Fotografía y fidelidad (II)

La semana anterior al abordar el tema de los retratos de personas inexistentes que están siendo elaborados por la Inteligencia Artificial (IA), concluía que junto a lasFake News, los Alternative Facts, y otras manifestaciones culturales recientes (la derechización de occidente), forman parte de la cultura contemporánea que demanda, me parece que evidentemente, un nuevo acuerdo social sobre lo que es o, mejor dicho, sobre lo que vamos a considerar o tomar por realidad. Contestamos así a la pregunta de si no habremos perdido, ante estos retratos de la IA, nuestro lazo con la realidad: sí, sí lo vamos perdido, pero con respecto al anterior, al antiguo concepto de realidad, aquel con el que nos manejamos desde la aparición de la fotografía hasta fines del siglo XX.

Ahora bien, ¿por qué plantear estas reflexiones a partir del retrato? A mi entender, además del interés que por sí mismo pueda despertar el género, lo entiendo como un baremo que nos permite ver y entender cómo es que conceptos como el de realidad y su conocimiento, el acceso a ella, son históricos y por tanto mudables en el tiempo.

Asociado al tema del retrato se encuentra el de la fidelidad, entendiéndose por tal la exactitud con que se reproduce un evento, un hecho, una persona, una cosa. Podemos decir que no es tanto que se haya transformado el género del retrato, sino que lo que ha sufrido cambios es la fidelidad con que se reproduce o ha reproducido lo retratado.

Ramses II. Imperio Nuevo (1550-1070 a.C.)

El retrato es uno de los géneros más antiguos en las artes plásticas e incluso de antes de establecer esta clasificación de las manifestaciones simbólicas. Existe la convicción de que buena parte de los menhires son representaciones de muertos, su doble o retrato pues reproducen, “fielmente”, las características principales o más notorias de un cuerpo muerto: frialdad, inmovilidad, incomunicación, infértilidad, etc. De estas piedras que podrían, pues, ser los primeros retratos que realizó el hombre a los ahora creados por la IA, lo que ha cambiado es la exigencia social del grado de exactitud que deseamos, esperamos, en el retrato, o sea, en la reproducción de la realidad.

H. Rigaud. El Rey Sol. 1701

No es lo mismo el retrato de Ramses II que el de Luis XIV, que el de su pasaporte o credencial para manejar, ¿qué es lo que los diferencia? La exactitud con que reproducen, en este caso, a la persona; la fidelidad al modelo en la medida que la sociedad y las técnicas involucradas han ido evolucionando. La sociedad del antiguo Egipto no solo necesitaba, sino que aceptaba y quedaba satisfecha con una cierta fidelidad, misma que ya no funciona en nuestra sociedad pues ha ido demandando una mayor fidelidad, de la pintura naturalista al retrato fotográfico y al obtenido vía láser.

Thomas Ruff. Retrato (P. Stadbäumer).1988

Esto funciona o funcionaba así en tanto consideramos o socialmente acordamos, que la fidelidad era el máximo logro de la reproducción, digamos que en especial en el caso del retrato, mismo que, por tanto, se tomaba por evidencia incontrovertible de algo que llamábamos realidad. La fórmula sería la siguiente: a mayor fidelidad en lo retratado, mayor evidencia de que así es en la realidad; mayor exactitud en la reproducción, mayor evidencia de que, en efecto, así es. A través de la historia lo mismo ha ido cambiando nuestra exigencia con respecto a la fidelidad de la reproducción, como el acuerdo de cuándo es más o menos fiel, y cuándo consideramos que esa reproducción es lo suficientemente exacta como para considerarla evidencia de la realidad.

Así pues, frente a los retratos de la IA se vienen abajo dos acuerdos fundamentales, el de la exactitud o fidelidad, y el de ser evidencia de que algo es real, pues en ningún caso ya no hay manera de comprobarlo, ¿son fieles a qué? ¿Y no, más bien, son evidencia de sí mismos y de ninguna otra cosa? El que los aceptemos y veamos como algo normal, un logro de la tecnología, implica que, socialmente, estamos de acuerdo en que ya no hay una sola realidad, ni una sola manera de evidenciarla y mucho menos de reproducirla.

 

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Fotografía y fidelidad (I)

OBVIUS. Retrato de Edmund Belamy. 1er. retrato creado por IA. 2018           

En la Newsletter, Pro Photo Daily,del pasado lunes 7, aparece como primer tema un artículo relacionado con la creación de retratos por medio de Inteligencia Artificial (AI), lleva los inquietantes subtítulos de si estamos frente al fin de la realidad tal y como la conocemos, y el de si ya habremos perdido todo lazo con la realidad. Al margen de los aspectos técnicos del proceso (puesto en marcha por el equipo NVIDIA), el cuestionamiento de fondo es si con estos adelantos, y los que veremos sin duda en un futuro próximo, se confirma el fin de la fotografía como evidencia, uso que le venimos dando desde su nacimiento, a pesar de que, lo que también es cierto, desde entonces se le ha cuestionado esta capacidad, crítica que se acentuó con el desarrollo de las imágenes digitales, hasta llegar, aparentemente, al final del camino con esta noticia.

Retratos creados por el equipo NVIDIA. 2018

Me interesa discutir, así sea brevemente, estas ideas por la trascendencia e implicaciones que tienen, en especial con respecto al retrato, aunque es obvio no se detienen en el. Olvidemos por un momento la polémica relación de la fotografía con la realidad, y mejor preguntémonos cómo es esa relación. En primer lugar habrá que aceptar que en todos los casos, incluidos los de la IA, no se trata de realidades, sino de representaciones de la realidad, y que dichas representaciones responden más a normas de la representación gráfica que a aspectos que tengan que ver con lo “real”. Por poner un solo ejemplo, en toda fotografía se ha suprimido la tercera dimensión que es una cualidad característica e inalienable de la realidad, y ha sido substituida por un sistema proyectivo, geométrico, que la simula, o sea, que es más o menos fiel a ella. Entre más competentes sean los programas dedicados a la representación, mayor será su fidelidad, aca la simulación de la realidad, del espacio tridimensional.

En segundo lugar, esas normas o programas de representación no son inmutables o eternos, al contrario, son mudables e históricos lo que quiere decir que su permanencia/vigencia depende, por una parte, de cuestiones internas (los recursos materiales e intelectuales con que se cuente; el grado de avance técnico-científico alcanzado en otras áreas, etc.), y, por otro, aun más importante, de las exigencias y necesidades de la sociedad del momento, en otras palabras, del valor que le da la el grupo a la representación de la realidad y al grado de fidelidad con que lo hace. Fácilmente podemos ver cómo es que a través del tiempo para la sociedad occidental estas variables han ido cambiando de importancia. No es igual el paisaje en la pintura medieval que en las de un Ruisdael. Mientras que en las primeras es sólo un telón de fondo, en las obras del XVII, el miso paisaje, adquiere el valor que le concede la burguesía rural de la época; en un caso su valor es meramente simbólico sin que cargue con otra exigencia su representación, en cambio el de Ruisdale debe ser lo más fiel posible a la realidad, pues representa la propiedad del terrateniente que ha solicitado la pintura, precisamente, para exhibir sus posesiones.

Estas precisiones son especialmente sensibles para el retrato fotográfico, de hecho, deberíamos afirmar que si este se desarrolló fue precisamente por la exigencia social que fue demandando, progresivamente, mayor fidelidad en la representación de las personas. Este grado de exigencia, más el perfeccionamiento en los programas de representación fueron creciendo a lo largo del siglo XX y lo que va de este, su máximo logro serían los retratos vía láser, por la simulación que hacen del volumen que está ausente en cualquier otro tipo de representación, así hasta este momento en que la IA es capaz de crear verdaderos retratos de personas inexistentes. ¿A qué exigencia pueden estar respondiendo estos adelantos? Me parece que más bien forman parte del paquete cultural de esta época en donde las Fake Newsy los Alternative Facts, substituyen al viejo concepto de realidad.

 

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Sobre la ubicuidad de las imágenes

Si hacemos un rápido recuento de qué fotografías fueron las que generamos y/o compartieron con nosotros esta temporada de fiestas decembrinas (con su conclusión el pasado fin de semana), nos encontraremos en primer lugar (exceptúo de esta revisión a los Selfies, los mayores contaminantes, pero que por su naturaleza merecen cuestionamiento aparte), y por mucho, todas aquellas que conservan las diferentes actividades que nos ocuparon los días pasados, es decir, las de las distintas celebraciones que compartimos con la familia y/o los amigos, desde las pre-posadas, hasta el corte de la Rosca de Reyes, imágenes que se multiplican si hay niños pequeños, pues entonces pasan a ocupar un lugar relevante al ser retratados con los regalos que les tocó disfrutar. Les siguen las que retratan paisajes naturales o urbanos, o sea las que tomamos o tomaron si es que se aprovecharon estos días para viajar; una variante importante de ellas, son en las que aparece uno o varios miembros de la familia o amigos con que se viajó. Cuando hablamos de la contaminación o sobresaturación de imágenes que padecemos, deberíamos reparar en que son las de este tipo una de sus principales causas, una actividad aparentemente inocua o inocente como lo es el que querer tener un recuerdo de esos momentos, se convierte en una amenaza al aumentar sin límite la cantidad de imágenes que literalmente nos ahogan.

Aunque sea verdad que esta situación en mucho se la debemos a la explosión de las imágenes digitales, también lo es que ya desde que prevalecía el mundo analógico, la situación era similar y no digo idéntica simplemente por que no se pueden comparar las cantidades que se generan de estas imágenes en uno y otro momento de la historia.

Estoy convencido de que el primer género fotográfico que apareció fue el paisaje –lo mismo urbano que natural—seguido muy de cerca por la naturaleza muerta y de manera muy destacada, por el retrato, los tres herencia y deudores de la pintura. Si nos fijamos bien los primeros retratos que tenemos son más parecidos a los pictóricos que a los que se desarrollarán después, incluso lo retratos de grupo siempre son formales muy lejos de cualquier espontaneidad, lo que se puede extender hasta los retratos costumbristas o de oficios, la mayoría de ellos escenificados en el estudio del fotógrafo.

No es sino hasta que aparecen cámaras más pequeñas y fáciles de emplear, con películas más rápidas, que el ciudadano promedio se va adueñando de ellas y empieza a manipularlas para la recreación de su forma de vida, esencialmente para perpetuar aquellos momentos o actividades que considera son dignos de compartirse en el ahora y en lo futuro: bodas, nacimientos, cumpleaños, navidad, funerales, día de los enamorados, etc. Son estas imágenes, que empiezan a multiplicarse por miles, las que irán ensanchando sin sentido la iconósfera que nos toco vivir y con ello empezar a conquistar lo que parecía imposible, volverse ubicuas, lo que se logra cabalmente con la imagen digital o numérica.

A manera de conclusión, un par de reflexiones. La primera de ellas parece indicarnos que el destino de la imagen, sobretodo de la fotomecánica en adelante, era ir ocupando más y más espacios hasta llegar al estado de sobresaturación en el que se encuentra actualmente, es decir, por su naturaleza es imposible pensar que tuviera otra historia que no fuera la de su acumulación continua. Y dos, han sido los cambios tecnológicos, principalmente, los que han servido de plataforma para el crecimiento exponencial de las imágenes con base fotoquímica, primero, como se ha dicho, con la aparición de cámaras como las de 35 mm., después con la difusión de las imágenes digitales. Cada uno de estos cambios ha llevado a poner más y más cerca del ciudadano común, una herramienta que le permite por medio de imágenes recrearse y recrear al mundo que lo rodea, ¿con tanta facilidad, como no tener un medio sobreexplotado?

 

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Sin futuro cercano

En cuanto al ámbito cultural el 2018 culminó, desgraciadamente, como en otras tantas áreas, dividiendo a la comunidad. No bastó con definir quiénes creyeron o creen en el proyecto de López y quiénes se oponen al mismo, sino que ahora se nos vuelve a situar en bandos contrarios al considerar el presupuesto que se presentó y aprobó para este año fiscal; por una parte están quiénes aplauden la magra cantidad que se destinará a este campo que es, o debiera ser, fundamental para cualquier país, y, por otro, quiénes esperábamos algo más, en lo personal un proyecto real de cultura.

Rápidamente menciono un par de consecuencias que desde ya empezamos a padecer, el recorte similar que sufrirán las entidades federativas, vía su propio presupuesto, vía los apoyos federales con que se complementan. Y, dos, el estado en que quedarán, a nivel federal y estatal, becas, convenios, co-inversiones, restauros y salvamentos, nuevas exploraciones, futuras exposiciones, programas de teatro, música, ballet, acción editorial, apoyos a la educación artística, etc., etc. Un comentario más. No hay que ser ingenuos y creer que con lo destinado alcanzará para todo y hasta para más. Y, dos, es obvio que algunas de estas u otras actividades se convertirán en prioritarias y ocuparán la mayor cantidad de recursos, mientras que otras, prácticamente, pasarán al cajón del olvido.

Esto último es lo que me parece más serio, porque cambios o no cambios en la conducción administrativa y política del país, en este caso, dejan intacto el factor discrecional y así pues, entre los planes que ha presentado la secretaria del ramo, sobresalen los que van a favor de las actividades populares, que son para el pueblo, que llevan el arte al pueblo, que recogen el arte y demás manifestaciones del pueblo, y todo aquello que suene a eventos masivos, a manifestaciones multitudinarias, en dónde, como de costumbre, cuente más la cantidad que la calidad.

Pero el problema no es sólo lo discrecional con que se moverán y se han movido los dineros en cultura, ni el que muchos sientan que hoy es su revancha, sino que no existe, ni a nivel federal y menos estatal, una Ley de Cultura, que más o menos fijara o estableciera con claridad, aunque fuera relativa, qué es lo que el estado –el país— quiere y espera de esta área, cuáles son sus objetivos, sus prioridades, como se relaciona con otras metas a lograr, qué hará para contribuir con los planes nacionales, y con qué recursos deberá contar para poder cumplir con lo que se le demande, nada distinto a lo que se desea y espera sea el funcionamiento de cualquier otra secretaría.

No alcanzo a entender cuál es la reticencia a crear –a nivel estatal o federal– un documento como el que menciono arriba (u otro mucho mejor), mismo que no fuera Constitucional, pero sí mínimamente sexenal o mejor aun transexenal, para que fuera sufriendo las modificaciones del caso o fuera fácilmente substituido—después de así debatirlo—por uno nuevo. Lo último que se recuerda –y que ni siquiera fue una ley formalmente hablando—fueron las acciones elaboradas y puestas en marcha por José Vasconcelos allá por los años ’20 del siglo pasado y que se mantuvieron, con las modificaciones que se les fueron haciendo y adaptando, hasta aproximadamente la década de los ‘90s. Un rápido recorrido por esos más de 50 años, nos dejarían ver claramente como los sucesivos gobiernos, de Obregón a Salinas de Gortari, se valieron del área cultural para cumplimentar sus políticas en otros campos.

Finalmente, ¿por qué y para qué sería necesario y deseable un instrumento de este tipo? Bueno, creo yo, que no sólo para dar respuesta a las preguntas que planteo más arriba, sino también para contar con una plataforma formal a partir de la cual se debata y argumente el ser y hacer de la actividad cultural en México –en el estado– en lugar de seguir haciéndolo sobre los muchos o pocos dineros y sus probables beneficiarios.

Que tengan ustedes un próspero año.

 

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Navidad, hoy

 

Sandro Botticelli. Natividad Mística. 1501

 

David La Chapelle. Navidad. 2012

Consecuencia de la cultura artística Moderna y Contemporánea es la perdida de temas universales y aunque de vez en vez aparece algún productor abordando algún asunto relacionado principalmente con la mitología clásica, ni llega a ser tendencia ni un modus operandipor el cual se le identifique. Las razones del porqué ya no se tratan estos temas, por qué se abandonó el lugar central que ocupaban en el repertorio de los productores son múltiples y complejas, por lo que aquí sólo abordaré una de ellas, una de las que me parecen más importantes, la de los patrones y más específicamente, la relación entre patrones o mecenas, y productores.

No quisiera dar a entender que ha desaparecido o que perdió importancia esta relación, al contrario, creo que hoy es tan fuerte, o quizás más, como lo ha sido siempre. Lo que apunto es que a lo largo de la historia esta relación muestra cambios que de una u otra manera, afectan directamente a la producción. Una de esas transformaciones fue que hasta el siglo XVII-XVIII, comitentes y productores compartían una misma cultura que en mucho estaba modulada por la Iglesia quien, por su parte, eran un importante patrón. Esta cultura compartida facilitaba los encargos y las obras, no sólo porque se hablaba en los mismos términos sino porque ambos, patrones y productores, partían de la misma fuente iconográfica, por lo general el Viejo o el Nuevo Testamento, las hagiografías oficiales, así como las historias civiles y religiosas aprobadas por la Iglesia.

Así pues, un tema como el del Nacimiento de Jesús podía ser abordado según los Evangelios o los comentarios a ellos, y eso es lo que el mecenas recibía a cambio, la representación pictórica o gráfica, incluso escultórica, de tal pasaje, visto a través de los ojos y capacidad del productor contratado para tal fin, el cual por más independiente que fuera procuraba ajustarse a la versión y tradición eclesiástica so pena de perder el encargo.

Según lo entiendo esa cultura común fue alterándose con el paso de los años, viéndose afectada tanto por cambios extra-artísticos como por la misma evolución en la representación plástica, dando por resultado lo mismo el extrañamiento entre las partes involucradas, que la fragmentación de los vínculos temáticos que los mantenían dentro de una misma comunidad.

Tomemos por ejemplo la pintura Natividad Mística(1501) de Sandro Botticelli. Aunque no se ciñe estrictamente a la narrativa de los Evangelios sí está inspirada en una versión del Apocalipsis de San Juan, que en ese momento circulaba por Florencia como consecuencia de la influencia de las predicas de Savonarola en la ciudad, alguien de cuyo círculo cercano parece haberla solicitado a Botticelli. Para el pintor, el patrón y una buena parte de los Florentinos, debió ser claro que en esta versión de la Natividadse encontraba implícita la condena moral del monje en contra de la corrupción que vivían en ese momento gobierno e iglesia.

Veamos ahora este tema, pero en manos del fotógrafo David La Chapelle. Independientemente del juicio que tengamos del productor, lo que podemos decir es que su trabajo, recreación del mismo tema, es mas producto de una concepción personal que estrictamente ortodoxo o comunal. A pesar de contar con los elementos iconográficos necesarios para identificarla, difícilmente es parte o comparte una visión cultural específica del tema, o bien, si hubiera sido encargada por un mecenas en particular, la correspondencia con La Chapelle sería tan específica que sólo unos cuantos, muchos menos que en el caso de Botticelli, sabrían su significado o sentido. En síntesis, lo que digo es que esta fotografía no proviene de una cultura artística que comparta La Chapelle con sus posibles patrones, es, más bien una propuesta individual que él ofrece al mercado, lo que redunda en la relación tensa que en muchas ocasiones caracteriza los contactos entre productores y mecenas, no se diga con el público en general.

Que este día sea para ustedes una Feliz Navidad.

 

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Yo, el artista

Alberto Durero. Autorretrato a los 28 años. 1500

Sir Ernst Gombrich inicia su aclamada Historia del Arte, afirmando que no hay arte sino artistas, o lo que es lo mismo, arte es lo que hacen los artistas y a partir de ahí, desde esta perspectiva, ajustó todos sus estudios, ayudando así a consolidar no sólo la historia del arte, sino, principalmente, la psicología del arte, con el plusde haber tomando en cuenta también el papel del espectador. En resumen, arte es lo que hacen los artistas para un público y en esa comunicación van involucradas un sinnúmero de actividades psicológicas, desde las implícitas en los procesos de percepción, hasta las que tienen que ver con la psicología social.

Sin negar la profundidad del enfoque que Gombrich dio a sus trabajos y sus múltiples aportaciones, lo que hace al tomar al artista como centro de su reflexión sobre el arte, es sumarse a una muy rica tradición que en efecto se apoya en esta idea –o similares—para explicar, teorizar e historiar lo que por ahora seguiremos llamando simplemente arte. Tradición que en la época moderna (para no remontarnos a griegos y romanos) arranca con las famosas Vite de Giorgio Vasari en el siglo XVI. Es. entonces, en pleno esplendor del Renacimiento que nace para la historiografía moderna del arte la figura del artista, y con él todo lo que implica como persona y ser histórico social, como el elemento fundamental para que se de o aparezca, eso que llamamos arte y que desde entonces se distingue de cualquier otra actividad.

A pesar de su prestigio y del apoyo recibido, este personaje, el artista, ha pasado de ser figura central a marginado social, de épocas de esplendor a momentos obscuros, e incluso no han faltado intentos serios por echarlos de la mismísima historia del arte (i.e. Frederick Antal) por considerarlos más un elemento de distracción que claves en la explicación del arte.

En lo personal, sin llegar a ser tan radical, creo que en la actualidad equivocadamente volvemos a sobrevalorar la figura del artista. Es, sin lugar a dudas, importante que exista un productor y que tenga la intención de comunicar algo, lo que fuere consciente o inconscientemente, a través de lo que hace (manual o intelectualmente), pero con eso no basta porque lo mismo pretende un contador, un médico, un alfarero, luego entonces, aunque necesario, no es suficiente para que aparezcan esos que ahora llamaré objetos simbólicos para una determinada cultura, acaArte. No es este el espacio ni el momento para adentrarnos en estas reflexiones, sólo agrego que, desde mi punto de vista, el Arte depende más de una dinámica socio-cultural, que de la mera voluntad de una persona, llámese como se llame.

Este tipo de discusiones, que no son nuevas por otra parte, tienen diversas repercusiones, dependiendo de cómo se entienda y asuma este punto de partida, será el rumbo y características del resto de consideraciones que se hagan sobre este fenómeno que es el arte, desde las relativas a la educación hasta las políticas públicas y/o privadas que se tomen y establezcan al respecto.

Veamos, aun sea brevemente, lo relativo a la educación. Partimos del principio de que como cualquier otra actividad o práctica hay una serie de conocimientos y habilidades que deben ser transmitidos y aprendidos (aunque sea solo en primera instancia) por aquel, aquellos, que tienen interés en sumarse a una comunidad en particular, la de los alarifes o arquitectos, los sastres, los astrónomos, los dentistas, etc., pero ¿cómo se le enseña a un artista a hacer arte? Se le puede enseñar a una persona a pintar, a otra a esculpir, a ambas a dibujar, pero ¿lo que hagan ya será arte?, de no ser así ¿cuándo habrá de serlo? Como se ve se trata de cuestionamientos que tienen que ver no solo con la enseñanza-aprendizaje, sino más bien con lo que entendamos por artistas y por arte en sí mismo. Tengo para mi que, irreflexivamente, hoy día más que querer educar a pintores, grabadores o fotógrafos, queremos hacer artistas. En los términos que aquí hemos planteado ¿en verdad se podrá hacer, es decir, enseñar a hacer arte?

 

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Para ser el primero…

Seamos claros. El 1er. Premio Estatal Arte Nuevo León 2018, abierto al público en la Nave Generadores del Centro de las Artes, el pasado 22 de noviembre, no es el substituto, ni la evolución o transformación del vetustoResumen de la Plástica Nuevoleonesa, es, simple y sencillamente, otra cosa y lo es porque son dos eventos con objetivos y finalidades por entero distintas.

El Resumen con una historia que con toda seguridad rebasa los 35 años (Alberto Luna, es quien conoce al dedillo esta historia, que, como tantas otras merecería permanecer en blanco y negro) y podría ser uno de los eventos más longevos en las artes plásticas del estado, a partir de hace unos años fue desfalleciendo hasta ahora que se anunció, al dar a conocer este premio, su desaparición. A lo largo de su historia, siempre polémica y controversial, buscó ser lo que su nombre anuncia, un resumen, es decir, la presentación de lo mejor que el año anterior habían expuesto nuestros productores. Con el tiempo, obvio es, fue sufriendo transformaciones, pero siempre tratando de conservar el espíritu de exhibir lo que mejor que aquí se practicaba.

Por el contrario, según se lee en la cédula de sala de la exposición de los seleccionados y ganador de esta primera edición del Premio Estatal Arte Nuevo León, su principal virtud –y por tanto logro—es el reflejar los retos que tienen los productores locales de reinventarse, además de jugar un papel más activo e intervencionista al “atajar inercias, ser asertivos, puntuales y capaces de responder en tiempo y en forma a los retos de los tiempos actuales.” Más atrás se lee que no se trata de una revisión exhaustiva sino, por el contrario, de una especie de muestrario en el cual van apareciendo los que son los intereses, tanto formales como conceptuales, de nuestros productores, mismo –mapa– que incluso permite entrever sus aproximaciones –de los productores–al comercio y mercado del arte.

Andrés Anza. Sin título. s/f

Se entiende pues que se trata de dos eventos, con dos propósitos diferentes, quizás puedan confundirse y parecer consecuentes, pero ello se debe a que, en el fondo, trabajan con el mismo material, la producción local y sus autores

¿Qué es pues lo que finalmente se expone en este primer concurso? Vale la pena aclarar, como en otras ocasiones, que no se discute la pertinencia del o los premios ya que estos se dan bajo premisas, compromisos y circunstancias a las que no tenemos acceso, además de es materia tan subjetiva que sin ser parte del jurado, preguntarse por sus decisiones, sólo conduce a una discusión sin fin y sentido.

Aproximadamente son 30 los productores seleccionados para aparecer en esta primera muestra, un número reducido (no sabemos cuántos fueron los que sometieron su trabajo al jurado) si tomamos en cuenta que hay muchos otros intereses plásticos, visuales, que los que aquí se presentan y que se reducen principalmente a las obras bidimensionales, ya sean pintura, vídeo o fotografía, un poco de escultura y otro muy poco de instalación. De entre todo este material, a mi me parece no sólo destacable, sino que pudiera haber sido el premiado, el trabajo en cerámica de Andrés Anza (ejemplo de los intereses formales que pudieran compartirse entre nuestros productores), o las obras de Carlos Lara, Trabajo y Ahorroy Legado que trasciende(ejemplo de los intereses conceptuales que pudieran existir), un par de interesantes trabajos, que por desgracia se pierden debido a una museografía deficiente. Igualmente habría que mencionar las obras de Rosa María González Gutiérrez, tres retratos de la serie Adiós a las cámaras. Espejo de vanidades, producto de lo que se ha dado en llamar la IphonePhotograpy (habría que aclararle a González Gutiérrez que no era necesario poner junto a la impresión, el iphone con el retrato correspondiente, pues el trabajo se vuelve cacofónico sin necesidad).

Rosa Linda González Gutiérrez. Los retratos de Rosy. De la serie Adiós a las cámaras. Espejo de vanidades.

Si bien esta primera versión de este premio resulta bastante insípida, esperemos que, si se le deja vivir los suficiente, pronto en verdad nos permita festejar y reconocer a lo mejor de la producción plástica local.

 

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