¿Regreso a la cordura?

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Cuando escribo regreso a la cordura, hablando de fotografía por supuesto, lo que quiero decir es que hay algunas señales que bien pudieran referirse a un regreso, o mejor aún, a la entrada a una nueva época marcada por la búsqueda de calidad en la generación de imágenes. No quiero dar a entender que la calidad se haya olvidado o puesto de lado en la creación de “fotografías”, pero esta es infinitamente menor a la cantidad de imágenes malas o pésimas que todos los días hacemos circular por la iconósfera en la que vivimos. Estoy convencido que en la medida en que fuera más complicado obtener una imagen, en tanto no fuera inmediata su visualización y circulación, en esa medida mejoraría la calidad de las mismas. Igual de convencido estoy de que es cuestión de tomarnos un tiempo antes de apretar el obturador para preguntarnos si realmente nos interesa esa imagen que estamos tratando de captar y si una que vez que lo hacemos no la vemos inmediatamente sino que dejamos pase el tiempo para después ser sorprendidos por nosotros mismos de lo que hemos hecho, en tanto incorporáramos esos lapsos a nuestro diario quehacer como fotógrafos en esa medida, igualmente, mejoraría la calidad de las imágenes. Espero que por ejemplo el deseo de regresar a la imagen Polaroid, sea parte de esos indicios que apuntan a favor de la calidad.

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Sorpresa

IMG_1247La semana pasada visité en Monterrey, N.L., la galería Casa Gotxicoa, un muy agradable espacio que presenta la exposición fotográfica intitulada Sangre de mi sangre, de Liza Ambrossio. Sin entrar en mayor controversia, debo recordar que todavía está en discusión la taxonomia y axiología de las imágenes que se generan digitalmente y si deben ser consideradas aún como “fotografías”. Quizás una de las razones más poderosas para no llamar a estas nuevas imágenes “fotografías” sea la extrema facilidad con que pueden ser alteradas, distorsionadas, falsificadas, máxime desde el momento en que se ha diseñado una serie de programas destinados exclusivamente a cumplir con esas funciones o acciones, al grado de poder hacer “fotografías” e incluso “Daguerrotipos”, manejando el programa apropiado para hacerlo.

El trabajo de Ambrossio lejos está de ser “fotografías”, si se juzgara por serlo, saldría peor parado pues en las siete piezas que aquí presenta repite prácticamente la misma composición. Gracias al PhotoShop las imágenes que forman tal composición van siendo acompañadas con otras fotografías o, mejor dicho, por otras imágenes fotográficas como peces, aves al vuelo o posadas, flores. listones, etc. El programa digital permite juntar todas estas imágenes, cambiarlas de color, intensidad, escala y cara, así que al final, tienes una imagen que es la suma compositiva de todos los elementos que le has agregado a la composición original, composición que quizás creaste primeramente en el visor de la cámara pero que después re-creaste, con las demás imágenes, en la pantalla del ordenador.

No nada de malo tiene trabajar de esta manera, se puede hacer y en manos creativas ha dado lugar a extraordinarias piezas, pero igual es verdad que es necesario distinguir entre un puchero y un pozole, pues jamás serán lo mismo. Enseñar esto es responsabilidad de las escuelas de diseño, artes o comunicación, son ellas las que han causado tanta confusión y que personas hábiles con las máquinas y la ejecución de programas, terminen creyéndose los nuevos fotógrafos del siglo XXI.

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La crítica de arte

Muy lejos parece que están los tiempos en que Baudelaire proclamab2cfc55e2-703b-4eda-92c8-82683281f57ba que la Crítica de Arte debía ser parcial. apasionada, subjetiva, política, cuya finalidad fuera la de abrir el horizonte o más horizontes a fin de facilitar al público la comprensión, la apreciación, el simple disfrute de la obra. Para ello era menester enjuiciar, o si prefiere, valorar, la pintura, la escultura, el dibujo, buenos y malos, interesantes, sosos, novedosos, aburridos, con valor estético o sin él. Dos problemas tuvo que afrentar este proceder, uno la defensa más que de la subjetividad, del derecho a juzgar; dos, renunciar a la verdad universal. La subjetividad no puedo defenderse frente a los derechos del otro, mientras, a la par, se negaban a abandonar la idea de ser los poseedores de la verdad universal por temor a perder la autoridad, pero también al asalto del otro. En su lugar se prefirió “lo políticamente correcto”, ser incluyente contra viento y marea, aceptar la horizontalidad del discurso. Así las cosas ¿quién necesitaba de la crítica?

Hoy día asistimos a un creciente interés por la crítica de arte, podríamos suponer que a su renacimiento; en este ir y venir por los distintos revisionismos que caracterizan a nuestra época nada de extraño tendría el rescate de esta práctica. Si así es no podría, ni sería conveniente, tratarse de la misma crítica de arte, habría que actualizarla, ponerla al día y delimitar claramente sus terrenos, así como sus funciones y fines, distinguirla de otras actividades o insertarla dentro de un closter multidisciplinario y multifuncional. Lograr que mantuviera intactas las demandas del poeta francés, que siguiera siendo esa vía por la cual se accede a la obra, pero que no se crea es la única, la mejor o más adecuada. Una crítica de Arte Contemporáneo se puede convertir en una de las prioridades del pensar teórico de nuestra época, ni que decir de nuestro entorno.

 

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Ciudad Invisible

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El pasado jueves 28 de abril se inauguró en la Fototeca de Nuevo León, la muestra Fondo Fundidora. Avances 2016. Se trata de la tercera de estas muestras que son parte del convenio que se tiene con Ternium para digitalizar y catalogar el llamado Fondo Fundidora que consta de más de 40,000 imágenes acumuladas a lo largo de los 86 años de vida de la empresa.

Lo que más me impresiona de las imágenes que ahora se muestran y de otras que conozco es una especie de ritmo de construcción permanente independientemente de si ya se encuentra en función alguna otra parte de la misma fábrica o, incluso, en el sitio que se está terminando de construir –reparar, cambiar, modificar?–. Quizá esta imagen me venga de un sin fin de detalles que percibo dentro de cada imagen, el trabajador que fuma, el montón de basura a un lado, los cables y mangueras que reptan al por mayor por todos lados, los ingenieros que más que dar órdenes parece que consultan con los operarios. De cualquier forma, esta impresión se transforma rápidamente en bullicio, en trabajo interminable, en esfuerzo físico y mental, en sudor, crujir de huesos y dolor muscular, en camaradería, en una serie de relaciones que sin duda creaban una ciudad invisible de la que sólo se sabía con lo poco que llegaba a la otra ciudad, la visible, a Monterrey, gracias al cambio de turno, el infalible y puntual silbato y el fuego psicodélico de sus chimeneas. Desearía que el día de mañana, cuando termine el proyecto de digitalización de este importante acervo, pudiera organizarse una gran exposición que mostrara esta relación que hubo entre la fotografía y la vida en Fundidora, entre la fotografía y la construcción industrial que fue Fundidora, entre las miles de anécdotas a que ha dado lugar fundidora y la fotografía, a cómo es que conocemosFundidora (hablo de las nuevas generaciones o de quienes no tuvieron contacto previo con la empresa) a través de la fotografía. Creo que como en pocas ocasiones, se cuenta con material más que suficiente para llevar a cabo proyectos con este en torno de lo que se época fue motor de la ciudad y hoy día uno de sis símbolos más preciados: La Fundidora de Monterrey.

 

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Espacios, función e identidad

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Desde que escuché que funcionarios del CONARTE declaraban que cualquier exposición podía colgarse en el que fuera de los espacios que administran, no he dejado de preocuparme. Dos razones son las que no me dejan dormir. Una, el que se desconoce o lo que es peor, que se ignora, que hay una historia, corta o larga, que permite la identificación del lugar con un cierto tipo de actividad, lo que, a su vez, facilita la promoción, la formación de públicos y la mejor programación de actividades. Dos, que si entre todos se ha hecho un gran esfuerzo por intentar elevar el nivel de calidad, pertinencia, representatividad, e importancia, de las exposiciones, con esta ensalada con que amenazan convertir el programa de exposiciones, quién nos garantizará que no volverán los tiempos en que cualquiera, con los medios y contactos correspondientes, pueda exponer donde mejor le plazca (recuérdese que todo esto nace de montar una exposiciones de pintura en la Fototeca). Lo que más me duele es que llevamos ya seis meses de nuevo gobierno y hasta este momento la única exposición de fotografía que hemos tenido ha sido una pagada por la iniciativa privada (Ciudad de las montañas). Sin presupuesto, sin ver aún un programa ya no digamos a largo sino a corto plazo, y ahora con la posibilidad de que tu espacio pueda ser ocupado por una exposición de costura para señoritas del siglo XIX, ¿cómo habrá de progresar la fotografía en el estado?

 

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Imagen: http://www.cenart.gob.mx

Hay mucho más

(Dos motivos me llevan a re-publicar aquí el texto ya dado a conocer por Milenio este mismo día -19.04.2016-. Como se verá está dividido claramente en dos partes. La primera me parece importante darla a conocer por su valor testimonial y pedagógico, difícilmente se puede encontrar otro ejemplo tan claro de la manera en cómo nos afectan los medios de comunicación, y cómo detrás de la  lengua cotidiana, que nos parece tan inocua y funcional, puede encontrarse toda una postura ideológica que al repetirse provoca no solo su difusión, si no su fortalecimiento y “naturalización”. La segunda parte representa un no dejar de contestar cada que alguien (persona o institución) pretende imponer su verdad en el campo del arte, afirmar que el arte es esto y solo esto y todo lo que no sea esto ni se le parezca, ha de ser descalificado y condenado al más profundo de los infiernos. No podemos, ni debemos permitir que estas ideas encuentren eco en la sociedad como absolutas o únicas, denunciémoslas como lo que son, una voz más en un mundo cada vez más contradictorio y confuso, como participantes de un diálogo que debemos sostener permanentemente entre todos. Así pues espero que la publicación de este texto sirva para continuar la problematización de cualquiera de estos dos temas).

Guillermo-Sepulveda-Enrique-Gonzalez-Secretario_MILIMA20160412_0343_11Rueda de prensa revia a la inauguración

Hace unos días me acusaron de ser un aguafiestas, de andar buscando siempre el prietito en el arroz para echarlo todo a perder; podría contestar como Rafa Márquez, para que me leen si ya saben como soy, o decir que si hay prietitos en el arroz no es mi culpa sino del cocinero o del pinche que no hizo bien su trabajo. Pero como no soy famoso futbolista, ni patán para andar echando culpas, debo contestar que lo siento mucho, que mi intención no es, ni ha sido, ni será ofender a nadie, como tampoco menospreciar su trabajo, que más bien se trata, como dice un amigo, de la altura a la que pones la tranca, y, por desgracia, a la altura a la que me gustaría que se pusiera no permite el paso, bajo ninguna circunstancia, de prietitos, y menos aún de piedritas, pelusitas o pellejitos en el arroz (el uso del diminutivo, ya lo saben, busca amortiguar el impacto de la crítica, no es lo mismo recibir un golpe que un golpecito, por lo que nadie sale dolido, molesto o resentido). Por tanto, me disculpo con todos aquellos a los que, según esto, les he echado a perder su fiestecita , y los invito a que hagamos un esfuerzo entre todos, cada cual desde su campo, y tratemos de erradicar cualquier indicio de prietitos en el arroz.

No haría honor a mi papel de maestro si continuara con el tema original de estas líneas, o si me detuviera a rehacer el párrafo anterior. Mientras lo escribía y me regresaba a revisarlo, más me daba cuenta del discurso racial que iba apareciendo, y de la influencia de los medios de comunicación. No sólo hablo en contra de los “prietitos” en el arroz –blanco por supuesto–, sino de elevar la barrera para que les sea insuperable y dejen de tener presencia en el albo terreno que debe ser el mundo de la cultura.

Si decido dejar esta secuencia de textos, es porque creo puede ser un ejemplo útil de aquello que he dicho, cómo es que lo más obscuro de la ideología dominante (la exclusión de los “prietitos”) se cuela y aparece dentro de cualquier discurso, a tal grado que su contenido acaba por ser parte de tu habla cotidiana.

Pero también me doy cuenta de que mi error o mi lapsus recae justo en el empleo de un ejemplo que de suyo y de siempre ha sido una expresión racista. Si en lugar de eso me quedo únicamente con que soy un aguafiestas, el valor de mi disculpa y su explicación permanecen más o menos intactos, lo que me permitirá dedicar el resto de estas líneas al tema de esta semana.

Lo malo es que al comentar la muestra Arturo Rivera: aferrado a la pintura como destino y salvación, inaugurada el pasado jueves 14 del presente en el Centro Cultural Plaza Fátima, tendré que jugar, una vez más, el papel de aguafiestas. Por falta de espacio no podré hablar de cómo la temprana experiencia de Rivera con la serigrafía y la fotoserigrafía que aprendió en la City Lit Art School de Londrés, lo marcó de por vida; cómo es que algunas de sus pinturas denuncian como se van construyendo por partes, se les van agregando elementos hasta completar la composición; cómo se trata de un pintor apresurado por lo que descuida detalles de forma y técnica; y de lo que me parece más interesante, de lo cercano que está de él un productor inmensamente más honesto, Ramiro Martínez Plasencia (muy pocos pintores o dibujantes naturalistas no estarían tocados por Rivera).

Me concentro pues en lo siguiente. Por lo que se dice en una de las cédulas de sala, la firmada por Avelina Lésper, por las propias declaraciones del pintor, se quiere dar a entender o convencer, de que si hay un arte verdadero en este momento, un arte auténtico, no puede ser otro que el de Rivera y/o aquellos que le siguen de cerca. Incluso el pintor dice que le gusta exponer en provincia porque la capital ha sido secuestrada por su enemigo el arte contemporáneo (¿?), o para decirlo en términos lesperianos por el arte VIP (Vídeo, Instalación, Performance).

Yo no sé si quienes piensan de esta manera, quienes creen que en verdad para ser artista hay que ser como Rivera y producir como él, se den cuenta, sepan o de plano se crean poseedores de LA verdad, pero es que una vista rápida por sobre el panorama actual, de Monterrey, México o cualquier otro lugar, permite ver con claridad, uno, que no existe, al menos en este momento, algo que pueda tomarse por arte verdadero; que hay un fenómeno entre los productores que se llama migración, que hay tantas opciones como productores (y no hablo de incluir también a los “interesantes”), y que si hay una tendencia que prevalezca, que se imponga en todas las ferias y exhibiciones, es lo rentable en pesos y centavos, algo peligrosamente cercano a lo que ellos quisieran fuera el verdadero cannon del arte.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
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Imagen: Milenio

 

 

Monterrey, fotografías e historia

26265951971_71b2315930_zGustavo Amézaga durante su intervención en el Museo de Historia Mexicana

El pasado sábado 9 de abril dio inicio en el Museo de Historia Mexicana un ciclo de 7 charlas dedicadas a la fotografía y la historia regional intitulado Nuevo León en la lente. El tema de la relación entre fotografía e historia suele confundirse, bien con la historia de la fotografía o con el uso de la fotografía como fuente documental para la historia. Ambos enfoques son perfectamente válidos amen de necesario su ahondamiento y/o su conversión en saberes especializados. Mas el tratamiento de uno u otro extremo descuida otra clase de conocimiento que se encontraría a caballo entre estos que hemos descrito. Me refiero a aquellos estudios que lo mismo rastrearan a la fotografía en el tiempo, en su espacio y contexto, a la vez que la considerarán como un objeto en sí mismo que requiere de una práctica especializada, de un modo de circulación y de una recepción que en mucho condicionará lo que se aprecia de ella.

Por lo pronto habrá que ver cómo se desarrolla este ciclo de conferencias que por cierto ha sido organizado con el apoyo del Museo, por los historiadores Jaime Sánchez y Arturo Jacinto Oviedo. La primer charla correspondió al maestro Gustavo Amézaga y versó sobre el mobiliario y los fondos empleados en los estudios fotográficos del siglo XIX. Un tema interesante y en su conferencia abundante en datos, más bien, en fechas y nombres pero sin ninguna interpretación, cuando bien sabemos de la riqueza simbólica de estos retratos en estudio a lo largo y ancho del mundo que empezaba a ser global, precisamente, gracias a la fotografía. Un ejemplo puro de lo mencionado en el párrafo de arriba, esto es, del uso de la imagen fotográfica como si fuera un documento más, y aunque mucha es la información que aún así es capaz de proveer este tipo de imagen, no se le puede reducir a esta dimensión únicamente pues se corre el riesgo de perder lo más por lo menos.

Como quiera que sea, bienvenidas estas platicas y mientras en la Fototeca de Nuevo Leon siguen durmiendo el sueño de los justos o montando exposiciones de vírgenes, aquí en el Museo de historia Mexicana, se hace parte de la tarea que aquellos deberían cubrir… aunque quizás se les haga poca cosa la historia, que sigan creyendo, entonces, que ellos son puro presente haciendo la historia… en una de esas se les cumple… y cuando se den cuenta ya sólo sean historia.

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Imagen: https://flickr.com
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