Otro adiós

okxdojd0

A través de estas páginas, conforme a pasando el tiempo, he tenido que hacer notas fúnebres de aquellos que simplemente se nos adelantaron en el camino. Obvio es que en este proceso ha habido distintos grados de relación con aquellos a los que me referido, desde los muy cercanos, hasta aquellos por los que siento simpatía e identificación con su hacer sin haberlos llegado a conocer personalmente. Hoy, tristemente debo despedirme de una de las personas con las que más de cerca he convivido, de las que más he aprendido y con quien me ligó un fuerte lazo de amistad fraternal. Me refiero, por supuesto a la Dra. Teresa del Conde (1935-2017) fallecida este fin de semana pasado.

Divido estas líneas en dos partes, la primera, más breve, se refiere a mi relación personal con Teresa; en la segunda mencionaré, lo que a mi juicio fueron sus logros más importantes como historiadora y crítica de arte, del mexicano, por supuesto, aunque fue una especialista en el internacional cuando apenas empezaba a llamar la atención como parte de la globalización que vivimos.

A Teresa le gustaba pensar que éramos no almas gemelas, pero sí paralelas o especulares, ambos veníamos de estudiar psicología para luego hacer especialidad en historia del arte, ambos fuimos docentes y críticos de arte, organizamos exposiciones mucho antes que fuera reconocida y aplaudida la figura del curador, y actuamos como jurados calificadores en más de una ocasión. De hecho, debo reconocer que el haber seguido el camino que decidí tomar se debe, en mucho, a su influencia. Me enseñó, entre otras muchas cosas, que la falta de reconocimiento y atención a los productores de los estados, a los que deciden no irse a entregar a la capital, no es cuestión de calidad, sino de cantidad; las instituciones nacionales apenas si se dan abasto para atender a los habitantes de la megaciudad de México.

En Monterrey la Dra. del Conde tuvo una presencia importante, no sólo a través de sus intervenciones en el antiguo Museo de Monterrey y la bienal de arte FEMSA, sino por las amistades que cosechó, Emma Molina, Esther Leal, Miriam Medrez, Adriana Margain, Jorge García Murillo, Eliseo Garza (QPD), Enrique Canales (QPD), Guillermo Sepúlveda, etc. por lo que me atrevería a decir que conocía bien el ambiente de las artes visuales y a sus principales actores, tanto los jóvenes creadores, como los de otras generaciones, por ejemplo Federico Cantú, Gerardo Cantú, Esther Gonzáles y Guillermo Ceniceros.

teresa-del-conde-610x389

Suele pensarse en del Conde por su acercamiento a Sigmund Freud y por tanto al empleo del psicoanálisis como herramienta hermenéutica para la interpretación del arte. Esta fue, en realidad una postura que jamás abandonó y que le sirvió para sus estudios sobre Frida Kahlo (quizás los más puntuales en cuanto a la interpretación de su obra), pero también para referirse a muchos otros productores como Enrique Guzmán, Julio Galán, Nahum B. Zenil, Francisco Toledo, etc. Sin embargo, creo yo, su principal aportación se encuentra en haber acuñado el término de Neo-Mexicanismo y desarrollado primeramente este concepto, cuando en el resto del mundo se hablaba de post-modernidad. A pesar de su importancia y de haber sido reconocida su valía para comprender los fenómenos que se estaban sucediendo en la producción visual de nuestro país, las envidias y enemistades primero, y luego el secuestro del término y de los productores que podían ser identificados como tales, por parte del sistema de galerías y otras fuerzas económicas, hicieron que pronto abjuraran del concepto los historiadores, críticos y teóricos que en un principio lo habían apoyado y más pronto que tarde quedó enterrado su uso ya fuera teóricamente o en la práctica. Con todo, hoy día, difícilmente se podría negar la existencia de un Neo-Mexicanismo, incluso en este mismo momento en que se reclama el acento en la identidad como defensa contra la globalización, y si me apuran preguntaría, ¿qué otra cosa es sino Neo-Mexicanismo, la última obra de Gabriel Orozco?

Del Conde también ayudó a recobrar la memoria de la Ruptura y la no menos importante de los pintores de la Contra-corriente, mostrando, junto a otros tantos historiadores como Jorge Alberto Manrique, que la historia del arte en México de los años `20 a los 50’s, fue mucho más rica y compleja que la versión oficial del muralismo.

La atención que prestó lo mismo como académica que como funcionaria a los productores surgidos de la Ruptura y a la siguiente generación (los hermanos Castro Leñero, Gabriel Macotela, Irma Palacios, Susana Sierra, etc.) le atrajeron más problemas que apoyo, por lo que a pesar de lo atinado de su gestión como directora del Museo de Arte Moderno, su paso por él, ha sido criticado como favorecedor de sus gustos y amistades, al final, creo, más críticas que reconocimiento es el balance de su papel como funcionaria cultural.

Se ha dicho que con el deceso del Conde el país pierde al último de sus grandes historiadores del arte mexicano después de los padres fundadores (Toussaint, Fernández, de la Maza). No es que hayan desaparecidos intelectuales comprometidos con el estudio y difusión del arte de nuestro país en cualquiera de sus períodos, ahí están Karen Cordero, Rita Eder, Julieta Ortiz, Aurelio de los Reyes, Cuauhtémoc Medina, John Mraz, Rebeca Monroy, Rosa Casanova, todos con una sólida y valiosa trayectoria, sin su nombre no es posible hablar de una nueva historia del arte en México, sin embargo, lo grande, por lo menos en del Conde, fue su atrevimiento a pensar de otra manera sobre su tema de estudio y acercarse a él con otras herramientas que no las habituales, nada despreciable si recordamos como era nuestro país hace 30 años y cuál el papel de la mujer en su vida académica.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imágenes: https://twitter.com
http://www.notisistemas.com

 

Está de Chinos

img_2324

Según la papelería pública del MARCO, esta exposición aún se encuentra dentro de los eventos con que el museo festejó/ja su vigésimo quinto aniversario, por tanto, forma parte de las exhibiciones y demás actividades programadas bajo la dirección de la Sra. Zambrano quien deja su cargo a fines de marzo próximo; lo recién inaugurado vendría a coronar la estupenda temporada que ha venido teniendo la institución desde que anunció su rol de actividades para conmemorar su primer cuarto de siglo.

La exposición a la que me refiero es la de la sudcoreana Jeongmoon Choi (1966) abierta al público a partir de este viernes pasado (febrero 10): Manifestaciones de la línea, la primera que presenta esta productora en México según anuncia el mismo museo.

Me imagino que, por el tamaño de su población, por lo laborioso de algunos de sus trabajos tradiciones, o por una especie de proverbial paciencia, cuando un trabajo es muy complicado o penoso, requiere de extrema exactitud, disciplina y mano firme, se dice que está de chinos; está fue la primer impresión que me llevé al visitar la exposición de Choi, una extraordinaria muestra que combina aspectos tópicos de lo oriental con una visión muy contemporánea, lo que la convierte en ejemplo de lo que son, hoy día, los países de oriente.

img_2321

No sería nada sorprendente que lo primero que llamé la atención de los visitantes a esta muestra, sea la producción de la misma, toda vez, que, salvo 11 dibujos, lo demás, para exhibirse, ha de haberse adaptado a las condiciones físicas de las salas que el museo destinó para su exhibición; en otras palabras, tuvo que hacerse aquí mismo. Aunque se trata únicamente de 6 instalaciones, viendo sus características más evidentes, su preparación o montaje debió haberse tomado un tiempo considerablemente mayor al que se lleva la generalidad de exposiciones. Un experto y bien entrenado equipo debe acompañar a la productora para montar sus trabajos, trabajos que requieren de precisión, conocimiento, experiencia, templanza, orden y una capacidad de adaptación a toda prueba pues, por ejemplo, dos de sus instalaciones, Birdcage y Flowing Landscape, se aprovechan del espacio físico de las salas para continuarse. Es de suponer que el equipo de museografía del propio museo ha salido beneficiado al trabajar para y al lado de esta productora.

Manifestaciones de la línea es, como ya se dijo, el título de la exposición, pero también es una descripción exacta de los trabajos que contiene. Generalmente entendemos la línea como una manifestación geométrica que aparece sobre el plano, es más, puede y debe considerarse como el elemento más bidimensional de nuestra geometría. La línea, entre otras características, divide planos, crea formas, define espacios, es la distancia más corta entre dos puntos, pero también puede ser el recorrido más sinuoso en un paisaje, difícilmente pesamos en la línea como un elemento emocional, antes al contrario, sería el mejor ejemplo de la racionalidad y la frialdad matemática. Pues bien, a pesar, o mejor dicho, con todas estas y más características propias de la línea y que van apareciendo según se estudia y maneja, Jeongmoon Choi, crea un increíble mundo tridimensional al cual nos invitar a habitar e interactuar con él. Quiero evitar a toda costa la descripción de los trabajos, no por otra cosa sino por querer despertar la curiosidad del lector e invitarlo a que visite la exposición, que seguro estoy, le resultará una muy agradable experiencia.

img_2314

Un aspecto más me parece destacable de la exposición. A diferencia de muchas otras aquí mismo en Monterrey y/o en México, esta es posible fotografiar libremente (sin flash) no sólo porque estas piezas son irrepetibles (no tendría caso tratar de reproducirlas) sino, precisamente, porque fotografiarlas permite que el visitante, el público, se apropie de estos trabajos que fueron creados ex profesamente para sus ojos, para que fuera él quien los experimentara. Es esta misma actitud la que invita a visitar toda la exposición, la de interactuar con lo expuesto, invitación poco usual en los museos tradicionales. Sin esa posibilidad de diálogo real, físico, quizás el trabajo de Choi se quedaría limitado a lo meramente estético o artesanal. Gracias a que lo recorremos físicamente, nos hundimos en él, lo atravesamos, es que nuestra experiencia se amplía al entrar en contacto con otro tipo de estimulación.

También podríamos decir que la exposición es una muestra del manejo de la luz o si se prefiere del amplio espectro de luz que es posible percibir. Nuestros ojos están diseñados para captar lo que llamamos luz blanca, una banda electromagnética que contiene las frecuencias de los siete colores del arco iris, pero en cuyos extremos también contiene otras luces que, mediante el instrumental adecuado, es posible percibir, me refiero a las infrarrojas y ultravioletas principalmente. Pues bien, las construcciones de la coreana se valen de estos principios para incorporarlos como materia prima en la mayoría de sus obras, lo que contribuye, o lo que suma positivamente a la experiencia que nos invita a vivir Choi.

Si nos hemos preguntando una infinidad de veces en qué consiste el arte, cuál podría ser su razón de ser, su naturaleza o para qué sirve, esta exposición es un inmejorable punto de arranque para reflexionar sobre ellas e ir encontrado las respuestas propias. Estoy seguro no solo de que es una buena oportunidad para hacerlo, sino también de que nadie saldrá decepcionado de su visita.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com

 

¿Después de diez años?

img_2307

Como se sabe se están conmemorando 10 años de que el antiguo Colegio Civil se convirtiera en centro cultural de la UANL y sede de la Pinacoteca del Estado. Para ello se ha organizado una serie de actividades que incluyen, por supuesto, una exposición de artes visuales intitulada Atlas de supervivencia, diez años de arte contemporáneo universitario 2007-2017. Como hace 10 años con Ludus, organizada, por cierto, por la misma persona, la mtra. Rocío Cárdenas, la exhibición presentaba a los productores universitarios del momento, la de ahora busca ser su relevo o continuación y hacer una especie de corte de caja a través del cual se pueda ver, conocer y/o confirmar el trabajo de estos productores que ya como egresados, alumnos, docentes o investigadores forman parte del panorama cultural de nuestra ciudad.

En principio ha hay nada que indique o haga suponer que el arte universitario, contemporáneo o no, debiera ser diferente al de otros productores de cualquier otra institución o agrupación. Lo que sucede es que por lo general se entiende a lo universitario como el relevo, o mejor aún, como la superación en la formación de los productores; se cree que, así como un arquitecto formado en la universidad es mejor no solo que un maestro de obras, sino que además está capacitado para resolver problemas técnicos y teóricos de mayor complejidad, por lo que sus productos serán más sofisticados, actuales, atrevidos, etc., lo mismo ha de suceder con pintores, escultores, fotógrafos, videoastas, etc. A este argumento sustentando en una cierta idea de la historia, habría que agregarle una más que cree que, así como el espíritu universitario se espera sea más bien liberal y sin ataduras ideológicas, lo mismo se vea reflejado en el trabajo de sus maestros y alumnos. En tercer lugar, estaría el plano de los hechos, es verdad que durante años los trabajos que emergían de los talleres y aulas de la AUNL eran ejemplo de lo más contemporáneo que se producía por acá, reconocido no sólo por los agentes locales, sino que nacional e incluso internacionalmente así se dieron a conocer, como los representantes de la producción contemporánea en Monterrey.

Diez años puede ser una buena cantidad de tiempo para imaginar qué tanto se mantiene esta situación o qué tanto y por qué se ha modificado. Creo que no hace falta insistir en lo radicalmente cambiado que se encuentra el panorama de aquel inicio de siglo en el 2007. Por supuesto, hoy día, es insostenible la exclusividad en la formación de los productores, así como en la capacidad innovadora de quienes frecuentan las facultades universitarias. Lejos estamos de las posturas ideológicas sustentadas en el pasado por una institución como la universidad, no en balde vivimos una época postideologías. Y si la formación vanguardista de los productores ya no es patrimonio de la universidad, también han perdido la potestad sobre las obras de mayor contemporaneidad. Hoy día no sólo hay productores formados en los más diversos lugares y bajos los más variados enfoques, sino que, en las galerías de mayor prestigio en la ciudad, se exhibe este tipo de trabajo –el contemporáneo– casi exclusivamente.

Por todo lo anterior, me parece un poco absurdo llevar a cabo un ejercicio como el planteado en esta exposición. El resultado deviene en el amontonamiento del trabajo de 21 productores de diferentes generaciones relacionados con la Universidad. No sólo es un tanto caótica la muestra (mezcla de trabajos, distintas presentaciones, textos que acompañan a…, cédulas con otras tipografías, ruido, etc.) sino que deja ver algunos de los problemas más serios que aquejan a la producción universitaria local. El principal de ellos: las piezas son producto más de un proceder para alcanzar su contemporaneidad, que, de un impulso real, subjetivo y moral, de los productores. Es decir, se parte de un catálogo de temas, actitudes, posiciones estéticas, respuestas emocionales, sensibilidades sociales, etc., para producir una obra que, por diseño también, es procesual asegurando así que lo que se ve no es la obra, sino parte de un proceso que tiene su fin en algún punto distante de la sociedad.

Me parece que podría haber sido más interesante si teniendo el mismo punto de partida, se hubiera hecho un balance más pormenorizado de los cambios habidos en estos diez años, quizás no en todo el espectro de los productores universitarios, pero sí en la obra de quienes participaron en Ludus y aún están en activo, es el trabajo de estos el que acusa las transformaciones y no la sola comparación o pertenencia a una generación.

Estarían incompletas estas observaciones si no reconozco que hacer el trabajo que propongo pudo ser una de muchas ideas que cruzaran por la cabeza de la mtra. Cárdenas, el problema al que se enfrentó fue que topó con que la Universidad llegaba a este décimo aniversario sufriendo los embates de las crisis estatal y federal; en otras palabras, sin un presupuesto que la respaldara y le permitiera hacer esta o cualquier otra exposición, pero sobretodo una más ambiciosa, de más largo alcance y con mejores resultados. No me cabe duda que, en estos diez últimos años, la Facultad de Artes Visuales de la UANL, así como todas las demás instancia dentro de la Universidad dedicadas a la promoción y difusión del arte y la cultura, tal y como lo ha venido haciendo Colegio Civil de la mano de la Secretaría de Extensión y Cultura, podrían haber arribado a este décimo aniversario con más propuestas, con más ejemplos, con otras ideas, no obstante, lograrlo requiere, desgraciadamente, no sólo del buen nombre que los respalda, sino de un presupuesto que allane el camino para el libre tránsito y sin obstáculos de las ideas.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
Ver también: http://www.veryrepresentar.blogspot.com

¿Caminos cruzados o paralelos?

img_2296

El pasado jueves 26 de enero, se inauguró en una de las salas del museo El Centenario, la exposición intitulada Self appropiation de la fotógrafa Vernonique Chapuy. No encuentro el adjetivo con que pudiera calificarla o describirla de mejor manera pues cualquiera que escoja termina por ser contradictorio, de hecho, que hay nada más contrario que unas líneas paralelas que nunca se llegan a tocar con otras que están no sobrepuestas, no discontinuas, sino cruzadas, así me parece que es esta exposición, simple y sencillamente sorpresiva.

Ya en otras ocasiones me había referido a la obra de esta productora, si no me equivoco en su anterior exposición individual en la Alianza Francesa, o bien, debido a su participación en muestras colectivas de nobeles fotógrafos. Puesto que desde entonces su trabajo me parecía una aproximación diferente a lo que se estaba haciendo en la ciudad, con otro tipo de mirada, imaginé encontrar una versión un tanto más madura de aquellas que ya conocía. Antes de continuar me gustaría hacer algunos otros comentarios al margen que, aunque directamente no tienen nada que ver con lo exhibido, si incide en su apreciación e intención de mostrarse al público.

No lo dice en ningún sitio –lo cual desde mi punto de vista es equivoco—pero tengo entendido que esta muestra es algo así como el examen final de Chapuy, su graduación pues, en una de las escuelas de fotografía de la ciudad. A pesar de que el dato me parece importante, no me detengo más en él por no tener la información que respalde cualquier otro comentario. Lo que igualmente llama la atención es el montaje y el espacio que se le concedió para exponer. En una de las muy pequeñas salas que se encuentran a la entrada del inmueble se sitúa la muestra. 18 fotografías en blanco y negro digamos que de mediano tamaño se acompañan de otras 14 fotografías en color con mayores dimensiones. Las monocromas están colgadas en las cuatro paredes del recinto, en tanto que las de color penden al centro del techo formando una especie de cubo abierto por uno de sus lados, hay siete de estas imágenes que dan al exterior, en tanto que las otras tantas hay que verlas a su reverso. En el centro de tan singular “museografía” hay una columna que lleva en su cara superior un aparato electrodigital, que, para variar, no funciona o está apagado. La manera en que están dispuestas unas y otras fotografías se siente más bien descuidada, apresurada y amontonada; se puede argumentar que esa fue la intención, para que el espectador se fije más en las imágenes y no en el ambiente creado por la museografía (la ausencia de cédulas reforzaría esta idea), pero en este caso, quizás con que se hubiera presentado la sola mitad de todo este material, el efecto hubiera sido mucho más agradable.

img_2295

He dicho que Chapuy presenta dos juegos de fotografías uno a color el otro monocromático, pero no es solo esta característica la que los diferencia, sino también su temática o si se prefiere el motivo de las fotografías, así, mientras las de color son autorretratos, las de blanco y negro vienen de las mismas familias de las imágenes con que se ha dado a conocer la fotógrafa. Así no solo se trata de polos opuestos entre el color y su reducción a grises, sino que, en cuanto a motivos, diríase, que en un caso son fotografías figurativas (las de color) en tanto bordan entre lo fantástico y lo abstracto las de blanco y negro.

Este grupo de fotografías en blanco y negro, ya lo he apuntado, tiene cualidades equivalentes a las del material que ya se ha presentado con anterioridad, es decir, son imágenes que dan la impresión de ser producto del recuerdo de un mundo orgánico sin formas definidas en donde todo renace y se reconoce por su textura, los reflejos, sus líneas, las transparencias, los brillos y humedades, las sombras y sus costras. Se trata de una mirada, la de Chapuy, sorprendida, embelesada no por lo ve sino por las imágenes que va arrancando de la memoria según las imprime.

Por el contrario, en un mundo ocupado e invadido por insoportables y repetitivos selfies, la serie de fotografías a color son una excelente muestra de qué es un autorretrato y porque no debe –ni puede—compararse con las imágenes más simple y planas de los selfies. 14 revisiones de quién es Veronique Chapuy son suficientes para demostrar sus habilidades no solo en el tema, sino también en su puesta en escena, producción, y posterior impresión.

Sé y entiendo por qué hace mucho se terminaron las carreras que se soportaban siguiendo exclusivamente un género, paisaje, retrato, moda, deportes, etc., no obstante, el caso que presenta ahora esta fotógrafa se me hace extremo, no son malas las fotografías en blanco y negro como tampoco no lo son los autorretratos, pero, por decir algo, ¿por qué no esperar un poco y presentar una muestra exclusivamente de retratos?, ¿no sería así más sencillo apreciar sus habilidades y/o desaciertos? Lo mismo sucede con el montaje, ya lo dije: la exposición se ahoga en su propia cantidad, ¿por qué no presentar menos material? Aquí es donde resulta importante contar con más datos, pues si la exposición fue, efectivamente, el requisito para graduarse, entonces habría que llamar la atención de la escuela pues flaco favor hace a sus egresados al exigir más allá de las condiciones físicas de una muestra.

Como fuera, si Chapuy con esta exposición se presenta en la ciudad ya como fotógrafo profesional, esperemos ver de ahora en adelante más de su trabajo para poder aquilatarlo con justicia, porque además no se trata únicamente de poder producir imágenes sino, más bien, de construir trayectorias.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
Se puede ver también en: http://www.veryrepresentar.blogspot.com

Asuntos nuevos, preguntas viejas II

christie-subasta-casa-de-alba-rateau

En la primera parte de estas líneas hice referencia a la cantidad de material que circula hoy día por la red referente a los objetos que llamamos arte en cualquiera de sus manifestaciones y acercamientos. Apunté en ese entonces y ahora lo subrayo que la función de todo ese material –ojo hablo de su cantidad no de programas específicos– es la de hacer patente que solo unos cuantos, los elegidos, son capaces de entender ese mundo casi desconocido e incierto que es el arte.

He intitulado a estas dos partes Asuntos nuevos, preguntas viejas, ya que el tema o mejor dicho, los temas sobre los cuales se despliega la producción, circulación y consumo del arte contemporáneo, en más de un caso son nuevos, es decir, pertenecen a este momento, por ejemplo el uso de los medios digitales en cualquiera de estos tres tiempos resulta algo no conocido con anterioridad simple y sencillamente porque hace 20 o 25 años no existían ni había logrado el posicionamiento del que gozan hoy día. Sin embargo, a pesar de tales novedades, las preguntas que seguimos haciéndonos son las mismas de siempre, ¿qué es el arte?, ¿esto es arte?, ¿quién dice o decide qué es arte?, ¿qué hace que un objeto sea arte y otro no?, etc. Las mismas preguntas que desde fines del siglo XVIII nos estamos haciendo por lo menos en Occidente.

En efecto, el contenido de esos miles de programas que circulan por la red, se balancea entre ofrecer información que lo mismo es de calidad que sin sentido o simplemente basura, y dirigir esa misma información a contestar las preguntas que hemos planteado, unas veces tomándoselo muy en serio (me refiero a que los contenidos están actualizados, comentados por personajes representativos, que tienen la autoridad necesaria para opinar al respecto, sin tomar forzosamente partido o lanzar juicios de valor sin ton ni son, etc.), otras, por desgracia sin fondo, con opiniones subjetivas y personales que terminan por tergiversar la información, hasta llegar al caso de emplearla para burlarse o denostar lo que a sus ojos está mal o no debiera ser.

El que nos sigamos preguntando por qué es el arte o cómo aparece o se crea una obra de arte, me parece normal toda vez, que, hasta donde yo conozco, no hay una respuesta que satisfaga a todos o logre ofrecer la clave para entender tan curiosos temas. Lo que si me llama la atención es que, después de todo y de esos miles y miles de programas relativos a las artes, sigamos haciendo las mismas preguntas. Esto mismo que acabo de comentar, que no hay respuesta universal para la pregunta de qué es el arte, debiera estar más que asimilado, y de acuerdo o no, servir simplemente para pasar al siguiente nivel con otro tipo de cuestionamientos o incluso con los mismos pero aplicados de otra manera o desde otro punto de vista, por ejemplo, ¿qué tienen estos objetos, que no hay grupo humano que nos los haya cultivado; en todos los casos se trata de los mismos objetos o intervienen las mismas variables para considerarlos como tales? Y como estas –que no tienen ni un grado de afortunadas- debería haber un sin fin de nuevas preguntas hechas para esclarecer los nuevos asuntos que ocupan las tres operaciones fundamentales de estos objetos, su producción, circulación y consumo.

No obstante, pareciera ser lo contrario y en lugar de apertura a nuevas cuestiones preferimos persistir en lo mismo de siempre. Además de poca flexibilidad y apertura mental, quienes insisten ya no en preguntar qué es el arte sino, incluso, en afirmar qué es, parece que defienden, sí una idea, pero también una postura personal que a la larga es la que les ha ganado cierto prestigio, cambiar de pregunta, equivale, luego entonces, a perder el buen nombre que ya se ha conseguido. Pero no solo se trata de defender un nombre, un prestigio, una trayectoria, sino, lo que es más grave, un mercado que se nutre con lo de siempre o con cuanta novedad inmediata se le ofrezca. En ambos casos se pasa de la apreciación a la cotización, volviendo a beneficiar a unos cuantos, a los que son capaces de distinguir lo que se cotizará más alto en contra de lo que se apreciará mejor.

Por todo lo anterior, ¿habría que condenar a la red y su intromisión en el sagrado campo del arte; por hacerlo más confuso; más elitista? No lo creo y hacerlo sería, ahí sí, un grave retroceso. Recuerdo qué era lo que se hacía en mis tiempos de estudiante, en bibliotecas y archivos, iba uno y sacaba volumen tras volumen hasta encontrar una línea, un indicio, una pista sobre aquello que se quería saber, y a partir de ahí se continuaba, página tras página, buscando la información que confirmara o negara nuestras suposiciones. Bien, pues algo así debiéramos enseñar que ocurre con la red, no puede ser que quedemos satisfechos con la primer referencia o liga que nos proporcione el google –lo cual lo que único que denota es que se trata de la más solicitada o visitada. Hay que ir tras el dato deseado página tras página, y quizás concluyamos que no hay tal información o simplemente que no se encuentra en la red, nada malo hay si se concluye de esta manera.

Es bueno que la red se ocupe del arte, que se multipliquen los programas dedicados a su producción o consumo, que se pueda mercar virtualmente, que haya un multiverso de opiniones y opciones, pero por favor, no caigamos en la trampa y repitamos sin saber por qué, lo que está de moda en la red o cualquier comunidad virtual, la verdad es que, casi seguro, estén equivocados. Seamos valientes y hagamos preguntas nuevas, las que ya nunca se contestaron son asunto del pasado.

 

Publicado originalmente en Milenio Diario
Se puede ver también en: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imagen: http://www.sopitas.com

Asuntos nuevos, preguntas viejas (I)

diapo

A raíz del texto que apareció en este espacio la semana anterior, fue agradable confirmar que aquellos que son de mi generación recordaban y apreciaban las aportaciones que había hecho John Berger al entendimiento del papel e importancia de las imágenes en la sociedad contemporánea. Pero más sorprendente fue que llamara la atención de algunos más jóvenes (por supuesto no para la mayoría que cree saberlo todo de antemano) al grado de interesarlos por conocer más de lo postulado y dicho por el escritor inglés. Varias son las razones por las que me causa sorpresa su reacción, primero, porque como dije hace una semana, nada o muy poco de lo dicho por Berger es inédito o luz nueva sobre algún problema en particular, por lo que sus ideas y manera de abordar los temas relacionados a la pintura, la belleza, la fotografía, el cine y/o la poesía, debieran estar ya superados, o al menos mayormente difundidos y discutidos entre los interesados en estos temas. Dos, a partir de los años ‘70 del siglo pasado han aparecido muchas otras aproximaciones al mismo tema, unas, sin duda, mejor que otras, pero la mayoría ha contribuido a una mejor comprensión de esta cultura con asiento en la imagen. Y, tres, así como es posible encontrar las emisiones de la BBC en la red o copias piratas en PDF de Ways of seeing, te topas con cientos sino es que con miles de emisiones que abordad desde ángulos y rigores diversos, los mismos temas, o sea que hoy día, los de Berger no son más que una gota en el inmenso océano de la red.

De hecho, esta entrega y la siguiente están dedicadas, la de hoy a la función que cumplen estos programas –los que son semejantes a los de Berger–, la próxima, a su contenido. No podría hablar por otros campos o especialidades, pero en general las humanidades y en particular la producción simbólica o arte, se han visto más que favorecidas por la red –Internet—y su permanente expansión. Libros analógicos puestos en formatos electrónicos, revistas especializadas, entrevistas, programas especiales, mesas redondas, transmisión de congresos y encuentros, cursos, talleres, concursos, visitas a Museos y centros culturales de todo el orbe, y millones de imágenes fijas forman un universo en el que prácticamente uno se puede topar lo mismo con el más reciente descubrimiento que nos remonta a los primeros pasos dados por los sapiens-sapiens, a las declaraciones del último ganador del premio Turner, o las reacciones ante el record de precio alcanzado en tal o cual subasta que en este momento se lleva a cabo. Por esta situación es que, en la actualidad, en este terreno, se puede ser cualquier cosa, asumir cualquier postura, convertirse en productor, mercader, coleccionista, defraudador, o lo que se desee, menos ser ignorante, pues todo lo que hay que saber, o si se prefiere, casi todo lo que hay que saber, ahí se encuentra, al alcance de cualquiera, y lo que es mejor aún, casi siempre de manera gratuita o a un precio incomparable más bajo con lo que se cobra por una matrícula universitaria de medio pelo.

En este punto se podría discutir, a fin de llevar más lejos la especulación, la diferencia entre el conocimiento y la mera información que se ha tratado hasta el cansancio cuando se habla de las bondades o abusos de la red. Indispensable fijar una postura al respecto pues de ella dependerá qué es lo que pensemos o consideremos debe ser la función principal de todo este material para la comprensión del fenómeno arte. Si pensamos que hoy día tenemos más conocimiento sobre este tema gracias a las facilidades digitales, que como nunca lo llevan hasta nuestra puerta, pugnaremos por su expansión y uso irrestricto e incluso sustitutivo de cualquier otra forma de conocimiento. Pero si, por el contrario, pensamos que es simplemente información (montones de información) lo que ofrece la red, entonces esperaríamos que en el futuro hubiera una especie de orden, una jerarquización, una evaluación de qué información es la que se requiere y para qué la necesitamos.

Por mi parte prefiero creer que la red imita al arte, es decir, la información relativa a su naturaleza, procesos e historia, se encuentra al alcance de cualquiera, todo mundo puede saber que son Las Cantigas de Alfonso X El sabio, o quién es y en qué fundamenta su obra Santiago Sierra, o qué son las llamadas Guerrilla Girls, se puede recitar, reciclar, recomponer, reescribir, toda esa información, se puede hasta soñar con ella y hacerse pasar por uno de esos personajes o por lo menos por uno de sus fanáticos, pero de ahí a saber de qué trata cada uno de esos hitos, hay un gran trecho, para conocer se necesita más que información, más que sensibilidad, buena memoria o buena ortografía, para conocer se necesita tiempo y es tiempo lo único de lo que carece la red.

Repito lo antes dicho, me sorprende que haya gente de mi generación, colegas que no hubiera conocido con anterioridad, en su y a tiempo, a Berger, pero más increíble me parece que sea un desconocido para los jóvenes; por supuesto que hablo de aquellos que pretenden ser productores, agentes de la cultura contemporánea, no de los contadores u odontólogos, porque dada la cantidad de información o conocimiento que circula por la red, Berger debería ser un viejo conocido, un viejo maestro gracias al cual comprendemos mejor el arte de nuestros días, sabemos y valoramos las necesidades estéticas de nuestros contemporáneos, y sin embargo, quizás para la única función que haya servido tanto material, tanta imagen, además de la contaminación que viene con el exceso, haya sido para hacer más evidente que el arte es público pero no para todos, para subrayar su carácter elitista.

Publicado originalmente en Milenio Diario
Se ve también en: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imágenes: http://upload.wikimedia.com

Mi amigo John

h_01298955_hor

Para muchos, sino es que, para la mayoría, no pasa de ser una balandronada que intitule de esta manera las líneas que dedico a la memoria de John Berger (1926-2017). Hace una semana, a punto de entregar mi colaboración para la edición del día 3, me enteré, ya demasiado tarde de su muerte por lo que no tuve oportunidad de dedicarle algo más que un en paz descanse, menos de hacer mención a su legado y deceso.

No sé qué habría pensado el Sr. Berger de esta libertad que me tomo, pero para mí es uno de los personajes de los que me hubiera gustado ser su amigo, entre otras muchas cosas por lo mucho que me enseñaron sus libros de y sobre la fotografía, influencia comparable únicamente, quizás, a la de Susan Sontag, ambos no sólo determinaron, entre otros tantos, mi inclinación e interés por la fotografía sino, más bien, fue su visión de la vida y la inserción que hacían en ella del arte lo que me llevó a seguirlos y releerlos con frecuencia.

Creo que, de mi generación, no hay quien estuviera interesado en temas relacionados con el arte, el diseño, la arquitectura, la cultura pues, que no se haya sentido atraído por su famoso opúsculo Modos de ver (Ways of Seeing) de 1972 y/o bien por los 4 capítulos en que la BBC de Londres lo dio a conocer. No fue que los Modos de ver propusieran ideas y tesis inéditas acerca de la relación arte y sociedad, sino más bien el haberlas amalgamado en un todo coherente y especialmente ubicado en su sociedad, en el presente desde el cual hablaba Berger. La influencia o relación de la palabra con la imagen, la manera en que afecta la sociedad y sus normas tales relaciones, los usos que en ese momento se les daba como par, palabra-imagen, por ejemplo, en la publicidad, y el papel del arte como vehículo de un determinado tipo de imágenes, son algunos de los temas que se abordan lo mismo en el texto que en los programas de televisión. Recientemente el periódico The New York Times y la firma comercial Tiffany han producido 5 documentales que llevan por título New Ways of Seeing (Nuevos modos de ver) en un intento, bastante aceptable, por actualizar los tema propuestos por Berger hace ya casi medio siglo.

De entre la amplia bibliografía del escritor, destaco otros tres libros, aquellos de los que creo haber aprendido más o que simplemente confirmaron mi afinidad con los temas que abordan. About Looking (Mirar) de 1980, Another Way of Telling (Otra manera de contar) con Jean Mohr del ‘98, y el muy reciente Understanding a Photograph (Entendiendo la fotografía) del 2013. Mirar, es de alguna manera una extensión de los Modos de Ver en tanto que continúa explorando cómo es que damos significado a las cosas que vemos dependiendo del contexto social en que nos encontremos; ya se trate de fotografías de guerra o esculturas de Rodin lo que vemos en ellas se encuentra condicionado socialmente.

Por su parte la Otra manera de contar es una larga relación de la vida rural en Francia (la alta Saboya) relacionándola con una serie de fotografías obtenidas por el fotógrafo suizo Jean Mohr. Se trata de explicitar, una vez más, la dependencia que tiene la imagen de la palabra, como lo dice Berger, es muy difícil que encontremos una imagen que se autodefina inmediatamente, lo que no significa que carezca de sentido o significado sólo que estos aparecerán según sea su lector y el texto que aparezca a su pie.

Finalmente, el tercer volumen que cité es una selección de 25 textos de Berger, que tratan, a lo largo de toda su obra, del papel de la fotografía en la sociedad contemporánea. Contiene trabajos provenientes lo mismo de los Modos de Ver que de Otra manera de contar, que textos sueltos y escritos con motivo de alguna exposición o conferencia. Diríase que la preocupación de Berger a lo largo de todos estos años ha sido la inevitable presencia de lo visible en nuestras más diversas actividades, incluido, por supuesto el arte en todas sus manifestaciones, cine, pintura, dibujo, fotografía, y cómo a pesar de ello nos obstinamos no sólo en negar su preeminencia sino en otorgarles los más variados significados, amen los cambios que estos mismos sufren con el paso del tiempo y el uso que les dan los diferentes grupos sociales.

Como he dicho John Berger fue un prolífico escritor no sólo crítico e historiador del arte, sino que tiene en su haber tres libros de poesía, cuatro obras de teatro, cinco guiones cinematográficos, y ocho novelas, una de ellas una inmensa trilogía (Into Their Labours) publicada de 1979 a 1990. A esto hay que sumarle una copiosa cantidad de artículos y ensayos sobre muy diversos asuntos, de Picasso a Tiziano, del dibujo al retrato y a la revolución porque no hay que perder de vista el compromiso político de izquierdas asumido desde siempre por el británico. Compromiso que nos permite entender el interés y simpatía que manifestó por el movimiento rebelde chiapaneco y el EZNL en 1994 y que lo llevó a sostener una nutrida correspondencia con el llamado subcomandante Marcos, que después fue incluida en el libro The Shape of a Pocket (El tamaño de una bolsa) publicado en el 2001.

Lo han dicho antes que yo muchas otras personas verdaderamente importantes, nuestros pensamientos, lo que sabemos, lo que reflexionamos e incluso lo que concluimos no es enteramente nuestro, se lo debemos a aquellos que han sido nuestros maestros o pares, a quienes hemos leído, a quienes de una u otra manera hemos seguido, hemos visto su quehacer o escuchado sus composiciones, ¿cómo entonces no llamar amigo no sólo a aquel en el que te reconoces, sino con el que sabes tienes una deuda que difícilmente podrás pagar?

 

Publicado originalmente por Milenio Diario
Se puede ver también en: http://www.veryrepresentar.blogspot.com
Imagen: http://www.newstateman.com