores (y no hablo de incluir también a los “interesantes”), y que si hay una tendencia que prevalezca, que se imponga en todas las ferias y exhibiciones, es lo rentable en pesos y centavos, algo peligrosamente cercano a lo que ellos quisieran fuera el verdadero cannon del arte.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imagen: Milenio

 

 

Monterrey, fotografías e historia

26265951971_71b2315930_zGustavo Amézaga durante su intervención en el Museo de Historia Mexicana

El pasado sábado 9 de abril dio inicio en el Museo de Historia Mexicana un ciclo de 7 charlas dedicadas a la fotografía y la historia regional intitulado Nuevo León en la lente. El tema de la relación entre fotografía e historia suele confundirse, bien con la historia de la fotografía o con el uso de la fotografía como fuente documental para la historia. Ambos enfoques son perfectamente válidos amen de necesario su ahondamiento y/o su conversión en saberes especializados. Mas el tratamiento de uno u otro extremo descuida otra clase de conocimiento que se encontraría a caballo entre estos que hemos descrito. Me refiero a aquellos estudios que lo mismo rastrearan a la fotografía en el tiempo, en su espacio y contexto, a la vez que la considerarán como un objeto en sí mismo que requiere de una práctica especializada, de un modo de circulación y de una recepción que en mucho condicionará lo que se aprecia de ella.

Por lo pronto habrá que ver cómo se desarrolla este ciclo de conferencias que por cierto ha sido organizado con el apoyo del Museo, por los historiadores Jaime Sánchez y Arturo Jacinto Oviedo. La primer charla correspondió al maestro Gustavo Amézaga y versó sobre el mobiliario y los fondos empleados en los estudios fotográficos del siglo XIX. Un tema interesante y en su conferencia abundante en datos, más bien, en fechas y nombres pero sin ninguna interpretación, cuando bien sabemos de la riqueza simbólica de estos retratos en estudio a lo largo y ancho del mundo que empezaba a ser global, precisamente, gracias a la fotografía. Un ejemplo puro de lo mencionado en el párrafo de arriba, esto es, del uso de la imagen fotográfica como si fuera un documento más, y aunque mucha es la información que aún así es capaz de proveer este tipo de imagen, no se le puede reducir a esta dimensión únicamente pues se corre el riesgo de perder lo más por lo menos.

Como quiera que sea, bienvenidas estas platicas y mientras en la Fototeca de Nuevo Leon siguen durmiendo el sueño de los justos o montando exposiciones de vírgenes, aquí en el Museo de historia Mexicana, se hace parte de la tarea que aquellos deberían cubrir… aunque quizás se les haga poca cosa la historia, que sigan creyendo, entonces, que ellos son puro presente haciendo la historia… en una de esas se les cumple… y cuando se den cuenta ya sólo sean historia.

Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imagen: https://flickr.com

Los que se han ido

IMG_1094Tenemos un amigo que cuando se tocan estos temas siempre recuerda “cómo se han muerto los que no se habían muerto antes”, y en efecto, al lado de miles y miles que por una u otra razón mueren todos los días, están todos aquellos que no habían muerto por accidente, enfermedad prematura, asesinatos, atentados, o cualquier otro medio que no fuera el límite marcado naturalmente por su reloj biológico; hablo, por ejemplo, de los arquitectos Sada Hadid, Macario Aguirre y Eduardo Padilla, del escritor Umberto Eco, Dña. Lidia Sada de González, el futbolista Johann Cruyff, el músico “Gato” Barbieri, y recientemente el antropólogo William Breen Murray (1940-2016).

A este último tuve el gusto de conocer y convivir con él a lo largo de los años que pasamos juntos en la UDEM, de hecho a él le debo buena parte de mi carrera, mejor dicho, gracias a su ejemplo mi carrera tomó el rumbo que terminó por definirla, me explico. Como ahora todo mundo sabe, la carrera universitaria de Breen fue la antropología, y por años, esa fue la materia que impartió en la universidad al lado de algunas otras relacionadas con la geopolítica y la historia de los Estados Unidos de Norteamérica. Contado por él mismo, al llegar a Monterrey en la década de los ’70, los estudios académicos y los quehaceres prácticos en su especialidad, la antropología, eran nulos, no se diga los referentes a la arqueología. A pesar de la evidencia que por todos lados encontraba, vivió en carne propia el desdén de muchos historiadores por los periodos preliterarios de la región, periodos considerados como lo es su geografía, desiertos de cualquier tema de interés. –Continúo con lo que en más de una ocasión platiqué con Murray: No habiendo, entonces, un campo, natural, de estudio, Breen decidió “inventarse” el suyo y, así, primero con los Boy Scouts de Monterrey, después por sí mismo y/o auxiliado por algunos amigos y conocidos, se lanzó al agreste campo de la región sólo para encontrar un tesoro que ni él mismo había previsto, el arte lítico del noreste mexicano. En otras palabras, ante la imposibilidad de continuar con sus estudios de antropología, tal y como lo hubiera deseado, Breen Murray migró, casi naturalmente, hacia el estudio del arte rupestre por ser este sí una manifestación cultural propia de sus intereses, pero, además y principalmente, porque le ofrecía un sin fin de ejemplos inéditos que esperaban la atención necesaria y la actitud correcta para dejarse interpretar y revelar importantes periodos de nuestra historia.

Mutatis mutandi, yo viví una situación semejante, y si decidí especializarme en la producción artística local, se debió, no sólo al interés que me provocaban los objetos que veía, sino, también, por el ejemplo de Murray; si él había logrado ser especialista de talla mundial estudiando también la producción simbólica de la región, no veía, en ese momento, nada que me impidiera hacer lo mismo con lo que se producía en nuestra ciudad en materia de artes visuales. Lo que hace grande a un investigador no es el tema que estudia, antes al contrario, los temas se vuelven relevantes gracias al historiador que los aborda y los resultados que obtiene de ellos.

Pero permítaseme regresar a mi grupo de muertos egregios. Los menciono, claro está, como un homenaje personal por lo que me dieron y enseñaron, pero más que nada, porque cada uno de ellos representa para mí lo mejor de su oficio o disciplina, son la encarnación, en sus obras, de lo que toda una época creyó, creó y esperó de la arquitectura; lo que supo sobre cómo nos comunicamos y con qué intenciones; del sentimiento vuelto música, tanto como juego de fútbol; de por qué conservar para salvar, y por qué estudiar al pasado como parte del tejido en que se encuentra el presente. La desaparición de estas personas, como de muchas otras de sus mismas generaciones, representa el fin de una época, la confirmación de que ha culminado un periodo, y que ya es hora de iniciar uno nuevo o de continuar lo hecho corrigiendo errores y aprovechando aciertos, tal y como ellos lo hicieron en su momento.

Un apunte más. Ojalá se hubiera entendido la importancia de los estudios de Breen Murray hace mucho; si hoy reconocemos su grandeza, de haberlo hecho antes hoy podríamos aprovechar mucho mejor su legado.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com

Miscelánea de Semana Mayor (II de II)

SantaLucia2

Uno de los males más enraizados en cualquier administración sea pública o privada, que tenga que ver con servicios al público es el que podríamos denominar “la eventitis”, o sea, llevar a cabo eventos por simplemente decir que se llevaron a cabo, no importa su pertinencia, calidad o, incluso, precio, al final de día, lo único que importa es que aparezca el número, por lo general alto, de eventos realizados; gracias a ellos se justifican el puesto, el presupuesto, el personal, la organización, etc.

A este mal es al que nos referimos al preguntar por un nuevo programa para el canal del río Santa Lucía independiente del ya existente Festival Internacional Santa Lucía. Lo perverso de “la eventitis” es que junto al número de eventos realizados aparece el del público asistente el cual, también, es alto. Así pues, a un gran número de eventos casi siempre le corresponde un gran número de público asistente. Tal pareciera que estamos hablando de una fórmula de éxito y quizás sí lo sea pero sólo en el reporte que se tenga que presentar.

Lo ideal, sin duda, es que a este afán por organizar eventos por tener que reportar se le acompañara de la evaluación del evento, desde su elección hasta que se apagó la luz con el último de los asistentes al mismo. Cuando se alinearan calidad, presupuesto, oportunidad, pertinencia y respuesta del público y/o asistencia, entonces se podría estar hablando de eventos con alto grado de éxito, de eventos que habría que replicar en otros lugares, de eventos que ha valido la pena llevar al público. En tanto esto no suceda seguiremos estando a expensas de “la eventitis”.

 

Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imagen: toursenmonterrey.com

Miscelánea de Semana Mayor (I de II)

¿Qué tiene de especial que en una Fototeca se lleve a cabo la exhibición de pinturas (cualquiera que sea su tema)? En primer lugar se desconoce el nombre del lugar y no porque este sea importante sino porque sirve para identificar una vocación, una historia, una tradición. Pero no es sólo un acto de ignorancia y de arrogancia, sino que flaco favor se le hace al nuevo inquilino (en este caso las pinturas) pues es de esperar que al grueso del público  le parezca absurda la acción y condene la falta de respeto que se debe guardar a todos los espacios. Finalmente, si hoy haces en una Fototeca una exposición de pinturas, quién te asegura que mañana no harás una fiesta de quienceaños en las mismas instalaciones, confundiéndolas con una sala de baile, o, mejor dicho, queriéndo convertir el espacio en una de ellas que al fin de cuentas es polifuncional (muy distinta y debido a otras razones, es la renta de espacios culturales para otras actividades). Lo peor de este caso es que por lo que se ve, se emonta esta exposición de pinturas por no tener nada mejor que presentar, es decir, por no tener en cartera y ya lista una exposición de fotografía tal y como debería de ser. Se tapa un augero pero se abre un abismo con esta clase de remedios.

 

Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com

Lecciones de Abstracción (III y último)

67.1842_ph_web

Paul Klee. En los actuales seis umbrales. 1929

¿Qué tienen en común un Paul Klee y un Cliford Still? o peor aún ¿Qué tiene de similitud un Gunther Gerzso y un Pollock? Cierto las cuatro pertenecen a esa vaga denominación que dice son pinturas abstractas, pero ¿qué quiere decir que es una pintura abstracta, acaso es la misma abstracción la de Klee que la de Gerszo? Tendemos a emplear este tipo de concepto -pintura abstracta- como si se tratara de una sola y única cosa, cuando, la verdad, hay una multitud de obras que lo único abstracto que tienen es la ausencia en ellas de figuras reconocibles por más distorcionadas que pudieran aparecer. Igualmente hablamos en términos de abstracción como si todas tuvieran el mismo origen o fueran motivadas por el mismo impulso, es decir que un Rothko tiene el mismo punto de partida que un Felguérez, o que los motivos de un Tobey por borrar de su obra toda forma identificable fueran los mismos que movieron en su momento a Lilia Carrillo y su muy particular manera de pintar.

Me parece que antes de caer en esta clase de sobresimplificaciones es necesario aceptar que la abstracción no es más que otra opción a través de la cual el pintor, el fotógrafo, el escultor o dibujante, busca representar su muy particular visión del mundo. Que a través de la historia asistamos a la imposición de un modelo a través del cual se pretendió dominar pintura, escultura y demás, nada tiene que ver con su validez suprahistórica o con su verdad universal. La abstracción tiene más que ver con la separación o mejor aun con la superación de ese modelo, con la búsqueda de alternativas que con respuestas a tal o cual acontecimiento, tal y como se quiere explicar en las exposiciones que presenta el MARCO, Pintores abstractos de la Colección de Pedro Coronel y Abstracciones.

tumblr_ndntekGf5u1t51cv6o1_r1_500
Cliford Still- Minutiae. 1954
Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imágenes: http://www.guggenheim.org
http://lostprofile.tmblr.com
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.